Opinión

Elecciones, sin elecciones

Unas elecciones, sin elección. Fue un golpe fuerte para lo que quiere decir democracia y un fracaso del gobierno en el poder. | Joel Hernández Santiago

  • 05/06/2019
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Si quienes se dicen triunfadores el domingo pasado en las elecciones en seis estados del país –del partido que fueren– dicen que lo ocurrido ese día fue una fiesta de la democracia, pues están equivocados o mienten con todos los dientes…

Lo del domingo no fue una fiesta para nadie. Si, acaso al término del día para los que se atribuyeron triunfos electorales. Pero esos triunfos, vistos con cuidado, son más un fracaso tanto para sus partidos políticos como de los candidatos y del sistema de partidos en México.

¿Qué ha pasado en tan poco tiempo que hace que la gente no salga a votar? Se argumentará que como son intermedias o extraordinaria –como en el caso de Puebla–, se pierde el interés...

O que faltó ‘punch’ a las campañas, o que el ambiente político en general está muy enrarecido, o que los partidos políticos están en crisis… todo se dirá. Lo cierto es que la mayoría no salió a votar, y esa mayoría, en democracia, tiene un significado muy claro: no están de acuerdo ni con los partidos políticos, no con los candidatos ni mucho menos con lo que está pasando en el país, desde la política.

Esta desatención democrática hizo que la participación en los seis estados fuera apenas del 33.6 por ciento. O sea: tres de cada diez personas que tenían derecho a elegir decidieron no acudir: no hacerlo: no votar.

Es el caso de Puebla, en donde la atención general estaba puesta en una especie de ‘triunfo ya cantado’ para el partido Morena y su alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde: ambos micropartidos que aportaron sus votos para que el partido mayoritario en el país a duras penas consiguiera –con esa suma– el triunfo por la gubernatura para el señor Miguel Barbosa. Sí, pero no.

Resulta que ahí nomás hubo un desajuste extraordinario porque hubo una abstención del 77 por ciento de votantes registrados para ejercer su voto (en 2018 esa abstención fue del 34 por ciento). Esto es, que con tan sólo el 33 por ciento de votantes, divididos entre los candidatos, obtiene la gubernatura Morena-PT-PVEM. ¿De veras es para sentirse orgullosos? ¿De veras Barbosa gobernará por la voluntad de la mayoría de los poblanos que no quisieron salir a votar?

En Baja California la abstención fue del 70.37 por ciento. Esto es: tan sólo 29.63 por ciento de los sufragantes acudió a elegir a Jaime Bonilla, de la coalición “Juntos haremos historia” integrada, por supuesto, por Morena-PT-PVEM. En Aguascalientes la participación fue tan sólo del 38.9 por ciento; en Durango el 45.10 por ciento y en Quintana Roo tan sólo votó el ¡22.10 por ciento! de los electores. ¿Qué dicen estas cifras fatales?

Es un fuerte golpe para Morena que tuvo que auxiliarse de los micropartidos-rémora, a los que tendrá que pagarles facturas costosísimas una vez que Barbosa asuma la gubernatura. Y por supuesto quienes las pagarán serán los poblanos, todos. Fue un fracaso de la democracia en estas entidades. Fue un fracaso de convocatoria. Fue un fracaso de los gobiernos locales y, sobre todo, un fracaso de todos ahí porque serán gobernados por la minoría política.

Fue un golpe fuerte para el presidente López Obrador que confiaba en que, como todavía el año pasado en las presidenciales, arrasarían por el sólo impulso de su popularidad y su carisma político, o acaso por lo que ha hecho durante los seis meses de su gobierno. O a lo mejor por eso.

La gente está enojada. ¿Por qué? Primero porque les impusieron candidatos impopulares…

En su viaje a Baja California los periodistas le advirtieron al presidente que el candidato de Morena, Jaime Bonilla, era muy antipopular en la entidad y preguntaban ¿por qué se insistía en llevarlo aun así? El Ejecutivo recriminó a los periodistas que esa era una pregunta “fifí”… que los periodistas parecían “fifí”, “conservadores” y tal.

A Barbosa se le impuso desde la cúpula Morenista. La señora Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena se empeñó en llevar a este candidato que repetía en la contienda y que había perdido en la elección anterior a pesar de sus impugnaciones llevadas a tribunales, y desechadas. Fue a la muerte de la exgobernadora cuando retoma el camino y sorpresivamente un estado que había votado por el PAN –entonces– ahora se orientaba hacia Morena… ¿Será verdad? ¿Será mentira?

Ninguno de los partidos pudo levantar el vuelo para remontar su propia situación actual de fracaso presidencial. Sí, todos los partidos políticos están en conflicto interno: incluyendo a Morena y sus luchas internas (Yeidckol-Monreal); el PRI en fase de terapia intensiva, que no levanta y que en su interior se lucha para dirigirlo… ¿hacia dónde? Sobre todo luego de que en esta ocasión quedó en un remotísimo tercer lugar electoral.

El PAN ganó en Tamaulipas y se perfiló como segunda fuerza política en México. ¿Será? El tema es que sus votos son mínimos y con eso no le alcanza para superar su propia crisis interna y mucho menos para conseguir colocarse como fuerza opositora con todas sus letras.

Y luego, el famoso sistema de partidos políticos en México. Ya se ha dicho hasta el cansancio que el que tenemos hoy en día es un sistema pésimo, con partidos políticos que no lo son, con organizaciones que buscan su acomodo en el poder pero que no se entienden con los electores.

Que los partidos que están, en su mayoría ya no son interlocutores de los ciudadanos frente al gobierno o en el gobierno. Y que, o se hace una limpia de estos organismos bajo reglas claras de principios, doctrinas, ideología, idea de país y de gobierno, claros, contundentes y sin chanchullos para vender luego sus votos al mejor postor… o todo irá a peor.

Partidos de a de veras, nuevos y que representen el nuevo pensamiento mexicano que se quedó sin ir a votar porque no está de acuerdo con lo que pasa y con lo que ocurre en el país.

Así que lo del domingo fueron unas elecciones, sin elección. Fue un golpe fuerte para lo que quiere decir democracia y un fracaso del gobierno en el poder. ¿Qué sigue?

El frágil gabinete

@joelhsantiago  | @OpinionLSR | @lasillarota