Opinión

Embajada sin embajador

La falta de embajador no para ni hiere mortalmente la relación bilateral.

  • 26/10/2015
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A principios de junio, el presidente Barack Obama nombró a Roberta Jacobson como la nueva embajadora de los Estados Unidos en México, pero la sede diplomática sigue sin embajador desde el verano y las razones no tienen nada que ver con México ni con la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

 

Jacobson tiene apoyo masivo entre los senadores estadounidenses quienes tienen que ratificar su nombramiento y no hay duda que es la diplomática con más experiencia y conocimiento de la relación entre los dos países. Desde hace más de doce años, ella ha venido trabajando temas con México, primero como directora de la oficina de México en el Departamento de Estado, luego como subsecretario adjunta para México y Canadá y finalmente como Subsecretario para el Hemisferio Occidental. Un servidora pública sin afiliación partidista, los políticos de ambos partidos siempre comentan su mesura y pragmatismo. No toma posturas ideológicas sino busca soluciones a temas concretas.

 

Sin embargo, su nombramiento está atorado por un tema diferente: La apertura de relaciones con Cuba. Si bien Jacobson no tuvo nada que ver con las negociaciones políticas que llevaron a la distensión entre Washington y la Habana -esto se manejó en secreto desde la Casa Blanca con muy poca información compartida ni siquiera con el Departamento de Estado-, le ha tocado a Jacobson implementar la normalización de relaciones, incluyendo las negociaciones posteriores sobre los pasos a seguir para abrir embajadas y las reuniones frecuentes con sus contrapartes cubanos para abrir nuevos temas de colaboración que antes no eran posibles de tocar.

 

Desafortunadamente, hay dos senadores de origen cubano, uno de cada partido político, que se oponen a la reanudación de relaciones con Cuba y han decidido mostrar su enojo bloqueando el nombramiento de Jacobson por falta de otros canales para hacerlo. No lo han hecho abiertamente todavía, sino sigilosamente mandándole a ella, listas de preguntas a contestar hasta el cansancio para demorar la audiencia que le corresponde para el puesto como embajadora en México.

 

La semana pasada, The New York Times publicó un editorial claro llamando a que se le confirme, argumentando que no hay relación más importante en el hemisferio que la con México que es clave para la economía de Estados Unidos y los empleos de millones de estadounidenses, además de cooperación en temas desde migración hasta terrorismo. No tiene sentido, dijeron, entorpecer la relación de Estados Unidos con México, un vecino y socio crítico, para dirimir diferencias sobre la relación con Cuba.

 

Hay indicios que podría haber algunos avances con su nombramiento en estos días. El senador Bob Corker, quien preside la Comisión de Relaciones Internacionales y es un hombre también mesurado y pragmático, ya ha indicado que planea fijar fecha para una audiencia para su nombramiento en noviembre y que él -y muchos otros republicanos- votarán por ella en la Comisión. Pero las reglas arcaicas del Senado todavía permiten que un solo senador (o, en este caso, dos) puedan demorar un nombramiento con sus tácticas dilatorias aún si la Comisión vote a favor de ella.

 

Para que esto salga adelante se necesitaría que los líderes de los dos partidos en el Senado pongan presión a los senadores de su partido en cuestión para que dejen de maniobrar para demorar el voto, o que la Casa Blanca ofrece otro nombramiento -por ejemplo la designación de un nuevo embajador para Cuba- que les de otra opción para mostrar su oposición a la política de apertura diplomática con aquella nación, sin también afectar la relación con México.

 

Una de esas dos posibilidades puede darse en estos días, sobre todo si Jacobson recibe un apoyo masivo en el voto de la Comisión que muestre qué tan fuerte es su respaldo en ambos partidos. Pero desafortunadamente, podría ser hasta finales de diciembre o principios de enero -en el mejor de los casos- que los Estados Unidos tenga embajador en México.

 

Desde luego, la falta de embajador no para ni hiere mortalmente la relación bilateral, y las múltiples formas de colaboración ya establecidas siguen en pie día a día, pero sí hace un poco más ineficiente la relación y hace que se pierdan oportunidades de colaboración nuevas en beneficio de ambos países. Para la Unión Americana, la inacción del Senado es un autogol en una relación que es vital para el bienestar de muchos ciudadanos y recuerda al mundo que tan disfuncional y esclerótico es el sistema político estadounidense.

 

@SeleeAndrew