Opinión

En 2019 ganó el abstencionismo

El abstencionismo es quien obtuvo los mayores registros y esto afecta, sin lugar a dudas, a nuestro sistema democrático. | Fernando Díaz Naranjo

  • 10/06/2019
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El mejor ingrediente para un país que se ostenta como democrático es la fuerza de la participación ciudadana en sus procesos de toma de decisiones, y justamente las elecciones son el mayor referente que tiene la población para manifestarse respecto a la conducción de un país, de un estado, de un municipio o de una demarcación territorial como lo puede ser un distrito electoral federal y/o local.

Así, cuando un país como el nuestro lleva a cabo elecciones y las pone en práctica, la finalidad es que la ciudadanía participe copiosamente para elegir a sus representantes populares, con lo que le da legitimidad a todo un sistema político.

Por ello, resulta muy importante analizar el nivel de participación que la población manifestó el pasado 2 de junio en las seis entidades donde hubo elecciones.

En Puebla, a raíz del lamentable acontecimiento donde la gobernadora, Martha Erika Alonso, que apenas tenía 10 días de haber tomado protesta del cargo perdiera la vida junto con su esposo, Rafael Moreno Valle, senador de la República, se llevaron a cabo elecciones extraordinarias[1], dándose una participación apenas superior al 33% de los electores inscritos en la lista nominal. En la elección de 2018 la participación fue del 66%, es decir, la participación ciudadana en 2019 se redujo prácticamente a la mitad, o, dicho de otra forma, 3 de cada 10 ciudadanos fueron a votar.

En otra de las entidades federativas en las que se renovó el ejecutivo local, junto con el Congreso del estado y se renovaron los 5 ayuntamientos de la entidad, fue Baja California donde, independientemente de los resultados, la participación fue alrededor del 30%.

Pero otras cuatro entidades tuvieron elecciones también, a saber: Aguascalientes, Durango, Tamaulipas y Quintana Roo.

En Aguascalientes donde se renovaron los 11 ayuntamientos de la entidad, la participación no llegó tampoco ni siquiera a la mitad de los electores de dicha entidad, toda vez que sólo el 39% de la población asistió a las urnas.

En Durango donde hubo elecciones para elegir a los integrantes de sus 39 ayuntamientos, es donde se registró la mayor participación ciudadana con el 45% que, con todo, no puede considerarse una óptima afluencia poblacional a las urnas.

En Tamaulipas donde se renovó el Congreso de la entidad, la participación fue tan sólo del 33%, y finalmente en Quintana Roo, donde también hubo elección para elegir diputados al Congreso del estado, es donde se registró la menor participación de las entidades que tuvieron elecciones este año, apenas alcanzó el 22%.

Consecuentemente, podemos afirmar que, independientemente de los triunfadores en dichas contiendas electorales, el abstencionismo es quien obtuvo los mayores registros y esto afecta, sin lugar a dudas, a nuestro sistema democrático.

Así, el abstencionismo además que es la no participación de una obligación legal, puede interpretarse como un indicador de alejamiento de la población a las cuestiones políticas, pero, además puede considerarse como un referente de insatisfacción ciudadana por un sistema de reglas que no se encuentran actualizadas a las circunstancias y necesidades de una población cambiante, entre otros conceptos más.

Además, habría que reflexionar, por ejemplo, que tanta legitimidad adquieren gobiernos como el de Puebla o Baja California que, en números redondos, sólo representan poco menos del 15% de los electores.

A esto, también cabría valorar la conveniencia de que en la norma electoral –federal y local–, se integren medidas que incentiven la participación ciudadana tales como el registro del cumplimiento de las demandas de la población, ampliar los esquemas de cultura cívica, mayor vinculación con instituciones de educación superior, entre otras.

No estaría demás, que sea analizada la posibilidad de determinar en la legislación, un porcentaje mínimo de participación para que las elecciones sean consideradas válidas.

Pero, independientemente de las acciones que sean tomadas en cuenta por el legislativo, es necesario reiterar que el nivel de participación de la población en elecciones, es el resultado de salud de nuestra democracia. Estamos aún a tiempo de curar a nuestra enferma democracia.

[1] En Puebla hubo elecciones extraordinarias para gobernador, así como en 5 ayuntamientos.

La jornada electoral del 2 de junio

@fdodiaznaranjo | @OpinionLSR | @lasillarota