Opinión

El regreso de “El General”

"Nosotros los agarramos y ustedes los dejan ir".

  • 12/07/2015
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Los tuits de la supuesta cuenta de Iván Archivaldo, hijo de Joaquín Guzmán Loera, ya son virales. Al medio día de ayer, su cuenta estaba en 72 mil seguidores. Para las cuatro de la tarde llegaba casi a 85 mil followers.

 

En esa cuenta, el hijo de El Chapo anunciaba en mayo que “el general pronto estará de regreso”.

 

En el tuit más reciente, del 7 de julio, cinco días antes de la nueva fuga, se lee ahora como un hecho contundente: “Todo llega para el que sabe esperar”.

 

Ese regreso es el resultado de múltiples factores inherentes a la estructura de un Estado rebasado –por acción y omisión– por el crimen organizado y es consecuencia, por supuesto, de una aguda lectura, por parte de la organización criminal de Guzmán Loera, de las debilidades de un gobierno carente de una auténtica comunidad de inteligencia (CISEN, Marina, Sedena, Segob, PGR, CNS) en la que sus integrantes siguen descoordinados, sin instrumentos, metodología, agenda, liderazgo e imaginación adecuadas para hacerle frente a un mínimo de riesgos y amenazas detectadas y anunciadas por la prensa, por analistas por políticos y por el sentido común más básico.

 

Pero el factor que posibilitó ésta y otras fugas, y otras burlas al sistema político, judicial y todo el aparato de justicia de país, es el de la corrupción.

 

Sólo así pudo haberse construido una sección extra añadida al Sistema Cutzamala para hacerla pasar por debajo de la zona de reclusión destinada al jefe del cartel de Sinaloa.

 

Sólo así pudieron comprarse conciencias y voluntades para hacer que una construcción de tamaño regular (aproximadamente 200 m2), de una planta, con acceso por caminos asfaltados y de terracería y sin obstáculo alguno que le impidiera la visibilidad hacia los muros del penal del Altiplano obtuviera los permisos necesarios o, peor aún, se hiciera sin ellos y sin que las autoridades locales, estatales y federales se preguntaran quién habría autorizado la obra, desde cuándo y quien viviría ahí.

 

Datos de ingenieros civiles indican que el túnel de kilómetro y medio de extensión por el que Guzmán Loera llegó desde las regaderas correspondientes a su celda, pudo ser construido en casi un año de labor, con una cuadrilla de albañiles laborando entre 8 y 10 horas diarias para sacar un camión de 3 toneladas y media con escombros.

 

Los cálculos son conservadores y mínimos. Fotos aeroespaciales demuestran que en febrero de 2014, cuando El Chapo fue capturado y recluido en el penal del Altiplano, no había construcción alguna en los terrenos aledaños al penal de máxima seguridad.

 

 

Pero si el personal hubiera sido el doble en turnos continuos, la casa y el túnel habrían podido construirse en seis meses, con 8 o 10 albañiles en turnos dobles y moviendo dos camiones diarios con más de 8 metros cúbicos de escombro. Sólo así se hubiera podido avanzar en la obra de albañilería y en la instalación eléctrica que la soportó.

 

Para febrero de este año, cuando comenzaron los tuits y las visitas a El Chapo de personas con documentos apócrifos, ya había comenzado la obra.

 

¿Cuáles son los protocolos de seguridad perimetral en el Altiplano? ¿Cómo debe procederse cuando se tiene a personajes de tal calibre recluidos en una zona que debería estar controlada o al menos supervisada constantemente para evitar fugas “imperdonables”, como lo dijo en 2014 el propio Peña Neto?

 

Otra prueba de que la coordinación en lucha anticrimen es desastrosa, está en las acciones de inteligencia conjuntas y por separado que instancias como el Ejército Mexicano deberían realizar a manera de controles mínimos para mantener un panorama integral básico, sobre todo si ha habido claras señales de inestabilidad y amenazas veladas en el penal del Estado de México.

 

Lo anterior porque el ciudadano de a pie supone que en donde hay instalaciones militares, navales y aéreas deben existir medidas de control, de inteligencia y contrainteligencia mínimas, especialmente si se trata de una nación que sigue bajo una guerra antinarco con matices nebulosos.

 

Esto se aplica con mayor razón si se trata de instalaciones militares que también funcionan como unidades de apoyo a las de otras fuerzas federales, tales como las prisiones de máxima seguridad.

 

¿Qué hicieron en los últimos nueve o diez meses los mandos del 8vo Regimiento Mecanizado que operan en Almoloya de Juárez bajo el mando del General Brigadier David Enrique Velarde Sigüenza? ¿Qué veían? ¿Qué informaban? ¿Qué se les pedía informar? ¿A qué mandos llegaba esa información y que se hizo con ella?

 

Las mismas preguntas aplican para las unidades de Marina y especialmente para las de la Policía Federal. La intervención más a fondo de las instancias norteamericanas como la DEA, el FBI, el ICE y la NSA, es ya un hecho.

 

La presión mediática desde los Estados Unidos en plena etapa de precandidaturas a la presidencia de ese país, encontrará material de sobra para exhibir las falencias, corruptelas y desorden en lo que queda de la estrategia de seguridad e inteligencia nacionales.

 

El Chapo y sus jefes retoman zonas, territorios y niveles de acción que el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) pretendía ocupar por la mala.

 

La misión para la Marina, para el Ejército y la Fuerza Aérea, así como para la Policía Federal, no consistirá sólo en detener por tercera vez a Guzmán Loera; deberán también contener eventuales ondas expansivas del narco y el reinicio de una fase más violenta de la guerra contra el crimen organizado en la que el máximo capo de las últimas décadas no volverá a dejarse atrapar.

 

Curiosamente, lo ocurrido con la fuga de El Chapo viene a reforzar uno de los alegatos del general Cienfuegos y de sus antecesores Galván y Vega, y de almirantes como Saynez, Peyrot y hoy Soberón: Nosotros los agarramos y ustedes los dejan ir.

 

Poderoso caballero.

 

@JorgeMedellin95