Opinión

El tema de siempre: La corrupción

Para Félix y Roberto, los otros hermanos, en sus fiestas.

  • 11/07/2015
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Hace unas semanas escribí que los temas del país podíamos reducirlos a una palabra: corrupción. Documentar esa acción no siempre es fácil y mucho menos cuando son las propias autoridades quienes la propician. En algunas ocasiones hay una simple sospecha, en otras son certezas.

 

En la semana, a través de las redes sociales se denunció un caso de plagio de varias obras por un académico de alto nivel. Luis Fernando Granados publicó un extraordinario artículo que hace un puntual análisis del tema y de su entorno. No son sólo los poderes públicos sino también las instituciones de educación superior, públicas o privadas, quienes propician la corrupción por las políticas de estímulos y ascensos para los catedráticos. No sé si ustedes conocen académicos, investigadores, que van por el mundo buscando quién les pueda publicar un libro de “su autoría” (y del que nadie sabía nada un mes antes) o en qué revista “indexada” les publican un artículo sobre un tema del que nadie conocía que fuera un experto.

 

No son pocos los académicos que buscan participar en simposios, coloquios, congresos, para lograr obtener una constancia, con ciertos requisitos, para que en la suma de los puntos para el Sistema Nacional de Investigadores, o en los criterios de cada universidad les sean tomados en cuenta y obtengan un estímulo, ya sea nuevo o continuación del que ya tienen. En esa mecánica de estímulos, un libro tiene un porcentaje A; un artículo, B; una asesoría y dirección de tesis, C; conferencias nacionales D y si son internacionales doble DD, por ejemplo. Así van integrando los puntos necesarios, desatendiendo en realidad los dos trabajos fundamentales de su labor: la docencia y la investigación.

 

Lo grave, además, es que este perverso sistema de estímulos ha destrozado el trabajo colaborativo, la participación entre pares que se sustituye por la competencia para ver quién se gana los puntos, generando enconos y envidias: los académicos como parte del mercado, al mejor postor, a la competencia pura. ¿Es esa la función de  los investigadores? ¿Guardarse sus opiniones y publicarlas, sin compartir su trabajo en beneficio de la comunidad toda?

 

Las “habilidades”

 

En el proceso hay algunos que se destacan por robarse las ideas, por plagiar todo lo posible. Las conferencias, los seminarios, son los espacios propicios para que algunos se apropien de las ideas de los otros y generar discursos como si ellos hubieran sido los protagonistas de esas investigaciones, hablando sin rigor pero con suficiencia. Es un ejercicio perverso que las autoridades federales, estatales y  las propias instituciones han impulsado desde hace ya más de veinte años.

 

Vemos catedráticos corriendo de editorial en editorial, de revista en revista para ver dónde les publican o, cuando menos, les hacen una constancia de que está en proceso de edición la obra y obtienen el ISBN. ¿Han visto protestas de académicos por salarios? La autoridad logró meterlos en una dinámica de búsqueda de la mejora económica, día con día, bajando el nivel de la investigación ante la necesidad de los estímulos pues el aumento salarial es de 3% anual. Esa es una de las razones de los plagios, de que supongan que no hay problema pues el original fue publicado en Andorra del Norte y nadie jamás podrá enterarse.

 

Las alternativas

 

¿Qué podemos hacer? Honestidad sería la premisa, cambio de modelo, búsqueda real de investigación profunda. Trabajo entre pares, exigencia laboral. ¿Cómo podemos superar el tema que, con variantes es la dinámica en la que se intenta meter a los maestros de educación básica?

 

Por supuesto hay muchísimos académicos, investigadores, que están en la dinámica de los estímulos pero que no caen en esas prácticas, aunque tienen que encontrar las formas de mantener sus puntos, lo que los obliga a un trabajo extra, extenuante, que les quita tiempo de su función. El plagio es una forma de corrupción, tanto como la publicación de un libro sin el pago de los derechos correspondientes, no importa si alguien es novato o experimentado.

 

De pilón…

 

Un tema particular. En diversas zonas de la ciudad ha sido reiterada la protesta ciudadana ante los abusos, entre otros, de los tripulantes de las grúas, que con absoluta impunidad deciden cómo, cuándo y dónde aplican su criterio y se llevan los autos que están a su alcance. No dudaría que, como un sistema de puntos para estímulos, tengan una cuota que cubrir en el corralón. Si encuentran un camión, varios camiones estacionados sobre un camellón no los mueven pues su grúa no tiene capacidad para levantarlos.

 

Eso sí, hay ocasiones en que hacen operativos (curioso, ese día no hay camiones) y hasta los filman. Eso sucede en la colonia Roma, en la calle de Yucatán, y lo he denunciado varias veces, incluso directamente al exdelegado  Alejandro Fernández quien durante su gestión hizo caso omiso del tema. Ni siquiera una multa les ponen a los camiones materialistas y foráneos. ¿Corrupción en las delegaciones? ¿En dónde no?

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)