Opinión

El tema del medio ambiente

El tiempo aún es favorable para poder detener algunos de los daños sufridos por el planeta, antes de que su irreversibilidad sea inminente. | Leonardo Bastida

  • 23/04/2021
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Otra manera de entender la vida es posible, más en pleno siglo XXI, en el que las temperaturas del planeta son las más altas de toda su historia, y en el que se vive un nuevo período geológico, el Antropoceno, referente a las afectaciones del ser humano a la Tierra, sobre todo, las de carácter irreversible, y que han dejado situaciones irreversibles y de huella profunda para nuestros entornos

Huellas como la escasez de agua en Chihuahua y el acaparamiento de la poca restante por parte de industrias como la cervecera, o la falta de espacios para la recarga natural de los mantos acuíferos debido a la tala excesiva de los bosques de la sierra donde habitan las comunidades rarámuris, aumentado la desertificación de la zona, desatándose conflictos sociales de alto impacto.

O, el exceso de partículas en el aire de la Monterrey y su zona conurbada, que en ocasiones impiden la vista del emblemático Cerro de la Silla y otras partes de la sierra circundante a la ciudad norteña, donde, hace algunos años, se privilegió la construcción de un estadio de fútbol, parte del proyecto para conseguir la sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 2026, por áreas verdes que ayudaban a recolectar agua y aire para disipar las micropartículas suspendidas en la zona, como parte de la acelerada actividad minera y de la industria de la construcción. 

Estas huellas han sido documentadas por La Corriente del Golfo, que a través de El Tema, una colección de seis cortometrajes que se proyectan en YouTube desde la semana pasada, da a conocer diferentes problemáticas ambientales que se viven en el país, para incitar a pensar en otras maneras de interrelación entre el ser humano y el medio ambiente

De la mano del actor Gael García Bernal, y la escritora y lingüista Yásnaya Águilar, se conocen las historias y las experiencias de activistas medioambientales, defensorxs de derechos humanos, comunidades indígenas, académicxs y organizaciones de la sociedad civil que se contraponen a las políticas vigentes extractivistas que orientan recursos y voluntad política en incrementar la producción y dependencia en los combustibles fósiles, e implementan megaproyectos en zonas habitadas por comunidades campesinas e indígenas y donde sobreviven áreas naturales de un alto valor ecosistémico, bajo la premisa de desarrollo.

Además de los temas de aire y de agua, se suman los de carbón, en Coahuila, cuya extracción ha cobrado la vida de centenas de personas; océanos, en Cozumel, actualmente en un momento crítico y cuya solución debe pensarse más allá de cumplir con la oferta turística; energía, en Tabasco, donde se lleva a cabo uno los megaproyectos clave de esta administración federal, una nueva refinería; y alimento en Chapala, donde los recursos lacustres se han comenzado a extinguir. Cada episodio muestra una problemática específica y entrelaza visiones, estrategias y acciones para poder plantear un posible futuro con una visión climática que sea parte de la agenda política del país.

El pasado 22 de abril, se conmemoró el Día Mundial de la Madre Tierra, haciéndose un llamado a restaurarla, a regenerar nuestros ecosistemas dañados para acabar con la pobreza, a dar respuesta al cambio climático y prevenir una extinción masiva de especies. Y también a recordar que debido a esta falta de una convivencia de respeto con el medio ambiente se han propiciado fenómenos como la pandemia por covid-19, al traspasarse los límites con la naturaleza. 

Y otros como la desaparición de los glaciares de la alta montaña mexicana como el de Ayaloco, en las partes más altas del volcán Iztaccíhuatl, un ecosistema que permitía la obtención de agua dulce y regulaba el clima, pero que desde hace dos años perdió su masa y su volumen, quedando prácticamente en la extinción. 

El tiempo aún es favorable para poder detener algunos de los daños sufridos por el planeta, antes de que su irreversibilidad sea inminente. Los retos son mayores y deben comenzar desde acciones individuales como consumir un menor volumen de agua, reducir la emisión de gases a través del uso de medios alternativos de transporte, adquirir productos elaborados con responsabilidad, respetar a otras especies, y, en realidad, comprender que hay otras maneras de entender la vida.

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