Opinión

El quinto informe del 2.0%

Con crecimientos y superávits a costa de la reducción del gasto público para educación, seguiremos viendo sexenios con crecimientos del 2.0%

  • 01/09/2017
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Con la mágica cifra de 3.5% en la reducción de la pobreza en México, llegamos al 5 informe de gobierno de Enrique Peña Nieto. El dato revelado por el CONEVAL un día antes de la comparecencia del ejecutivo ante el congreso, es por mucho polémico, pues no hace mucho el titular de la hacienda pública ponía en entredicho la metodología utilizada por este organismo para medir la pobreza. En ese momento, los resultados eran completamente adversos al gobierno.

La suspicacia será saber si ante estos resultados más a favor para el gobierno de Peña Nieto, el secretario de hacienda dará más credibilidad a las cifras del CONEVAL o seguirá manifestando desconfianza ante ellos. La verdad es que independientemente de la efectividad o no de la metodología utilizada por este consejo, existen todavía al menos unos 46 millones de mexicanos en la pobreza, cierto quizás no en la extrema, pero sí en la carencia de muchos servicios y la falta de acceso a otros tantos.

Y es que la administración de Peña Nieto se ha empeñado en hacernos entender que pese a los contextos adversos que ha debido enfrentar su administración, la economía no ha dejado de crecer y eso es cierto, eso sí, al mismo promedio anual del 2.0% como hace 10 años, pero crecemos. Esto podría ser como el dilema del vaso medio lleno o medio vacío.

Lo cierto es que independientemente de ello, al menos 75% de los 46 millones de mexicanos en la pobreza, tiene muy pocas o nulas posibilidades de romper ese círculo vicioso de pobreza y atraso social. El gobierno de Peña Nieto se ha concentrado en aplicar una política restrictiva y austera que lo ha llevado a reducir el gasto en educación y salud desde el principio de su administración.

Tal vez los crecimientos de 2.0% que hoy registran la secretaría de economía y hacienda, estén sustentados en ese “ahorro”, pues al no ejercer los presupuestos, al final de cada año, la caja podría estar registrando un sobrante que se suma al ingreso que reditúa en un crecimiento comparado con el año anterior.

Puede ser una deducción simplista, pero habrá que revisar los datos a conciencia y tener las cifras disponibles lo más actualizadas posible para poder determinar si es o no correcta la deducción, o verificar si de alguna manera la reducción del gasto se está contabilizando en algún momento como un superávit de las finanzas públicas. Lo que sí es cierto, es que de cualquier forma, la economía familiar se deterioró de manera importante en lo que va del sexenio.

La inflación hoy ronda el 6% anual

Y pese a que la moneda se ha recuperado, la cotización promedio está por arriba de 17 pesos por dólar. Ambos indicadores están muy por arriba de cuando inició la administración actual. La industria manufacturera por su parte, sigue siendo un motor importante para la economía, pero este año ha debido enfrentar la incertidumbre de un presidente estadounidense que más allá de la acción, tiene la facultad de hacer temblar las economías mundiales con su desmesurada lengua incontrolable.

Pero en cualquiera que fuera el caso, México parece estar recluido en un sistema que por un lado ha fortalecido su presencia comercial en el mundo y por el otro lo ata de pies y manos.

México es rehén de su propia circunstancia


Al sexenio de Peña Nieto le tocó renegociar el tratado comercial con los países de América del Norte y pensar hoy en salirse de este convenio es una locura venga de quien venga. Por ello, México hoy es rehén de su propia hazaña, pues será ya muy difícil desatar el nudo que nos colocaron en las manos hace 23 años, mientras sigamos con la misma política económica y que hoy nuestro principal socio comercial, pretende elevarlo hasta el cuello sin que podamos hacer demasiado para evitarlo.

Podríamos decir que dos décadas de tratado comercial, nos ha permitido crecer a 2.0% cada año, pero también es cierto que nos ha limitado para desarrollar nuestra economía interna atándonos cada vez más a los vaivenes y circunstancias externas que limitan el desarrollo económico del país y que por la falta de pericia de los últimos tres sexenios, seguimos dependiendo cada día más de lo que suceda en otras latitudes sin poder definir nuestro rumbo.

Peña Nieto llega al quinto informe de gobierno con una sombra de dudas sobre su desempeño y con un escenario en el que la inseguridad y la violencia, parecen crecer cada día. Su imagen no sólo ha perdido fuerza dentro del país, sino también fuera de él; su papel en el conflicto venezolano ha dejado mucho qué desear pues aunque no lo sea, pareciera que su labor es hacerle la tarea sucia al presidente de los Estados Unidos ante el país sudamericano.

Su sexenio, como los tres anteriores, no ha resuelto el tema de la educación, pues cada año millones de jóvenes de nivel medio y superior se quedan sin un lugar en las instituciones educativas de gobierno por la falta de escuelas preparatorias y universidades que les ofrezcan alternativas para seguir estudiando.

La cantidad de jóvenes que se quedan sin escuela hoy, serán en pocos años los millennials desocupados del futuro. Este grupo de la población representa el 26% del total de los mexicanos y si sumamos a los niños de la generación Z, en 10 años poco más del 50% de la población total en México estará demandando un lugar en las escuelas preparatorias y universidades. Negarles la oportunidad de estudiar y desproteger el tejido social, podría abonar a engrosar las filas del crimen organizado.

Otro gran tema del 5 Informe de gobierno


El otro gran tema que enfrenta Peña Nieto es el combate a la corrupción; el actual gobierno ha dado más de un paso en falso al titubear para demostrar firmeza para atacar este que se ha convertido en el principal cáncer de las economías emergentes.

Peña Nieto ha enfrentado en más de una ocasión señalamientos directos, así como a miembros de su equipo y gobernadores afines a su partido, por actos de corrupción en los que la percepción de la opinión pública es que el gobierno ha estado vinculado en todos y cada uno de los casos. Su actuar en ese sentido ha dejado mucho que desear, de tal suerte que la percepción actual es que no parece preocuparle lo que se piense de su administración, ni tampoco se observa un intento por averiguar y castigar sin tapujos a quienes hayan cometido actos de corrupción bajo su gobierno.

Desde su comienzo, el gobierno de Peña Nieto se trazó la meta de ser el sexenio de las reformas, pero ninguna de las aprobadas durante su gestión han comenzado a dar resultados. Voceros y funcionarios, dicen que es cuestión de tiempo, pero mientras el tiempo transcurre, debemos sentarnos a renegociar un tratado comercial que más que lograr acuerdos, parece que llegaremos a recibir las instrucciones de cómo aplicar la receta que impondrán desde Washington.

Quisiéramos no ser víctimas de nuestras circunstancias, pero mientras no desarrollemos nuestro propio potencial de crecimiento, ni generemos nuestras propias fuentes tecnológicas ni de innovación, seguiremos siendo rehenes de los acuerdos firmados y de lo que nos quieran compartir y para romper con ese círculo vicioso, debemos comenzar a invertir en educación inmediatamente.

La fórmula para comenzar a crecer es simple y llana. La hemos repetido en este espacio en más de una ocasión y la clave de ello es la inversión pública. La receta la conocen bien quienes dirigen la economía de este país, pero poco o nada hacen para aplicarla. Mientras sigamos manejando crecimientos y superávits a costa de la reducción del gasto público para educación, seguiremos viendo sexenios con crecimientos del 2.0%.

@ijm14 / @OpinionLSR / @lasillarota