Opinión

El robo a casa habitación en la CDMX

Jorge A. Lumbreras Castro

  • 24/11/2017
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19 de 32 entidades registran un incremento en el robo a casa habitación en 2017: CDMX se mantiene abajo de la media nacional.

El robo a casa habitación es uno de los delitos que mayor impacto tienen en la vida concreta de las familias y comunidades; las víctimas, además de la pérdida de un patrimonio, experimentan sentimientos de angustia y temor, así como impotencia y enojo al saber que personas extrañas estuvieron en su casa y violentaron sus espacios más íntimos, más aún cuando las viviendas son siniestradas. En el presente 2017, de acuerdo a los registros oficiales, en 19 de las 32 entidades de nuestro país se presentaron incrementos en la comisión del delito de robo a casa habitación; en el caso de la Ciudad de México se incrementó un cuatro por ciento respecto al año 2016, con ello ocupa el lugar 17 y se mantiene debajo de la media nacional de acuerdo a cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). 

En la CDMX, quienes se dedican a este delito, procuran cometerlo sin violencia, lo que no significa sin armas; se introducen a domicilios durante el día y la evidencia disponible en la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de la CDMX, indica precisamente que el 93 por ciento de estos robos fueron sin violencia cuando los poseedores están ausentes. Un factor que incide en el crecimiento del robo a casa habitación obedece a que los delincuentes saben que si lo cometen sin violencia física podrán recurrir a la justicia alternativa, evitando la prisión preventiva justificada, figura prevista en el sistema procesal penal acusatorio. Básicamente la persona que cometió el delito de robo a casa habitación, puede aceptar la utilización de los mecanismos alternativos para solucionar su conflicto, por tratarse de un delito patrimonial no violento, firmando un acuerdo reparatorio para cubrir la reparación del daño

Sin embargo, las víctimas del delito de robo a casa habitación y expertos en la materia, señalan que el imputado cuenta con una ventaja en la mediación, pues desde un inicio sabe dónde viven, sus nombres y otra serie de factores propios de su hogar; es sustancial considerar que a las personas les causa temor y zozobra saber que alguien conoce su casa, lo que tiene o no tiene, dónde duermen sus hijos, y, en especial, saber que si esa persona entró una vez puede volver a hacerlo. Sin pretender una generalización, se conocen casos donde el imputado dice que devolverá objetos y pagará daños, recordándole a la víctima que sabe quién es y dónde vive, en caso de no estar de acuerdo con los términos del acuerdo para la reparación del daño, como puede apreciarse, es difícil decir no.  

Por esta razón, la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) planteó la necesidad de realizar ajustes para perfeccionar el sistema de justicia acusatorio a fin de que el robo a casa habitación con violencia física o moral se considere en el catálogo de delitos que merecen prisión preventiva oficiosa. En la Ciudad de México la política criminal ha centralizado su atención en un grupo de delitos, entre estos, el robo a casa habitación; los datos muestran que entre enero y agosto de 2017 se detuvieron a 363 personas, el 51 por ciento se logró vincular a proceso ante el Poder Judicial y la procuración de justicia presentó teorías del caso y medios de prueba ante el Poder Judicial que dictó 105 sentencias condenatorias.

Algunas características de este delito, de acuerdo con estudios de la PGJCDMX, señalan que el 50.5 por ciento de los casos se presentan los días lunes, miércoles y jueves, el horario de mayor frecuencia es entre las 12:00  y las 16:00 horas. Los objetos que más robaron fueron dinero en efectivo con el 23.5  por ciento; seguido por objetos varios (centenarios, pinturas, objetos decorativos) con el 16.9  por ciento; aparatos electrónicos con el 14.0  por ciento; y  joyas/relojes con el 13.8  por ciento. Las víctimas regularmente son hombres con el 55.2 por ciento, y mujeres con el 44.8 por ciento. El rango de edad con mayor afectación va de los 50 a los 60 años con el 35.1 por ciento, seguido de 30 a 39 años con el 28.6 por ciento.

La prevención de este delito es posible mediante la instalación de alarmas vecinales conectadas a las bases de cada delegación, las acciones conjuntas de seguridad con los vecinos, la instalación de alarmas anti robos al interior de los hogares y accesos principales; el uso de cámaras de video vigilancia; disponer del número telefónico de la policía; instalar chapas seguras; mantener cerradas puertas y ventanas que permitan el acceso directo al domicilio; evitar pláticas en la puerta del hogar de las personas; e instalar cuando es posible los medidores de servicios como el agua y energía eléctrica en el exterior. Es importante señalar que en el caso de los adultos mayores y niños habría de evitarse permitir el ingreso al domicilio de extraños, alertarlos sobre engaños cuando ofrecen regalos y promociones, y evitar responder a preguntas de personas que no se identifiquen por teléfono. 

Dr. Jorge A. Lumbreras Castro | Académico de la FCPyS - UNAM

jorgelumbrerascastro@gmail.com


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