Opinión

Enciende AMLO ánimos en Quintana Roo

En dos años pueden pasar muchas cosas, en Quintana Roo y en el país. Porque en política lo único cierto es el pasado. l Roberto Rock

  • 04/06/2020
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Más de dos años distan aún para la elección del próximo gobernador de Quintana Roo, pero una serie de actores implicados en el proceso provocó que la reciente visita del presidente López Obrador a la entidad, con la agenda del Tren Maya de por medio, atrajera crispación futurista en torno a los aspirantes de Morena, ya a la vista. De acuerdo con las previsiones a esta fecha, uno de ellos será el próximo mandatario estatal.

El 25 de septiembre de 2016 asumió el actual mandatario, Carlos Joaquín González, cuyas aspiraciones en la anterior ronda, seis años atrás, habían sido bloqueadas como parte de un proceso de descomposición en el que ya se hallaba embarcado el PRI, hasta entonces su partido. Una pésima operación en ese 2016 propició la ruptura definitiva, de la que Joaquín González surgió como candidato de la coalición PAN-PRD.

La precariedad actual de ambos partidos anticipa su derrota en los comicios programados para 2020I (y del PRI mejor ni hablar), con el consecuente triunfo de Morena, acaso en una coalición con otras agrupaciones, como el Partido Verde. Tanto Carlos Joaquín como López Obrador parecen tejer un acuerdo en el que se asume lo que el futuro traerá. El modelo previsible será que el gobernador respalde al que favorezca la voluntad del presidente, y éste atenderá un eventual veto sobre algún personaje que se considere intransitable.

Es en este contexto que deben entenderse las cortesías extendidas entre ambos personajes, lo que incluyó el mensaje presidencial con un “muy, muy agradecido…” en favor de Joaquín González, que de manera agregada fue descrito por el tabasqueño como un “gobernador con convicción social…”.

Cinco actos fueron celebrados durante la presencia de López Obrador en la entidad. En ninguno de ellos figuró una reiteradamente mencionada aspirante a la postulación morenista, la senadora Marybel Villegas Canché. Su verdadera relevancia deriva de que la señora Villegas ha sido apoyada firmemente por el coordinador de la bancada de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, uno de los políticos más sólidos y astutos del momento.

El desdén a la senadora Villegas al no incorporarla a la primera gira presidencial en tiempos de la “nueva normalidad” puede leerse como una consideración hacia el gobernador Joaquín González, que durante casi dos años ha concentrado los ataques más frontales que haya sido capaz de urdir la senadora. Este espacio recogió testimonios adicionales sobre conflictos jurídicos en los que la legisladora estaría implicada.

El desaire a Villegas será entendido también como una derrota para Monreal, al menos en el espacio que implique la agenda Quintana Roo. Esto quizá resulte más agraviante para el líder parlamentario, porque su principal adversario en la cámara alta, Martí Batres, también tiene una apuesta radicada en la entidad del sureste.

Batres, una figura dentro del sector duro y doctrinal de Morena, apoya para buscar la candidatura al otro senador morenista, José Luis Pech Várguez. Singularmente, este legislador sí alcanzó espacio dentro de la lista de invitados a la gira presidencial.

Hay otro nombre que intentó figurar públicamente en estas jornadas, literalmente a codazos, como lo ha hecho incluso para ser mencionado como contendiente serio en esta carrera. Se trata de Luis Alegre Salazar, hijo de Gastón Alegre, propietario del Grupo Turquesa, una importante corporación de radio en la entidad.

Sin embargo, a juzgar por las consideraciones, muestras de afecto y espacios permitidos por el presidente López Obrador a una de las aspirantes en esta gira, se debería concluir que la candidatura más aventajada le corresponde -a estas alturas del partido- a la alcaldesa de Benito Juárez-Cancún, María Elena “Mara” Lezama Espinosa, presencia obligada en cada uno de los cinco actos referidos. Se trata de una ex periodista de radio regional, con presencia fresca, que cobró fama pública como presentadora de un programa de denuncias ciudadanas y acabó convertida en una revelación política.

Más allá de sus playas doradas y mar transparente, Cancún es asiento de mafias que se manifiestan en tiroteos a cualquier hora, cobro de piso, venta de drogas en bares y en la vía pública, que controlando a un bloque de taxistas o de la policía municipal. Lezama estuvo a punto de declinar la búsqueda de la alcaldía a causa de amenazas de muerte, que podrían haber provenido incluso de algunos compañeros de partido. 

El control de la policía de la ciudad está ahora en manos estatales, por lo que la violencia criminal ha amainado, pero se halla lejos de estar bajo control. En peor condición, por mucho, se encuentra el municipio de Solidaridad, asiento de Playa del Carmen, el otro polo turístico del Caribe mexicano y también gobernado por Morena.

Ya se verá cómo evoluciona esta historia de la política estatal con impacto nacional. En dos años pueden pasar muchas cosas, en Quintana Roo y en el país. Porque en política lo único cierto es el pasado.

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