Opinión

Elecciones de terror en el Reino Unido

Urgen medidas para prevenir ataques terroristas pero preocupa la posición de Theresa May.

  • 10/06/2017
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Nuevamente Londres, el pasado sábado 3 de junio se perpetró otro ataque terrorista, tres sujetos arrollaron a los peatones que circulaban por el puente que lleva el nombre de esa ciudad europea, posteriormente huyeron a pie apuñalando a las personas que pasaban junto a ellos, casi todos extranjeros: dos ciudadanas australianas, tres franceses, un español, una canadiense y un británico. El resultado es desolador, ocho víctimas mortales, 48 heridos y la muerte de los terroristas, quienes fueron abatidos por la policía británica.

Este ataque se perpetró a menos de una semana de que se celebraran elecciones anticipadas en el Reino Unido, en el que el partido conservador de Theresa May superaba en las encuestas -hasta por 20 puntos porcentuales, según algunas encuestas-, a su opositor más cercano Jeremy Corbyn del partido laborista, dicha ventaja se reduciría hasta el grado de establecerse un empate técnico entre ambos contendientes. Sin embargo, al final de la jornada electoral las urnas le dieron la victoria a los conservadores, pero sin mayoría absoluta, por tanto, Theresa May, tendrá que conformar un gobierno de coalición con la oposición para hacer frente en lo inmediato a dos grades asuntos relativos a la seguridad, el primero negociar el Brexit, que no sólo guarda relación con los intereses económicos del Reino Unido con la Unión Europea, sino para establecer las bases de movilidad fronteriza de las personas entre las islas británicas y Europa continental. El segundo, se refiere a las medidas urgentes que deberá de tomar el gobierno para prevenir en el futuro cercano más ataques terroristas como los ocurridos en Manchester y en el Puente de Londres, que emplearon medios, métodos y objetivos distintos a los utilizados comúnmente en otros ataques de terrorismo internacional, que en este caso se relacionan, precisamente, con la movilidad de las personas a través de las fronteras.

El 7 de febrero pasado, la ONU solicitó, a través del Secretario General Adjunto para Asuntos Políticos, Jeffrey Feltman, que todos los Estados miembros, hagan más por garantizar una cooperación internacional adecuada y eficaz, para enfrentar el crecimiento del terrorismo transnacional, sobre todo, ahora que ISIS expande su ámbito de acción, propiciando que los terroristas salgan y entren de diversos países para realizar sus ataques. Feltman, quien preside el Equipo Especial sobre la Ejecución de la Lucha contra el Terrorismo de la ONU sostuvo, además, qué si bien muchos terroristas se quedan en la zona de conflicto como Siria o Iraq, hay otros más que regresan adoctrinados a sus países de origen europeo para planear y ejecutar nuevos ataques en sus lugares de residencia, lo que implica un grave peligro para el país de origen o para los países a los que viajan.

Este tipo de análisis del fenómeno criminal y el mensaje de cooperación internacional en tiempos electorales, puede significar una dicotomía, por un lado, fortalecer las estrategias de lucha contra el terrorismo internacional y, por el otro, limitar las libertades civiles y vulnerar los derechos humanos a costa de la seguridad.

La retórica política en tiempos electorales sobre temas de seguridad puede ser tan peligrosa como el radicalismo extremo de grupos terroristas en pleno Ramadán (mes Santo para los musulmanes), pues ambas posturas aprovechan el miedo ciudadano para captar votos, adeptos y militantes en tiempos de suma turbulencia, incertidumbre y zozobra internacional, en el que el juego maniqueo entre quienes se definen como buenos para atacar a los malos, es la divisa recíproca de cambio empleada por unos para  amenazar con incrementar los ataques terroristas y usada por otros, para reducir derechos y libertades. Esta posición antagónica, sólo tiene una víctima, el ciudadano de a pie, que poco o nada tiene que ver con las ideas y acciones de intolerancia de dos formas diferentes de entender el mundo.  

Las recientes declaraciones de Theresa May no son alentadoras, por el contrario, son en extremo preocupantes, pues la premier británica enfatiza su intención de “hacer más para restringir la libertad y los movimientos de sospechosos de terrorismo”. Además, afirmó contundentemente, que “Si nuestras leyes de derechos humanos nos lo impiden, cambiaremos las leyes para poder hacerlo”, estas expresiones son muestra inequívoca de yerros monumentales de la política actual británica. Peor aún, son muestra retrógrada y contraria a una larga tradición democrática de más de 800 años de reconocimiento de derechos y libertades, que tienen origen en la Carta Magna de 1215, que, entre otras cosas permitió desarrollar algunos paradigmas de convivencia sin los cuales no podríamos entender nuestra vida actual en sociedad.

Por otra parte, quienes llaman al yihad (guerra Santa) para reinstaurar el tercer califato desde el seno de los grupos terroristas como ISIS, tampoco entendieron las enseñanzas de Mahoma, en tanto, tergiversaron a modo y conveniencia la costumbre islamista jurídica para justificar atrocidades, también son inaceptables e infames los mensajes de odio que se pueden leer en las redes sociales que, algunos analistas le atribuyen al portavoz de ISIS, Abu Hassan Al Muhajir, quien manifiesta que “Los ataques contra civiles nos gustan y son los más efectivos. Pueden traeros grandes recompensas en Ramadán. Sabed que la guerra contra nuestro enemigoes una guerra total”.

Es en esta trama post electoral el refrendado gobierno británico de Theresa May tiene que hacer frente a las nuevas amenazas del terrorismo trasnacional, que supera por mucho las tradicionales medidas de seguridad hasta ahora empleadas, pero también deberá entender que los nuevos planteamientos de prevención y atención al terrorismo no puede ni debe fundarse a costa de los derechos fundamentales de las personas ni en la intolerancia religiosa o cultural.


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