Opinión

Elfriede Jelinek, controvertida escritora de obras satíricas

La escritora más célebre y criticada de su generación, que responde artísticamente con el disgusto y el odio literarios en un estilo crudo. | Jorge Iván Garduño

  • 03/11/2018
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Días previos de que se diera a conocer el nombre del galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2005, se suscitó la renuncia del crítico Knut Ahnlund, como miembro de la Academia Sueca (encargada de dar el fallo para dicha distinción), quejándose de la elección hecha en el 2004.

La noticia de inmediato corrió como pólvora encendida alrededor del mundo, periódicos, revistas, noticieros de televisión y radio, portales en Internet y en la comunidad intelectual, el caso ocupó los primeros planos.

Fraude, corrupción, intereses políticos, rodearon a la Fundación Nobel, por encima del galardonado anual. El Sr. Ahnlund alegó, que la escritora Jelinek (Premio Nobel de Literatura 2004) era inmerecedora de tal reconocimiento, ya que, “no sólo ha causado un daño irreparable a todas las fuerzas progresistas, sino que ha confundido la visión general de la literatura como arte” y su obra la considera como “una masa de textos sin el menor rastro de estructura artística”.

La verdad, es que la escritora austriaca ha sido incómoda para los partidos políticos de extrema derecha en Europa Occidental, causando controversia con sus novelas, poemas y obras de teatro. En su país, le han dedicado auténticas campañas difamatorias; el Partido Liberal (FPÖ), liderado por el xenófobo Jörg Haider, adquirió desde 1995 un gran protagonismo, a partir de esa fecha, las calles de Austria fueron invadidas literalmente, con enormes carteles publicitarios y, un eslogan que rezaba de la siguiente manera: “¿Ama usted a Jelinek o prefiere el arte y la cultura?”

Elfriede Jelinek, (Viena, 1946), se considera una autora en pie de lucha contra la injusticia, una hacedora de política, que, junto con otros escritores se suma a un boicot hacia su propia nación, y una feminista radical creadora de un lenguaje personal que utiliza como arma estética contra: “la exclusión, los abusos del poder o el peso social que aplasta y destruye”.

Ella opina, que la actual política, así como su país, “están construidos sobre cadáveres”, ya que no perdona ni olvida los horrores del nacionalsocialismo y, menos, a los extremistas contemporáneos como el ex secretario general de la ONU, Kart Waldheim que, tras ser elegido presidente de Austria en 1986, se vio en medio de una gran controversia por su pasado nazi.

Para muchos líderes austriacos, escritores actuales que continúan con la tradición satírica como Thomas Bernhard, Peter Handke y, claro está, Elfriede Jelinek, son considerados irritantes, fastidiosos y muy molestos, en especial esta última, que es acusada de “pornógrafa” y “traidora a la patria”, mientras ella les denuncia de “tener miedo a la verdad”.

Con estas referencias, podemos valorar mejor la obra de Elfriede Jelinek y sopesarla con lo que dice el académico Knut Ahnlund, sobre supuestas presiones para otorgar a la escritora el Premio Nobel 2004.

En efecto, existieron las “presiones”, ya sea para que los miembros de la Academia Sueca votaran por la obra de la austriaca, sin merecerlo, o presiones sobre nuestro amigo Knut Ahnlund, para que un año después diera a conocer su “supuesta postura”, con una sola finalidad: desprestigiar a Elfriede Jelinek y de paso poner en entre dicho a la Fundación Nobel. Este desafortunado suceso, no ayudó en nada a ninguna de las partes involucradas (Academia Sueca, Elfriede Jelinek o Knut Ahnlund).

Quién es Elfriede Jelinek

De origen checo “semijudio” por línea paterna, de quien aprendió el valor de la palabra y de madre católica practicante –perteneciente a la alta burguesía austriaca–, quien le inculcó la formación musical; Jelinek, destaca por su cruda escritura y el reto lingüístico e intelectual que su lectura supone. Con la publicación de su primer libro, obtuvo un gran éxito literario en Alemania: La pianista, una historia con carga autobiográfica muy marcada.

Tal vez la novela que pondría en sospecha la calidad artística de la Nobel en Hispanoamérica es la versión castellana de Deseo (Lust, 1989), en la que los editores nos la venden comparándola “con Historia del ojo, de Georges Bataille, por la crudeza de su prosa”. Luego de leer la versión castellana de Deseo, no se encuentra lugar a dicha comparación, quedándonos por mucho con Historia del ojo. Sin embargo, múltiples críticos europeos señalan la calidad literaria de esta novela, principalmente los de idioma alemán, que es en el que originalmente se redactó la obra.

Citando un ejemplo de la Deutsches Allgemeines Sonntagsblatt[1] dice: “la soberana multidimensionalidad de su lenguaje, que no se deja encasillar en ninguno de los discursos dominantes, le brinda la posibilidad de realizar lo que ningún estudio sobre el sexo sabe o se propone resolver: la liberación de los mecanismos del poder que en Deseo se denuncian a través de una verdadera obra de arte”.

En su idioma original la consideran “una verdadera obra de arte”, ¿qué sucedió en la versión castellana? ¿Qué sucedió en la versión castellana de Deseo? Lo que sucede con muchos títulos de escritores que alcanzan prestigiosos premios como el Nobel de literatura: ser traducidos en versiones relámpago que demeritan las obras y desprecian a los lectores, con el objetivo de alcanzar altas ventas rápidamente.

Sin embargo, la lectura de Los excluidos nos deja ver su radical y provocadora escritura, ya que la versión castellana de esta novela data de 1992; Deseo se tradujo durante los meses que Elfriede Jelinek se mantuvo firme para ganar el Nobel, de ahí, los desatinos en el lenguaje impreso. La pianista goza, de igual forma que Los amantes, de una traducción serena y apegada al original.

Así que, una segunda lectura detallada de Deseo, deja entrever “las hipocresías de la sociedad contemporánea y su sexualidad enfermiza”, y el reto lingüístico e intelectual que ella representa.

Elfriede Jelinek, una escritora que posee la calidad artística de las grandes intelectuales de nuestro tiempo, por sobre cualquier entre dicho referente a ella.

Sin miedo a equivocarme, la más célebre y criticada de su generación, que responde artísticamente con el disgusto y el odio literarios en un estilo crudo, único y feroz.