Opinión

El trabajo en defensa de los derechos humanos

Reconocimiento por la Igualdad y la No Discriminación 2018 CONAPRED. | María Teresa Priego

  • 30/10/2018
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¿Quiénes son las personas y organizaciones elegidas este año por la asamblea del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) para recibir el premio “Reconocimiento por la Igualdad y la No Discriminación” y cuáles son sus territorios de incidencia? Categoría Nacional: Alejandro Brito, activista en favor de la defensa de los derechos de las personas LGBTTTI (Reconocimiento por la Igualdad y la No Discriminación 2018 CONAPRED). Categoría Internacional: Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos, (CALDH) en Guatemala. Categoría Institucional: Centro de Atención Infantil Piña Palmera A.C. y en la categoría de Reconocimiento Póstumo, Asma Jahangir, defensora de los derechos humanos en Pakistán.

En el patio central del Museo Interactivo de Economía, la periodista y activista por los derechos de las personas con discapacidad, Katia D’Artigues, conduce –con una gran sensibilidad- la ceremonia. Invita a pasar al integrante de la asamblea que propuso a la persona o institución premiada. Esta persona a su vez nos ofrece una breve semblanza de las causas específicas en las que trabajan las personas elegidas. Un breve documental desde el espacio del activismo. Y la entrega de ese tan hermoso objeto simbólico: un árbol de la vida.

La activista pakistaní Asma Jahangir

Un momento particularmente conmovedor, la entrega del Premio Póstumo a la abogada y defensora de los derechos humanos Pakistaní Asma Jahangir, fallecida el 11 de febrero de este año en Lahore. Su hijo viajó a México para recibir el reconocimiento en nombre de su madre. Sus palabras nombraron el entrecruzamiento -indispensable- de los defensores de derechos humanos en todo el mundo: “Defendemos los mismos principios”.

El documental para presentar el trabajo cotidiano de la organización en Pakistán: entrevistas con el equipo de la organización y testimonio de las víctimas de discriminaciones, abuso y violencia defendidas por la organización de Jahangir. Dos mujeres entablaron –con su apoyo- una batalla legal en defensa de su derecho a heredar el legado de su padre que sus hermanos varones intentaron arrebatarles. Asma representa cuarenta años de activismo en defensa de las mujeres y las minorías religiosas discriminadas y marginalizadas. Fue relatora especial de la ONU para los derechos humanos en Irán. Previamente ocupó la relatoría para la libertad de religión.

En 1983 fue encarcelada por enfrentar públicamente a la dictadura. Padeció arresto domiciliario y continuas amenazas de muerte. Defendió a los familiares de personas víctimas de desaparición forzada. Su activismo comenzó siendo jovencísima: las causas de las mujeres y la creación de una fundación para defenderlas. Intentar así disminuir -en lo posible- una de las grandes desventajas de la condición femenina en Pakistán: la fragilidad económica y como consecuencia, la falta de recursos para obtener procesos justos.

Su hijo narra fragmentos de la vida de su madre: la creación de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, hasta ese momento, inimaginable. No es el único que siente ganas de llorar de admiración. Ante ese arrojo, esa valentía. Un gran silencio en la sala. Su voz se quiebra. Detrás de él la fotografía de su madre. Tantas causas: la lucha contra el trabajo infantil, el refugio para mujeres víctimas de violencia. “Una voluntad indomable”, escribió Moni Mohsin en el periódico The Guardian en su texto-homenaje: “¿Por qué Asma Jahangir era la consciencia social de Pakistán?” Murió a los 66 años. Su convicción enfrentó todos los riesgos, retó a la dictadura. Aquella adolescente que un día se colocó a la cabeza de una marcha de mujeres y allí, eligió su sentido de vida.

Centro de atención infantil Piña Palmera

Una abre la página de Piña Palmera y se encuentra con esta frase del pedagogo Paulo Freyre: “Queremos construir un mundo en donde sea menos difícil amar”. Desde hace más de tres décadas la organización apoya a personas con discapacidad y a sus familias en la costa, sierra e istmo de Oaxaca. La frase de Freyre nos llama a la reflexión: ¿en qué consistiría el aprendizaje de amar? ¿cuáles son los mecanismos del desamor? Entre los principios básicos del amor nombraríamos la solidaridad, la empatía, el reconocimiento del otro –siempre– distinto a uno mismo. La aceptación de la diversidad como la realidad inscrita en toda familia, comunidad, país.

La realidad y la riqueza de constrtuir juntos en la diferencia. Y sin embargo… los prejuicios son un llamado a descalificar y marginalizar. Los prejuicios son un llamado al desamor. Esas transmisiones –conscientes y/o inconscientes- que nos enseñan a “valorizarnos” a costa de los derechos de los otros. A temerles a los otros. A intentar homogeneizar a una humanidad que jamás –no es ni posible, ni deseable– será susceptible de ser homogeneizada.

“¡Que las diferencias nos enriquezcan a todos!” escriben los activistas de Piña Palmera. Que así sea. “Realizamos acciones que capacitan a las personas para llevar a cabo su proceso de rehabilitación como parte de la vida diaria, gracias a esto, niños y niñas, jóvenes y adultos con discapacidad se van incluyendo al interior de la familia y a la comunidad”. Es posible apoyar el trabajo de Piña Palmera con donativos.

Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos

El CALDH trabaja en la promoción y defensa de los derechos humanos y la no discriminación de personas y pueblos indígenas mayas en Guatemala. Desde su centro de activismo e investigación acoge a las víctimas de la guerra civil. Indaga y conserva la memoria histórica. La que escriben quienes la vivieron, la que no acepta la historia oficialista. El intento de comprender los procesos sociales “para que el horror no se repita”.

El CALDH organiza su activismo a través de cuatro ejes principales: el Programa de justicia y la reconciliación (JURE), los Derechos de las mujeres, los Derechos del pueblo indígena; y los Derechos de la juventud. ¿Cómo establecer la verdad y la justicia si no se reconoce a las víctimas de las violaciones de derechos humanos durante la guerra? ¿cómo sería posible darle vuelta a la página sin reivindicar el dolor de cada una/o y ofrecer el resarcimiento que corresponde? ¿puede un pueblo avanzar sin reconocer y defender su memoria? Crear una cultura para la paz a partir de la aceptación de la verdad. A partir de esa única manera de construir futuro sobre cimientos sólidos: el No a la impunidad.

Marta Lamas ofrece las palabras de despedida. Una intervención breve, muy entrañable. Nos habla de la subjetividad, de la necesidad de mirar hacia adentro de una/o misma/o e intentar analizar nuestras emociones oscuras. Nuestros mecanismos discriminatorios, esos que todos llevamos dentro. Esas transmisiones rechazantes que fuimos aprendiendo, las que esgrimimos como una defensa ante el miedo a la diferencia. El No a la discriminación como un trabajo interior que no podemos dar por hecho, que nunca termina. El gran reto: la cohabitación respetuosa de las diferencias.

Reconocimiento por la Igualdad y la No Discriminación 2018 CONAPRED

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