Opinión

El Síndrome de Asperger y la inclusión social

El país ha avanzado en la cultura de apertura, pero aún existen perjuicios que nos impiden ser tolerantes y empáticos

  • 27/10/2017
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El ambiente en el que actualmente se desarrolla la humanidad puede ser hostil para personas con alguna discapacidad. Ejemplo de ello son las personas con Síndrome de Asperger, que viven en aislamiento por su condición, así como una constante diferencia social. El asperger, como condición del espectro autista, determina la forma de interacción en los individuos que lo poseen, por ello pueden presentar problemas a la hora de interactuar con los demás, agregando que pueden tener características poco comunes entre las personas, como la fijación en alguna actividad en específico, dificultad para entender el doble sentido, entre otros.

Un diagnóstico temprano puede ayudar a la persona con asperger a mejorar su calidad de vida, a involucrarse más en la sociedad, brindarle herramientas para el futuro y evitar constantes dificultades en su vida diaria. Sin embargo, muchos casos no son detectados en la infancia y ello obstaculiza su adaptación e inclusión a la sociedad, por poseer características que los encasillan en lo negativo.  

Hablar de inclusión es hablar de aceptación y convivencia en armonía, es decir, es el escenario donde todos los ciudadanos pueden ejercer sus derechos, desarrollar sus habilidades y sentirse cómodos con ello. En general, para las personas que padecen alguna discapacidad se dificulta esto ya que la sociedad es poco tolerante a lo diferente. En el caso específico del Síndrome de Asperger puede resultar difícil, para quien lo posee, buscar y encontrar aceptación entre los círculos en los que se desenvuelve.

La humanidad ha vivido importantes aportaciones por aquellas personas que son diferentes a la mayoría, es decir, que pueden tener alguna discapacidad, por ejemplo: Vincent Van Gogh, Ludwig Van Beethoven, Stephen Hawking y algunos otros personajes. Ser desigual no debe ser castigado y no debería ser visto como algo negativo. Entender que las diferencias nos hacen únicos y que ayudan a crecer como sociedad, a ampliar horizontes y a construir mejores cosas, es determinante para trazar un nuevo camino a la inclusión social.

Un ejemplo acertado en la búsqueda del camino hacia la igualdad es la labor del gobierno mexicano con la propuesta de diversos programas para la inclusión educativa y laboral, que buscan ofrecer oportunidades de profesionalización, rehabilitación, así como eliminar estereotipos para las personas con discapacidad. El país ha avanzado en la cultura de apertura, pero aún existen perjuicios que nos impiden tener tolerancia y empatía.  

No hay que olvidar que la educación comienza en el hogar, enseñar que todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades por el hecho de ser humanos nos hace tener la convicción de que ser diferentes no está mal. Unir esfuerzos en contra de la discriminación nos abrirá las puertas a la pluralidad.

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