Opinión

Enfocarse en lo importante

Más que estar al pendiente de los distractores cotidianos, pidamos conocer los planes que resolverán los grandes problemas nacionales. | Octavio Díaz

  • 23/06/2021
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Uno de los retos que enfrento para escribir un artículo es la elección del tema. Inevitablemente, una fuente fértil de asuntos son las conferencias mañaneras de nuestro presidente las cuales casi siempre son motivo de polémica. Él fija la agenda, él dice de qué se habla y de allí surge el coro de las lamentaciones contra sus dichos por parte de aquellos que no están de acuerdo con él y, por otro lado, el coro de las alabanzas de quienes lo apoyan. Todo lo cual amplifica sus mensajes de manera que no es fácil ignorarlos.

Desde luego que en el espacio de dos o más horas de conferencia de prensa diarias el presidente habla de muchos temas. Algunos importantes, otros no. Pero basta un par de frases o comentarios para dominar el resto del día y, a veces semanas, la discusión pública, aunque estos no tengan relevancia.

Entre ellos, por ejemplo, la polémica que surgió por sus comentarios contra la clase media a la cual pertenecemos, él mismo y la mayoría de quienes tenemos oportunidad de comentar sus dichos. La tentación al escribir estas líneas era unirme a esa discusión. Pero creo que al respecto ya se habló en demasía y hubo quien lo hizo con especial brillantez como Jesús Silva-Herzog.

A veces le damos más importancia a las palabras que a los hechos y eso es un gran distractor, pues el espacio público se llena de debates que no llevan a ninguna parte. Este efecto comunicativo suele distraernos de lo que está sucediendo en nuestro país y de cómo se están resolviendo los grandes problemas de México.

En el entorno nacional hay señales buenas y malas. Entre las primeras, tenemos que no hay protestas sociales, no hay grupos guerrilleros levantados en armas, no hay intentos golpistas, no hay escasez de alimentos y no hay una crisis de gobernabilidad. Decenas de millones de personas fueron a votar en paz y se respetó el voto. Existe estabilidad macroeconómica a pesar de los semáforos amarillos en las finanzas nacionales, pero no existen los problemas que sufrimos en los años ochenta y mediados de los noventa, en parte porque se ha respetado la autonomía del Banco de México, el INEGI y otras instituciones clave, a pesar del discurso en su contra.

Sin embargo, las noticias malas en 2020 y lo que llevamos del 2021 son alarmantes. Nos ha tocado vivir (o sobrevivir, más bien) la peor pandemia desde la influenza española de hace un siglo, la cual ha costado más de medio millón de vidas (el 0.5% de la población mexicana) y secuelas de por vida para millones de personas. Además, la pandemia no ha terminado por más que se haya tratado de minimizarla, aunado a que el sistema público de salud sigue con graves problemas, incapaz de dar atención a todos los que lo necesitan y que acusa falta de medicamentos, vacunas e insumos.

Vivimos la peor crisis de inseguridad de este siglo que marca ya 72,723 homicidios en lo que va de este sexenio, lo que demuestra el grado extremo de violencia que padecemos. Lo vimos con el asesinato de candidatos durante las pasadas elecciones y por los avances que ha realizado la delincuencia organizada al gobernar cada vez más territorios, desplazando al Estado mexicano.

También tenemos tragedias urbanas tal como el accidente del Metro en la Ciudad de México que dejó 26 muertos y 80 heridos y que dejará sin ese servicio a una zona de la ciudad, pero también por la inseguridad y la falta de servicios públicos.

Estamos pasando por la peor recesión económica desde los años treinta del siglo pasado, la cual tomará años en recuperarse y que ha producido la pérdida de millones de empleos, el cierre de empresas y el aumento del número de pobres. Se están llevando a cabo proyectos de infraestructura de poca viabilidad económica en lugar de inversiones estratégicas que estimulen a la economía y se han cancelado proyectos que hubieran impulsado el crecimiento económico. Millones de niños no han podido acudir a las escuelas, en deterioro de la calidad educativa, ya de por sí bastante mala.

El rescate de PEMEX y CFE se está haciendo a costa de sacrificar la inversión privada cuando ni estas empresas ni el país tienen los recursos para invertir y no se atienden las causas de fondo, como son los contratos colectivos onerosos, la corrupción, la ineficiencia y las pensiones que ahogan a ambas paraestatales.

Para salir adelante como sociedad es urgente atender los problemas que he mencionado, sin descuidar los aspectos positivos que han permitido mantener la paz social y unas finanzas públicas relativamente sanas.

Más que estar al pendiente de las ocurrencias del día en las redes sociales o de los distractores cotidianos, pidamos conocer los planes que resolverán los grandes problemas nacionales en el mediano y largo plazo para debatirlos, darle seguimiento a su implementación y ver si están dando resultados. Hay que enfocarse a lo importante y no distraernos con lo trivial.

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