Opinión

El “privilegio” de ser presidente en México

¿¡Y quién sancionará al mal gobierno de López Obrador!? | Ricardo Alemán

  • 01/02/2021
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En el México de hoy, del nuevo siglo, ostentar el cargo de presidente, de “primer mandatario” o de “jefe del ejecutivo”, es lo más parecido a lucir el cargo de un rey en los tiempos medievales.

¿Por qué?

Porque más que vivir en una democracia representativa, en donde el mandatario debe rendir cuentas de sus actos y está obligado a sanciones ejemplares por su mal desempeño, en México habitamos una auténtica monarquía decimonónica, en donde el monarca hace y deshace a placer, sin que nadie sea capaz del menor señalamiento crítico.

Pocos o nadie alza la voz si el rey López Obrador miente, si engaña, si oculta la verdad sobre el fracaso en el tratamiento de la pandemia de covid-19; nadie se atreve a llamarle fracasado a un gobierno que nos lleva de vuelta a la quiebra económica como la de 1932 y nadie se escandaliza por la muerte de 170 mil mexicanos a causa de una pandemia mal manejada.

En cambio, son muchos los que aplauden que el rey López Obrador presuma su salud, luego del contagio de coronavirus, con un paseo en el lujoso Palacio, en donde cuenta con todas las atenciones, los médicos y medicinas, mientas que cientos de miles mueren a diario en el abandono total.

Pocos gritan luego del escandaloso engaño de la vacuna rusa; nadie se atreve a censurar el manejo clientelar y electorero del programa de vacunación y son muy pocos los que le llaman “gobierno criminal” al que a causa de sus malas decisiones provoca miles de muertes, sea por la pandemia, sea por la violencia o por la destrucción del sistema de salud.       

En efecto, en el México del siglo XXI, del 2021, es todo un privilegio ser presidente mexicano; una regalía no rendir cuentas por ninguna de las graves fallas que comete el mandatario López Obrador.

¿Lo dudan?

En efecto, nadie quiere que pase a mayores la enfermedad del mandatario mexicano. Sin embargo, con sus excesos mediáticos, López Obrador ofende, indigna y confirma que vivimos en una monarquía decimonónica.

Ofende a las familias de más de 170 mil mexicanos muertos –por una deficiente atención a la pandemia–, cuando López Obrador habla por más de 13 minutos mientras pasea por su lujoso Palacio, sin usar “cubrebocas” y con un discurso mentiroso en el que sin pudor y sin pena pretende engañar a los ciudadanos.

Todo o casi todo lo que dice López Obrador en el video resulta falso –tan falso como el maquillaje bajo el que oculta los estragos de la enfermedad–, pero es más indignante cuando nos enteramos que en los 13 minutos de perorata presidencial, perdieron la vida 13 ciudadanos, que no recibieron la atención en un Palacio y menos el trato privilegiado de un presidente mexicano.

Qué bueno que el presidente-rey de México no debió hacer fila para ser atendido en un hospital; para conseguir un médico y un diagnóstico; que bueno que no debió hacer fila para conseguir un taque de oxígeno y un concentrador; qué bueno que no hizo filas y filas y filas.

Sí, qué bueno que López Obrador tiene todo para ser atendido como rey frente al contagio de covid-19. Qué bueno que en su Palacio lo atienden decenas de médicos y enfermeras, con los mejores equipos para garantizar la salud del presidente-rey mexicano.

Pero qué malo que 170 mil mexicanos hayan perdido la vida por no contar con una cama de hospital, por no tener un médico especialista, por carecer de medicamentos suficientes y adecuados; qué malo que ninguno de los 130 millones de mexicanos –salvo el presidente–, puedan contar con un sistema sanitario de primer mundo en su propio Palacio.

Lo peor, sin embargo, es que a pesar de que México pasó al tercer lugar de muertes en el mundo, a causa de la pandemia –sólo detrás de Estados Unidos y Brasil–, el mandatario mexicano dice que todo va bien, que no modificará su estrategia contra la pandemia y que comprará miles de vacunas.

Es decir, la respuesta desde Palacio –el mismo palacio en donde el presidente-rey tiene la mejor atención del mundo–, son mentiras, mentiras y más mentiras.

¿Hasta cuándo el presidente-rey dejará de mentir a 130 millones de mexicanos, muchos de ellos sus seguidores y hasta cuándo será sancionado por su parloteo mentiroso?

Pero en medio del terror por los cientos de miles de muertos a cusa de la pandemia, el INEGI confirmó lo que muchos especialistas advirtieron desde hace meses; que el gobierno de AMLO falsificó las cifras reales de contagios y muertos por coronavirus, al grado de que el verdadero número de fallecidos podría ser de 250 mil.

De ese cuarto de millón de vidas perdidas, por lo menos un tercio de esos mexicanos murieron sin atención en un hospital público y privado; perdieron la vida en sus casas, en el abandono total.

¿Y qué dicen frente a ese crimen de Estado los contrapesos naturales del “poder ejecutivo” mexicano?

Tampoco hay respuesta y contrapesos, porque los poderes Legislativo y Judicial están sometidos por el presidente-rey. Y es que ese es otro de los privilegios de ser presidente en México; no existen contrapesos para castigar los errores y fallas que, como país, nos llevan a la ruina.

Pero tampoco es todo.

Al tiempo que López Obrador le dijo al mundo, desde su Palacio, que era bien atendido y que superaba el contagio de covid-19, el INEGI reportó que el gobierno de López Obrador llevó a México a una crisis económica igual a la de 1932 del siglo pasado.

Es decir, la peor crisis económica en un siglo.

¿¡Y quién sancionará al mal gobierno de López Obrador!?

Nadie, porque en México los malos presidentes son aplaudidos, cual reyes que llevan a su pueblo a la ruina. ¿Lo dudan?

Al tiempo.

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