Opinión

Elecciones en USA, muchos prietitos en el arroz

Una lucha en la que se enfrentan las bolsas de dinero recaudadas por los candidatos. | Jorge Faljo

  • 18/11/2018
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Las recientes elecciones norteamericanas ha mostrado fallas que se asocian a un diseño electoral controvertido y, más allá de lo técnico parece franca mala leche.

En las elecciones presidenciales de 2016 la señora Hillary Clinton obtuvo casi tres millones de votos más que Donald Trump; ganó de manera indiscutible el voto popular. Pero perdió las elecciones. Esto se origina en un sistema electoral indirecto en el que lo que cuenta son los votos de cada estado. Para acercarnos a entender el asunto podríamos pensar en un condominio en el que seis de 10 departamentos donde viven pocos deciden quién va a administrar el edificio, aunque 4 departamentos donde viven muchos prefiera otro encargado. Aquí no gana la mayoría de los residentes, sino el número de departamentos.

Elecciones

En las elecciones norteamericanas es mejor ganar muchos estados por un escaso margen en cada uno, a ganar pocos estados con una mayoría abrumadora.

Tal situación se repite en los Congresos estatales. En 2016 en Carolina del Norte los candidatos demócratas recibieron 47 por ciento de los votos pero sólo ganaron 23 por ciento de las curules. Aquí el truco está en que los políticos en el poder rediseñan el mapa de los distritos electorales para incluir los barrios con los votantes que los favorecen. Esto da lugar a distritos que en el mapa aparecen como formas irregulares, fantásticas. El caso es asegurarse una composición de la población que les asegure la reelección indefinida.

Se calculaba que en estas pasadas elecciones los demócratas tendrían que superar a los republicanos con al menos siete por ciento de los votos para representantes en las legislaturas locales tan sólo para empatar. Importa decir que lo lograron ampliamente en una victoria electoral histórica.

En cuanto al Senado, cada estado norteamericano cuenta con dos senadores que configuran una cámara del Congreso muy poderosa. Es algo que tiene fuertes raíces históricas; pero al mismo tiempo induce las mayores discrepancias. Un senador por Wyoming representa a 280 mil habitantes, la mitad de la población del estado; en cambio un senador por California representa a 20 millones. Significa que cada voto rural, que tienden a ser republicanos, cuentan mucho más que los votos urbanos de los grandes estados de mayor población y poder económico.

Derecho al voto

Históricamente, En los Estados Unidos el derecho al voto lo han adquirido, poco a poco y estado por estado, las minorías excluidas en medio de luchas frecuentemente violentas. Al independizarse sólo podía votar alrededor del uno por ciento de la población, los hombres blancos dueños de la tierra. Al incrementarse las presiones por el derecho al voto se inventaron impuestos que daban derecho a votar, siempre y cuando se pasara un examen de lectura y escritura. De ese modo se limitó el acceso a los blancos pobres y a los afroamericanos.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. En 1920 una ley federal aprobó el voto femenino; pero fue hasta 1984 que la ratificó el último estado. En 1924 se aceptó que los indígenas son ciudadanos; pero incluso hoy en día se pone en duda en algunos lugares.

En este año en Dakota del norte, el seis de noviembre los indígenas que viven en reservaciones no pudieron votar debido a una regla que exige un domicilio exacto, con calle y número, lo que en su caso no existe.

Dodge City fue el centro de una gran controversia que duró semanas porque la ciudad designó una sola casilla, alejada del transporte público. Ahí debían votar 13 mil personas, en su mayoría latinos y afroamericanos. El resto de las casillas de Kansas eran para un promedio de mil 200 votantes en cada una.

Que la votación fuera en martes, un día laboral, tampoco ayudó a la población trabajadora de las fábricas y dependiente del transporte público.

Lucha electoral

Como los arreglos electorales dependen de los estados y municipios existen muchas diferencias en cuanto a la facilidad de acceso, el número de máquinas para votar y sus buenas o malas condiciones. Al momento de escribir esta nota no podía cumplirse con los tiempos para el recuento de votos en el condado de Palm Beach, Florida, debido al mal estado de sus máquinas.

En Florida se aprobó que 1.4 millones de delincuentes que ya cumplieron sus sentencias y están libres puedan votar. Es una decisión de gran importancia porque puede cambiar el color partidario del estado en las elecciones presidenciales del 2020. En el resto de los Estados Unidos hay varios millones sin derecho a votar por alguna condena de cárcel ya cumplida; lo cual afecta de manera desproporcionada a grupos raciales minoritarios y a pobres.

En Georgia la lucha electoral se judicializó para conseguir la inclusión de los votos que habían anulado por diferencias menores de ortografía; lo que ocurre sobre todo en el caso de afroamericanos.

Lo cierto es que en estas recientes elecciones hubo un gran entusiasmo de la población que llevó al triunfo a un número histórico de mujeres, entre ellas afroamericanas, latinas, musulmanas y a políticos progresistas. En particular las mujeres y los jóvenes se mostraron contrarios al discurso racista, agresivo y grosero de Trump.

Pero he dejado al final el arrocito más oscuro. Cada contienda electoral es de hecho una lucha en la que se enfrentan las bolsas de dinero recaudadas por los candidatos. Tiende a ganar el que ha recibido más millones de dólares para pagar anuncios y promotores. Hay de todo, pero en un extremo están los que reciben millones de dólares de muy pocos donadores, y del otro los que sólo aceptan aportaciones pequeñas pero que son respaldados por una amplia base social. El resultado es que los políticos norteamericanos están mucho más comprometidos con sus donantes que con sus votantes.

Trump ha polarizado a los Estados Unidos y se acaba de llevar un buen revés, un cambio en la composición política que podrá detener sus peores desplantes y, tal vez, hasta enviarlo a la calle.

Cada día se esfuerzan por limpiar los prietitos del arroz.

La inevitable inestabilidad

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