Opinión

Ellos quisieron enterrarnos, no sabían que éramos semillas

El tsunami de indignaciones causado por los graffitis y los vidrios rotos reveló la acendrada misoginia de la sociedad mexicana. | Leonardo Martínez

  • 22/08/2019
  • Escuchar

La hermosa frase que titula esta columna cala hasta los huesos. Son los primeros versos del conmovedor poema de Lily Rivera, “En memoria no sólo de 43…”, y que como ella explica surgió anónimamente durante las manifestaciones en contra de la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa. La frase es, de suyo, un canto a la perseverancia y a la lucha por la justicia.

Me vino a la memoria al observar los enormes niveles de fuerza e indignación mostrados durante la manifestación de mujeres el viernes 16 de agosto en la Ciudad de México, así como por la reverberancia de las encendidas discusiones que no cesan en todos los medios y en todos los foros públicos y privados.

Lo digo una vez más, pobre México el que tenemos. En el fondo, la razón de ser de la manifestación era alzar la voz en contra de la violencia sistémica y en todas sus formas que padecen las mujeres. Las circunstancias dieron lugar a una catarsis necesaria e irrefrenable para gritar el hartazgo, la frustración y la impotencia de no lograr que la sociedad entienda que la violencia contra las mujeres no sólo es un problema de derechos humanos y justicia, sino un gravísimo problema de salud pública. Da pena vivir en una sociedad que normaliza la desgarradora realidad que da cuenta de miles de feminicidios en los últimos años y que permanece inmutable ante el abuso y las violaciones sistemáticas de miles de niñas y mujeres.

Qué vergüenza de país, en el que se puede vivir como si nada a pesar de que vivimos en una especie de régimen de excepción como los que surgen en las guerras cuando el ejército enemigo invade un territorio y los soldados masacran, exterminan y violan a discreción.

El suceso ha desencadenado una gran discusión pública. Sin embargo, y a pesar de que, como decía, la razón de fondo era alzar la voz en contra de la violencia sistémica y en todas sus formas que padecen las mujeres, la clase política y la cuasi-totalidad de los medios mexicanos y sus comunicadores sólo vieron algunos vidrios rotos y monumentos graffiteados. Claro, la nota estuvo al nivel de su madurez y su alcance de miras: “la violencia de las feministas desvirtuó la marcha, la violencia no se combate con más violencia”.

Nuestros medios confirmaron una vez más su inmadurez exasperante y demostrada medianía, sobre todo si se les compara con los titulares de la prensa extranjera. El New York Times, la BBC, Euronews y muchos otros entendieron el mensaje y titularon que cientos de mujeres mexicanas habían protestado contra la violencia policiaca, refiriéndose al reciente caso de la violación de una menor por parte de policías. Claro que mencionaron los desmanes, pero fueron parte de la crónica, no la nota como en los medios mexicanos. La Aristegui 4T, ese remedo de la periodista que algún día fue ejemplo de independencia y sensatez, hoy convertida en comunicadora orgánica de la cuarta transformación, tituló en su página de Aristegui Noticias: “Vandalismo eclipsa la protesta por la violencia contra las mujeres”.

Un vándalo es una persona que comete acciones propias de un bárbaro, de un salvaje, luego entonces las mujeres que están hartas de vivir en un país feminicida -en el que la impunidad siempre rampante de asesinos y violadores doblega sistemáticamente al aparato completo de procuración de justicia- y que en un acto de desesperación y coraje pintarrajean monumentos públicos, merecen según la Aristegui 4T el calificativo de salvajes. El fondo y la causa principal del asunto pasaron a un segundo plano.

Presta siempre a emitir primeras declaraciones asíncronas, Claudia Sheinbaum no quiso quedarse atrás y declaró que la violencia de unas y unos cuantos sólo empañaban la defensa de los derechos de las mujeres, que el gobierno no caería en provocaciones, que en el caso de las graves afectaciones a los edificios públicos la Procuraduría General de Justicia abriría las carpetas de investigación correspondientes y que no habría impunidad.

A ver si entendimos bien el mensaje, aquí una primera lectura: la violencia implícita en el hecho de pintar paredes y monumentos por algunas manifestantes empañó la violencia brutal de los asesinos y violadores contra la que se estaban manifestando, es decir, es más grave la primera que la segunda; las verdaderas provocadoras son las mujeres que viven con miedo y exigen que el gobierno las proteja, y no los asesinos y violadores que se burlan de la sociedad y provocan al estado de derecho; por lo tanto, si pudiéramos jerarquizar la impunidad, aquí la de mayor urgencia y jerarquía es la que se les niega a las mujeres que afectaron edificios públicos, a quienes la jefa de gobierno advirtió con firmeza de la apertura de las carpetas de investigación correspondientes. En otras palabras, el mensaje de la jefa de gobierno implicaba que era más importante no permitir la impunidad de las manifestantes que la que gozan cínicamente asesinos y violadores. Patético.

Acto seguido Sheinbaum mencionó las medidas que su gobierno ha tomado a favor de las mujeres, como la creación de Mujeres Abogadas en cada Ministerio Público; la Red de Mujeres por la Igualdad y la No Violencia; y 27 Centros de Atención Integral y tres Centros de Justicia para las Mujeres. El problema es que esta visión se inscribe en la política del gradualismo que ha caracterizado por lustros a todos los gobiernos federales y locales desde que explotó el fenómeno de los feminicidios con las muertas de Ciudad Juárez. En mexicano, esa política se llama dar atole con el dedo y se ha demostrado hasta el cansancio que ha resultado absolutamente ineficaz: los feminicidios siguen aumentando y la violencia sistémica no cede. La situación es verdaderamente desesperante.

En general los políticos se refugian en los gradualismos para guardar las apariencias y fingir responsabilidades públicas, y en el mejor de los casos, las buenas intenciones de sus acciones minusválidas se diluyen en diagnósticos errados y falta de resultados. Las medidas mencionadas por Sheinbaum son parte de ese gradualismo y por tanto son absolutamente insuficientes para reducir los feminicidios y la violencia sexual en contra las mujeres.

El tsunami de gritos, mentadas e indignaciones causado por los graffitis y los vidrios rotos reveló una de las verdaderas caras de la sociedad mexicana: la que mantiene por todo lo alto una acendrada misoginia. Sí, el odio hacia las mujeres es sin duda uno de los factores que mejor explican la violencia que padecen, desde el acoso hasta la violación y el feminicidio. Las causas últimas de este fenómeno siguen siendo rondando las hipótesis que los especialistas tendrán que seguir estudiando y comprobando.

Para terminar, me quedo con una excelente frase, una de esas maravillas de carteles que se mueven anónimamente en las manifestaciones y que en este caso le da en la yugular a todas esas mujeres pudorosas y defensoras de los buenos modales a quienes no les ha explotado su ingenuidad en la cara y que denostaron a sus congéneres, las rompevidrios y graffiteras: Las feministas que “no te representan” van a ser las mismas personas que buscarán justicia por ti si desapareces.” Uf, qué duro.