Opinión

El Pueblo de Xoco (no al urbanicidio)

El urbanicidio consiste en la destrucción de barrios enteros de una ciudad, y en acciones violentas en contra de su población. | Leonardo Bastida

  • 30/04/2021
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Pequeñas callejuelas sin aparente dirección, entretejidas entre sí, culminando en rincones entrañables donde el tiempo y los ruidos urbanos se desvanecen para recordarnos que la vorágine cotidiana de una metrópoli, donde confluyen más de 20 millones de personas, aún cuenta con algunos espacios en los que las dinámicas aún son comunitarias. Las personas se conocen entre sí, la gente suele saludarse cada vez que se encuentra en la calle, hay fiestas tradicionales un par de veces al año, existen figuras sociales como las mayordomías y persiste cierta tranquilidad.

Uno de estos entrañables sitios es San Sebastián Xoco, uno de los pocos pueblos originarios de la Alcaldía Benito Juárez, ubicado en los límites de esta demarcación con la de Coyoacán, siendo esa la razón por la que es un lugar sumamente atractivo para habitar o para establecer un comercio a causa de su ubicación estratégica. 

Datos del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, de la UNAM, refieren que este atractivo inició desde que la zona comenzó a urbanizarse en la mitad del siglo XX. Ahí se estableció la Sociedad de Autores y Compositores de México, la Cineteca Nacional, el Instituto Mexicano de la Radio, el Hospital General de Xoco y el Centro Cultural Roberto Cantoral, además de un conocido banco, y escuelas públicas y privadas.

La historiadora María de Jesús Real García Figueroa, quien ha publicado algunos libros sobre dicho pueblo y otros de la demarcación, y recabado un sinfín de testimonios de varias generaciones de habitantes de la zona, señaló que a pesar de la presencia de diversos proyectos, es a partir del 2000 que gran parte de su fisonomía cambió a consecuencia de lo establecido en el Bando 2. El objetivo de éste era repoblar algunas partes de la Ciudad de México, incrementándose los permisos de construcción de inmuebles en la comunidad, situación que fue aprovechada por inmobiliarias que consiguieron la aprobación de megaproyectos que rebasan, por mucho, las normativas vigentes para zonas con patrimonio cultural tangible e intangible

A pesar de ubicarse en una zona altamente urbanizada, Xoco conserva ciertos elementos que le permiten ser considerado como un pueblo de la Ciudad de México, pues cada enero y abril celebra las fiestas de San Sebastián Mártir. Cuenta con una capilla del siglo XVI, establecida en el lugar para llevar a cabo labores de evangelización, y al paso del tiempo, se ha convertido en un monumento histórico, ejemplo de las primeras fusiones artísticas entre las cosmovisiones mesoamericana y castellana; recibe al Señor de las Misericordias, como parte de una peregrinación que se lleva a cabo entre abril y agosto por todos los pueblos antiguos de Coyoacán desde hace siglos, y mantiene formas de organización social comunitarias como las mayordomías. 

Todo lo anterior, remanentes de una forma de vida construida a lo largo de siglos, producto de una simbiosis entre culturas, dando pie a múltiples expresiones culturales y a tradiciones que forman parte del patrimonio histórico capitalino y que puede extinguirse casi de ipso facto ante la presencia de proyectos inmobiliarios como Mitikah. Este complejo de la empresa Fibra Uno se vende como la torre más alta de la capital mexicana, con 60 pisos, ha roto con el paisaje de la zona centro sur del antiguo Distrito Federal, caracterizado por el verdor de sus calles. Sin embargo, en las inmediaciones del lugar, en específico, la calle de Mayorazgo, se han talado más de 80 árboles, cuya edad era superior a los 50 años, propiciando pérdidas ambientales irreversibles.

Cabe recordar que dicho proceso de tala forma parte de una serie de irregularidades denunciadas por las agrupaciones vecinales desde hace varios años, pues no se ha garantizado que en la zona haya el suficiente abasto de agua. Las consultas llevadas a cabo han sido manipuladas, se ha descalificado a la organización comunitaria, se ha rebasado el número de pisos por construir en zonas con patrimonio, no se ha evaluado el impacto patrimonial de la obra, no se han respetado la normatividad ambiental, y se ha intentado intervenir en espacios de uso común como la calle de Real de Mayorazgo para apropiársela e intervenirla a conveniencia de la nueva edificación, construyendo un paso a desnivel.

Todo lo anterior no podría ocurrir sin el aval de las autoridades, que suelen declarar a los medios de comunicación, que la obra fue autorizada por la administración anterior, pero que no han sido capaces de revisar la legalidad y la viabilidad de la misma. Incluso, por el contrario, pretendieron apuntalarla mediante la introducción de medios de transporte que dañarían aún más la estructura de Xoco. Si bien hubo una sanción económica por la tala de árboles en la calle de Real de Mayorazgo, jamás esclarecieron por qué quienes estuvieron involucrados en ese delito ambiental portaban uniformes de trabajadores de la Ciudad de México y los camiones tenían rótulos gubernamentales. Esta semana, ante la pretensión de los vecinos de la comunidad de reforestar las áreas taladas, han solapado que se hayan cerrado, de manera súbita, bajo el pretexto de que se realizan labores de salvamento arqueológico, las cuales, tuvieron que realizarse desde un principio, pues la zona ha estado habitada por más de 10 siglos. 

En su obra magistral, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, Marshall Berman acuñaba la categoría de urbanicidio, consistente en la destrucción de barrios enteros de una ciudad, y en acciones violentas en contra de su población al quitarles, no sólo su vivienda, sino también, sus formas de vida históricas vinculadas a un espacio afectivo, simbólico y representativo que jamás podrían volver a generar, y en contra de la diversidad cultural, pretendiendo imponer un modelo homogéneo de vida urbana, accesible sólo para unas cuantas personas. 

Ante el contexto, la Asamblea Ciudadana del Pueblo de Xoco pide apoyo para evitar que la destrucción del lugar continúe, y exige que cualquier decisión sobre acciones a llevarse a cabo en el territorio sean consultadas a través de Consultas Vecinales, como lo establece la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, ratificada por México. Además, que se analice la inviabilidad de la construcción de un paso desnivel que podría afectar aún más el casco más antiguo de la comunidad, debido a la gran demanda de estacionamiento que se requerirá con la llegada de nuevos habitantes. Y que bajo el pretexto de una reactivación económica por la pandemia de covid-19 se aprueben otros proyectos similares en la zona; se continúen generando procesos de exclusión y de gentrificación, y se siga apostando por la fractura del tejido social de la comunidad de Xoco, establecida a las orillas del río Churubusco desde hace siglos.

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