La política conlleva conflicto, pero el conflicto no supone, necesariamente, violencia. El conflicto está presente en toda relación social y su superación permite convivir, articular intereses y, muchas veces, sumar fuerzas en beneficio del conjunto. El conflicto forma parte de los procesos a través de los cuales las sociedades se constituyen, organizan y definen. La violencia, en cambio, estalla cuando se cierran las posibilidades de resolver los conflictos por la vía de la negociación y el acuerdo. La violencia —sus sujetos, tipos, formas, intensidad, finalidades, desafíos, discursos, representaciones—, así como la valoración que de ella se ha hecho, varía de un lugar a otro y de un periodo histórico a otro. Pero desafortunadamente, la violencia ha acompañado a las sociedades en su recorrido a lo largo de los siglos hasta el día de hoy. Y tanto es así que, si bien en general se afirma que la violencia estalla cuando la política falla, lo cierto es que no pocas veces la violencia –ejercida de manera "legítima" por la autoridad o como forma de protesta y rebelión frente a ella– puede entenderse como uno de los mecanismos de la política misma.

El siglo xix mexicano fue escenario de violencia política significativa. Pero también fue un siglo de construcción de instituciones que, poco a poco, fueron dando forma al Estado mexicano y, con ellas, formas importantes de violencia política —guerras, pronunciamientos, rebeliones, tumultos— disminuyeron conforme avanzaba el siglo. En ese proceso de "domesticación" política y social participó la institución electoral de manera por demás destacada. Desde principios del siglo, México tuvo comicios bastante regulares: cada municipio a lo largo y ancho del país, organizaba al menos una elección al año, cuando no dos, elecciones para designar autoridades municipales, estatales o nacionales, según fuera el caso. Las elecciones se constituyeron como espacios de negociación política y de articulación de un vasto país en el que dominaban importantes fuerzas regionales que resistían al gobierno central. En ese sentido, las elecciones representaron una forma fundamental de hacer política, una forma efectiva de hacer política. Pero también es cierto que la violenciaacompañó a los comicios en gran parte del camino, más bien en todo, aunque bajo formas distintas e intensidad variable: violencia física, sin duda, presente incluso en los mejores años de la pax porfiriana, pero quizás la violencia más persistente fue la discursiva, al lado de la normativa, de exclusión, racial, xenófoba, de género, simbólica...  Más aún, si hacemos nuestra la célebre frase de Gandhi: "La pobreza es la peor forma deviolencia", la violencia económica también estuvo presente en todo momento de la vida política —y electoral— del México decimonónico. Es solo que hay formas de violencia que se encuentran, digamos, más integradas a la vida cotidiana de las sociedades, en cierto sentido "interiorizadas" por ella, "normalizadas", lo que las hace menos visibles, pero no por ello menos fuertes y devastadoras, más aún si tienen un carácter sostenido como fue el caso de algunas de ellas.

Estas formas de violencia nunca abandonaron la política ni las elecciones decimonónicas. No lo hicieron en México, como tampoco lo hicieron en país occidental alguno de aquellos años. De hecho, sólo por poner un ejemplo, México fue uno de los primeros países del mundo occidental con sufragio universal masculino, un sufragio en verdad amplio para la época. Otros, la mayoría, fueron mucho más excluyentes por largo tiempo y, en ese sentido, aunque solo fuera en ese —lo que no es el caso—, sus comicios violentaron a sus comunidades. Pero lo cierto es que a lo largo del siglo xix mexicano la violencia política, aun si no fue necesariamente violencia física, no siempre, acompañó los procesos electorales. Sin embargo, la imagen proyectada de las elecciones decimonónicas —construida entonces por la prensa y la caricatura; después por gran parte de la historiografía del siglo xx— es una imagen de procesos corruptos, manipulados y presos de la violencia física. Esta lectura de nuestro pasado electoral ha tejido una leyenda negra que descalifica del todo los comicios como prácticas regulares, aceptadas y defendidas por importantes sectores de la sociedad, comunidades rurales incluidas; es una lectura que las descalifica como auténticas formar de hacer política en la época. Esa leyenda ha tejido un velo sobre procesos que permitían negociar de manera efectiva, sin romper los lazos comunitarios, que crearon auténticos espacios para dirimir conflictos, que hicieron posible distribuir parcelas de poder precisamente vía los cargos de representación popular... México se construyó como una organización política con base en un gobierno representativo —aunque no fuera democrático—, y bajo ese esquema, en el siglo xix, las elecciones constituyeron un eje vertebrador de la comunidad política.

En el libro Cuando las armas hablan, los impresos luchan, la exclusión agrede... Violencia electoral en México, 1812-1912, nos interesamos en estudiar la violencia política, la ejercida en torno a las elecciones —antes, durante o después de ellas. La violencia física, pero también la discursiva, la de exclusión... Nos interesa la violencia que acompañó a los comicios, que participó de los procesos de selección de candidatos y de su promoción, de la organización de los procesos mismos, de su impugnación o desconocimiento y a las formas en que era vivida y representada. Pero analizamos el fenómeno a partir de la idea de que las eleccionesfueron forma fundamental de hacer política, aceptada y defendida no sólo por las autoridades, sino por las comunidades mismas; lo hacemos a partir de la idea de que los comicios eran más que rituales legitimadores del poder acompañados de prácticas viciadas: eran auténticos mecanismos de articulación política

Resúmenes curriculares:

Fausta Gantús

Investigadora del Instituto Mora (CONACYT). Especialista en historia política y en historia de la prensa. De 2011 a 2016 coordinó el proyecto "Hacia una historia de las prácticas electorales en México". Es autora del libro Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la ciudad de México, 1876-1888; ha coordinado los libros Elecciones en el México del siglo XIX. Las fuentes y Elecciones en el México del siglo XIX. Las prácticas (2 tt).

fgantus@institutomora.edu.mx

Alicia Salmerón

Investigadora del Instituto Mora (CONACYT). Especialista en historia de las ideas y prácticas políticas del México de fines del siglo xix. Ha coordinado, en colaboración con académicos reconocidos: Cuando las armas hablan, los impresos luchan, la exclusión agrede... Violencia electoral. México: 1812-1912Prensa y elecciones. Formas de hacer política; Partidos, facciones y otras calamidades. Debates y propuestas acerca de los partidos políticos en México, siglo xix.

asalmeron@institutomora.edu.mx

@institutomora | @lasillarota @OpinionLSR




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