Veamos por un momento la colección de encuestas nacionales en vivienda sobre la próxima elección presidencial, realizadas entre enero y marzo. Estas encuestas muestran rangos muy amplios para los distintos aspirantes: AMLO entre 51 y 33%; Anaya dentro de un rango de 34 a 23%; Meade en un rango de 31 a 18%; Zavala, con un rango de quince a dos por ciento.

La diferencia entre el primero y el segundo lugar va de un mínimo de tres puntos hasta un máximo de 24, tendiendo a ascender a lo largo del período.



Relación entre movimientos




Uno supondría que los movimientos entre unos y otros contendientes se encuentran relacionados. Pero sorprendentemente no es así: no existe correlación entre la altura medida para AMLO y la observada para Anaya: son dos datos prácticamente independientes entre sí.

A diferencia, existe una clara relación entre la estimación por AMLO y la estimación por Meade: entre más grande es la parte captada por el líder de todas las mediciones, menor la proporción estimada por el candidato del partido en el gobierno, lo que sugiere que lo que está diferenciando más a las encuestas es la proporción de voto pro y anti sistema.

Asimismo, existe una relación estrecha entre el porcentaje de intenciones de voto observado por Anaya y el de Zavala, dupla de candidaturas que deriva de una ruptura en el seno del PAN.



Homogeneidad en mediciones




Las encuestas no presentan así un escenario tan contrastante si lo que se ve es la intención de voto por opciones surgidas recientemente del PAN contra la proporción del voto a favor de AMLO o Meade. Es solamente al separar por contendiente específico dentro de cada una de estas duplas donde se registran las divergencias.

Lo anterior pudiera significar que en algunos estudios una parte de los entrevistados está ocultando su intención de voto por el líder actual, lo que elevaría la tasa de no-respuesta a la pregunta electoral y llevaría a la subestimación de la proporción que tendría López Obrador y sobreestimación del voto para el candidato del PRI, como ocurrió hace seis años.

Pero también puede haber otra forma de leer lo que ocurrió en la elección presidencial de 2012, según la cual una parte de quienes son potencialmente abstencionistas están declarando que votarán por quien está como líder en la contienda, sin que realmente vayan a realizar esta acción, lo que provocaría una baja tasa de no-respuesta a la pregunta electoral y una sobreestimación de la proporción de votantes a favor de López Obrador.

Es imposible saber con certeza por ahora cuál de estas dos lecturas es la correcta.

¿Por qué difieren las encuestas electorales?

@ricartur59 ·  @OpinionLSR · @OpinionLSR







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