Opinión

Enero caliente, salarios cristalizados

Si los trabajadores se paralizan, el salario se congela; pero si los trabajadores se mueven serán capaces de romper la cristalización salarial. | Manuel Fuentes

  • 22/01/2020
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Apenas camino por los pasillos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en Azcapotzalco, y un viento helado corre como si no tuviera donde esconderse. Veo a mis alumnos cubrirse con doble suéter y hasta con bufandas: ¡hace frío!, me dicen.

Ingresan al salón para entrar en calor y se topan con matemáticas; es hora de sacar la calculadora para comparar el salario integrado de la ley laboral con el salario base de cotización de la Ley del Seguro Social; en los entresijos de la contradicción veo a mis alumnos crecer: estudiantes de derecho multiplicando, restando y dividiendo. Esto mismo ocurre afuera, en el pesado mundo laboral.

Éste es un enero caliente a pesar del frío que anda suelto como el diablo. Las negociaciones salariales no se atajan fácilmente como en años pasados. El crecimiento del salario mínimo general, del 16% del año pasado y del 20% en el veinte-veinte, no se sabe cómo atemperarlo en los demás salarios.

A los empresarios nunca les salen las sumas (solo las restas), para ellos el aumento a los salarios mínimos del veinte-veinte fue del 5% y no del 20%. Antes eran $102.68 diarios y ahora son $123.22 diarios y la diferencia del 20% no la reconocen por tener problemas con su optometrista.

Los trabajadores dicen que les deben aumentar a sus salarios un veinte por ciento y los empresarios dicen que, para nada, un cinco por ciento, y digan que les fue bien. Ya ni en las Juntas de Conciliación y Arbitraje ni en la Secretaría del Trabajo imponen topes salariales y eso preocupa a los patrones, los obreros andan más sueltos y no se sabe dónde los vayan a parar.

Sin embargo, el aumento al salario está cristalizado no congelado, porque no hay orden de arriba, pero los patrones corren la voz de que hay un tope salarial del 5%.

Lo cristalizado es cuando una capa de hielo casi transparente abraza un objeto, pero es tan frágil que puede romperse con cualquier movimiento. Así está el salario que nace en el veinte-veinte, en un punto de transición, que de paralizarse los actores, se congela; pero si éstos, los trabajadores se mueven y se organizan, serán capaces de romper la cristalización salarial.

El tope no todos lo obedecen, porque saben que el 5% no es competitivo y en empresas de servicios ya se llegan a acuerdos del 6.5 al 7%, pero nada está definido.

El setenta por ciento de las negociaciones salariales se resuelven en los primeros meses del año, son días y semanas de estire y afloje en el sector obrero-patronal. En las reuniones de revisión salarial el frío de afuera no se siente. Mientras los obreros dicen que el presidente de la República dijo que el aumento a los salarios mínimos fue el más importante en 40 años, los patrones sacan el acuerdo de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos publicado en el Diario Oficial, que dice en unas líneas eso del 5 por ciento pero que al final se otorga el 20%.

Pero por más que digan, los obreros que andan con la manga remangada se quejan: ¡los salarios no alcanzan!, y ya anunciaron que se incrementarán los precios hasta un 30%. Que el jitomate, cebolla, chile, aguacate, frijol, maíz, avena y frutas son los alimentos que más suben, no se diga de la leche, el pan, refrescos y hasta las tortillas.

Los trabajadores universitarios son los más castigados en estos tiempos, apenas si se les da un 3% de aumento y unas cuentas de vidrio más, a ellos los emparejan con la inflación y con un presupuesto encadenado.

En la UAM ya sacaron las banderas de huelga del año pasado y les andan quitando el polvo ante la falta de respuestas de las autoridades para cumplir con compromisos adquiridos, no se sabe que vaya a pasar; los alumnos andan inquietos y los trabajadores más, ante un salario que se hace pequeño y derechos que no se respetan.

Mientras tanto los hombres de traje de casimir y los de overol deslavado andan de aquí para allá en unas negociaciones que quitan el frío. La mayoría lo hace fuera de las instalaciones donde se anidan las autoridades laborales; es casi una costumbre llegar con el convenio ya hecho. La cultura de la conciliación y mediación se fue acabando y ahora con la reforma laboral se espera renazca. Algunos lo dudan, pero no hay esperanza que muera, menos cuando apenas se empieza romper el cascarón.

En el callejón de enfrente ya salen sillazos por la ventana y se rasgan vestiduras por salvar el outsourcing bueno, no lo maten, no lo maten, ¡vayan por el malo!

Vivimos un enero caliente, de esos que ni con atole se enfrían los ánimos, ¿o sí?