Opinión

El Sistema de Partidos en México: Análisis y perspectiva

Por el momento podemos decir que tenemos un sistema de partidos competitivo. | Fernando Díaz Naranjo y David Arámbula Quiñones.

  • 07/12/2020
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Un elemento central en toda democracia representativa lo materializan los partidos políticos, con independencia de cuán deficiente sea la actuación de estas instituciones políticas y los sistemas de partidos, las democracias no pueden actuar sin ellos.

En este sentido, los partidos políticos constituyen un puente de comunicación privilegiada entre las y los ciudadanos y los órganos de representación del Estado y, al mismo tiempo, constituyen un filtro agregador de consensos que resulta indispensable para poder procesar democráticamente las decisiones políticas en las democracias representativas modernas, caracterizadas por una diversidad ideológica y un mosaico de expresiones considerablemente plural.

La noción de sistema de partidos no se refiere al régimen legal que se aplica a los partidos políticos en un Estado determinado, ni tampoco a su organización interna; un sistema de partidos se da a partir de las interacciones que resultan de la competencia política, con independencia del marco normativo que los regula.

Respecto de la clasificación del sistema de partidos, Giovanni Sartori nos dice que existe una consideración que se realiza en función de la competencia; al respecto, tenemos sistemas competitivos, donde cualquier partido político puede ganar, y los sistemas no competitivos, en los que solamente gana el partido gobernante.

Una segunda clasificación atiende al número de partidos; se dice que estamos ante de un unipartidismo cuando se tiene la presencia única del partido gobernante; bipartidismo si se tiene la presencia de dos partidos relevantes, y un multipartidismo si existen más de dos partidos importantes.

Pues bien, en lo que toca a nuestro país, tenemos que México ha sufrido en los últimos treinta y cinco años una doble reconfiguración. La primera que va de la etapa de liberalización hasta la transición, en donde hubo una gran cantidad de partidos que se incorporaron al sistema, compitiendo por votos, los que fueron concentrados en su mayoría por el partido hegemónico (Partido Revolucionario Institucional, PRI).

Después de la transición hubo una nueva conformación del sistema partidario, en donde -de acuerdo con la competencia- observamos fundamentalmente que se perfilaron tres grandes fuerzas (PRI; Partido Acción Nacional y Partido de la Revolución Democrática, quien vino a ser la base para el nacimiento del partido político Morena) con partidos políticos que han girado a su alrededor.

Existe cierta persistencia en la composición del sistema de partidos en México, pero una notable inestabilidad en la distribución de los votos, por lo que, de ninguna manera parece haberse consolidado un sistema de partidos en definitiva, lo cierto es que por el momento podemos decir que tenemos un sistema de partidos competitivo.

Aunque pareciera que la izquierda partidaria trata de consolidar una tercera opción electoral y parlamentaria para los votantes (a partir de los resultados obtenidos por el partido político Morena en 2018), lo cierto es que -para muchos analistas- esta fuerza descansa en un liderazgo social y no en la fortaleza de una institución política; en este sentido, probablemente, que una vez que ese liderazgo deje de tener presencia en el partido, perdería su fuerza electoral.

A partir del desencanto de la ciudadanía hacia las instituciones políticas, y teniendo en cuenta que los procesos electorales son una verdadera realidad (en tanto que respetan íntegramente la voluntad ciudadana), en las elecciones venideras se estará experimentado una auténtica evaluación permanente de las autoridades y de los políticos -por consecuencia-, un constante escenario de alternancia en los distintos niveles de gobierno, a lo largo y ancho del país.

En el marco del proceso electoral 2020-2021, donde se renovará el número más alto de cargos en disputa a nivel nacional tanto federales como locales (21 mil 368), los retos que el sistema de partidos mexicano tiene enfrente, deben estar encaminados a fortalecer la confianza ciudadana y el interés del electorado por ser parte de la deliberación de los asuntos públicos.

De nada servirán la promoción de leyes cada vez más sofisticadas, procesos electorales más confiables y transparentes, y discursos muy elocuentes, si los partidos y sus candidatos no asumen un verdadero compromiso ciudadano y cumplen con la palabra empeñada. Ese compromiso y esa voluntad, si bien no es suficiente, sí es esencial e indispensable en toda democracia.

*Fernando Díaz Naranjo es analista político.

*David Arámbula Quiñones es consejero electoral del OPLE de Durango.

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