Opinión

El reto de los veinte

¿Podrá esta década reabrir grandes avenidas a la comunicación y al conocimiento humano? | Ricardo de la Peña

  • 30/12/2019
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Una década es un período demasiado largo para anticipar nada con elevada confianza. Los pronósticos a ese plazo suelen pecar de exagerados o quedarse demasiado cortos, cualquiera sea el terreno de la realidad al que refieran. Por ello, ante el inminente traspaso en el calendario de una de esas marcas artificiales, pero simbólicas, vale la pena considerar los retos que nos pone enfrente.

Los veinte del veinte

Al salir de la hasta entonces más cruel guerra y de una catastrófica epidemia gripal, la tercera década del siglo pasado fue un período de auge económico, crecimiento y expansión del gasto, borrachera que acabó en la hecatombe de la gran depresión de los años treinta. Mas también estuvo marcada por un resurgimiento cultural denominado "los años locos" por su ruptura con convenciones que se recuerdan como el momento en que los jóvenes surgen como grupo etario con personalidad propia, con su música y sus expresiones sociales, que incluiría una primera etapa de liberalización en lo social y lo sexual.

Pero los veinte del veinte son recordados también por la violencia, que se reprodujo en expresiones cinematográficas y luego televisivas como enfrentamientos entre bandas criminales y grupos policiacos vinculadas a una era de prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos; y en Europa por la incubación del "huevo de la serpiente", una primera fase de ascenso de regímenes dictatoriales que serían los incentivadores de una segunda gran guerra, más despiadada y costosa que la anterior y que esta vez sí alcanzaría una verdadera escala mundial.

Los veinte-veinte

Los veinte del veintiuno vienen marcados por un prolongado proceso de recuperación lenta y tibia de una economía sacudida al inicio de la presente centuria por la que se conoce como la gran recesión, que ha impuesto límites al crecimiento y dejado regiones en franco retroceso, donde se observa un resurgimiento de lógicas proteccionistas y la carencia de motores claros para un deseado repunte del ritmo de expansión.

Una reactivación pudiera animar un renacimiento de la creatividad en la vida social y cultural, cuyas manifestaciones se encuentran ahora desperdigadas en confusos proyectos de alcance sectario y donde creencias propias de un oscurantismo medieval supuestamente superado hacen su reaparición a través de las redes socio-digitales y los espacios virtuales de relación de una población cada vez menos proclive al intercambio abierto, sobrevivientes de un cambio vertiginoso que obliga a la exhibición en una globalidad expuesta, al mismo tiempo que confina en pequeñas tribus para buscar seguridad, confort y consenso en lo cotidiano.

¿Podrá esta década reabrir grandes avenidas a la comunicación y al conocimiento humano o se persistirá en la construcción de muros que nos separen y aíslen en nuestros guetos? Ese es el reto.