Opinión

Elecciones: el pandemónium

Más que ‘reflexión priista para ver qué pasó este domingo, hace falta una renovación total del sistema político mexicano.

  • 08/06/2016
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¿Qué sigue al pandemónium electoral del 5 de junio en México? ¿Qué podemos aprender de estas elecciones a las que estaban convidados más de 30 millones de mexicanos en 14 estados de la República? ¿Quién ganó ahí: partidos políticos y sus candidatos? ¿Quién perdió ahí: partidos políticos y sus candidatos?... ¿Y el país…?

 

En estas elecciones del domingo 5 el sistema político mexicano y su sistema de partidos y electoral estaban a prueba con rumbo a 2018 ¿aprobaron? o será que ya es urgente revisar este famoso sistema político mexicano que no tiene que ver con lo que el país necesita y sí con la acumulación de poder en cúpulas. Urge revisar el sistema de partidos políticos en el que éstos se han convertido en dueños y señores de la voluntad nacional, de los recursos y del trabajo de todos…

 

La tarde y noche del domingo 5 de junio en muchas partes de la República mexicana era la locura entre quienes se sentían comprometidos con su candidato y con su partido: Después de las seis de la tarde aquello era el espectro de la voracidad del triunfo…

 

En los 14 estados con elecciones unos y otros se atribuían el triunfo, aún sin conocer los resultados oficiales y mucho menos los famosos PREPS (otro fracaso) que se supone que mostrarían la tendencia electoral en cada caso… Nada… y todo. Las redes sociales estallaban en opiniones, calificaciones, adjetivos y expectativas. Y sin embargo, poco se podía asegurar horas después.

 

Afuera, candidatos acompañados por militantes delirantes salían por calles y jardines, avenidas y plazas públicas para cantar al mundo y su circunstancia que habían ganado, que el triunfo les correspondía. En aquel momento de doce entidades que habrían de cambiar gobernador, pareciera que tendría el doble o triple de ellos, pues todos ‘habían ganado’.

 

No importa. Sí importa. En todo caso es propio de las contiendas electorales declararse triunfadores aún sin serlo; digamos que en una especie de interregno electoral es una intención de fortaleza más que certeza y es una forma de continuar el engaño mantenido por años, meses, semanas, días… aunque sea por unas horas más.

 

Aun así, la gente común se azoraba al no saber qué fue lo que pasó ahí; se sorprendía y se enojaba porque, hasta que el dato final fuera conocido, lo demás era faramalla.  

 

De todos modos al día siguiente comenzaron a caer las manzanas y entonces sí, los presuntos ganadores estaban a la vista, los perdedores –con honor- habrían de reconocer el triunfo de su adversario: no el fracaso propio… y así “la fiesta de la democracia” que dijera Lorenzo Córdoba, del Instituto Nacional Electoral, siguiendo a lo dicho por Enrique Peña Nieto, presidente de México, y gran perdedor en estas elecciones intermedias.

 

¿Triunfos auténticos? Parece mentira que después de tantos años y después de esa inmensa inversión en institutos electorales los mexicanos sigamos teniendo desconfianza en los resultados obtenidos por elección política. Y no es para menos:

 

En primer lugar porque los partidos políticos saben cómo moverse en aguas cenagosas y por lo mismo llevan ventaja a las instituciones de lo electoral (INE) que fueron creadas precisamente para cuidarle las manos a candidatos y partidos políticos y así evitar chanchullos… Pero se da el caso que estos mismos promotores de la transparencia electoral se apropiaron de estas instituciones poniendo ahí a sus incondicionales, de modo que éstos tienen un mayor compromiso con su patrón que con el país…

 

Luego, si bien los del INE y los Institutos locales han diseñado el block cuadriculado de lo que debe ser y no el procedimiento electoral, olvida que los partidos tienen sus propios cuadernos de doble raya y desde ahí se mueven a su antojo creando condiciones –por la buena o por la mala- para que ganen sus candidatos… Podría ser el caso de Oaxaca en donde, incluso la oposición más cercana parecía hacer una campaña light.

 

Pero si, ya están cayendo las manzanas en la cesta del poder; a partir de unos días serán los nuevos gobernantes, legisladores, munícipes, los que partirán el queso en sus localidades… Y otra vez, de nueva cuenta, la historia se habrá de repetir… la de las promesas de campaña por cumplirse y la de la construcción de un país, un estado, un municipio y un congreso formadores de poderes supra naturales, de mirada súper aquilina… Los electores ya no importan…

 

Por lo pronto ya se ve que los conflictos internos del PRI, los gobiernos priistas mal averiguados y la cauda impopular del presidente Enrique Peña Nieto hizo que el PRI ganara lo indispensable para no salir ‘con la cola entre las patas’; que el PAN  se convirtió en la estrella de estas elecciones, en una derechización más como producto de las divisiones y pleitos y jaleos y cachetadas entre los otros partidos que por méritos propios. Los sedicentes partidos de izquierda salieron perdedores,  aunque con triunfos excepción. Sí, crece Morena, pero habría que ver qué tanto de izquierda es.

 

Más que triunfalismo presidencial insostenible y más que ‘reflexión priista para ver qué pasó este domingo, hace falta una renovación total del sistema político mexicano que no es más que el sistema de partidos políticos mexicanos en el que ‘el que tiene más saliva come más pinole’…

 

…Y en el que se han perdido las ideologías para dar paso a los nombres y a los membretes que son franquicias que se venden al mejor postor. Luego habría que ver cuántos y quiénes de los candidatos de cualquier partido llegaron apoyados en ese pecaminoso y obscuro objeto del pecado: el crimen organizado y el narcotráfico, que también anda por ahí, rondando la esquina.

 

Así que hay fiesta para algunos y expectativas para muchos como resultado de las elecciones del 5 de junio pasado. Si esto sigue así, las elecciones de 2018, presidenciales, serán un ‘infierno sin cesar’.

 

@joelhsantiago 

@OpinionLSR

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