Opinión

El periodista, la “ermoza” y el papá

¿Por qué Joaquín Loera tomó un riesgo de ese tamaño? ¿La película? ¿Su fascinación por Kate del Castillo y Teresa Mendoza?

  • 19/01/2016
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Charlie Rose: “Tú querías tener una conversación acerca de las políticas en la guerra contra las drogas, esa era la motivación”, (para entrevistar a Guzmán Loera).

 

Sean Penn: “Correcto (una conversación) con los lectores, no con él. Con él quería sentarme, observar y preguntar y usar la información como un ancla en mi texto”.

 

EL PERIODISTA

 

“Tengo un pesar (lamento), que la entera discusión acerca de mi artículo ignore su propósito, que era intentar contribuir a esa discusión de las políticas en la guerra contra las drogas”.  “I have a regret”, la expresión usada por Penn (en la entrevista con Charlie Rose para 60 Minutes en CBS) para referirse a lo que él mismo llamó “el fracaso” de su artículo, ha sido traducida como “Tengo un remordimiento” o “me arrepiento”.  No creo que sea –dado el contenido de las respuestas de Penn- la traducción que corresponde. Más bien, Penn (quien muy probablemente se arrepiente, también), manifiesta su desconcierto ante la manera en la que su artículo ha sido leído y atacado. “Los periodistas que dicen que no soy un periodista, quiero ver la licencia que acredita que ellos sí lo son”.

 

“Vamos al cuadro completo de lo que todos queremos. Todos queremos que el problema de las drogas se detenga. Todos queremos que los asesinatos en Chicago se detengan… somos los consumidores. Si estás de acuerdo con Sean Penn o no, hay complicidad ahí… (en la ausencia de un debate de las políticas anti-drogas) ¿cuánto tiempo han pasado hablando de eso (el cuestionamiento a esas políticas) en la última semana desde que ese artículo salió?”.  

 

“Creo que las políticas en la guerra contra las drogas que afecta profundamente nuestras vidas parece no cambiar, ser inamovibles, se me ocurre que sucede porque queremos simplificar el problema, colocamos nuestros recursos en enfocarnos en el Bad guy (chico malo), hago lo que llamaría periodismo experencial, no tengo que ser quien reporta la cantidad de asesinados o de droga que distribuye, pasé tiempo con el ser humano que todo mundo es”.  Sean Penn considera inútil la excesiva “demonización” de un criminal, dado que aleja las reflexiones de  la vastedad de enfoques indispensables a analizar en el problema de las drogas.

 

Y sí, casi nadie dio importancia a esa parte del texto The Chapo speaks, en el que Penn -tras citar a Montaigne- hace una crítica del trato deshumanizante (mortífero) que padecen los adictos en las prisiones y psiquiátricos en Estados Unidos. ¿A quién le interesarían las digresiones morales de Sean Penn y sus pretensiones de abrir un debate alrededor de las drogas, las reformas a la ley, la doble moral estadounidense? Podría haberle interesado a cualquier persona que haya estado dispuesta a abordar el tema del texto-entrevista de Penn, puesto que las reflexiones están allí.  Esas reflexiones no eran, es un hecho, un “gancho” noticioso. Fueron ignoradas casi por todos. Pero explican en mucho, eso que Penn pensó que podía hacer y que no pudo hacer.

 

Su largo texto “fracasó” como él dice, porque termina siendo un texto apresurado, con demasiado poco espacio para todo lo que pretendía señalar y cuestionar (lo que exigía un ensayo de muy largo aliento, a como prometía su cita del filósofo Montaigne), con demasiados –extravagantes- reconocimientos hacia las “virtudes” de Guzmán Loera, con afirmaciones un poco temerarias: “México tiene dos presidentes”, y casi sin entrevista, dado que las reuniones posteriores fueron imposibles. Pareciera que la intención de Penn era  aprehender la personalidad de Guzmán Loera de una manera muy profunda y mostrar entonces, que el criminal “satanizado”, puede no ser tan distinto de la cantidad de “buenas consciencias” que permiten que el sufrimiento continúe, mientras miran (miramos) hacia otro lado. En mi texto anterior para La Silla Rota, cito párrafos del texto de Penn en la revista Rolling Stone, que explican su postura y lo que él llama “la moralidad relativa”. Por ejemplo: “satanizar” al criminal, (para hacerse buena conciencia) mientras se permiten las condiciones inhumanas en las que viven los adictos en las cárceles y los psiquiátricos de Estados Unidos.

 

Pareciera que Penn quería “sacudir” conciencias. No fue realmente el caso. En su entrevista para 60 Minutes , Charlie Rose le hace –con insistencia- preguntas que parecieran dirigidas a proteger la seguridad de Sean Penn, no sólo contra posibles cargos, sino contra una venganza de un cártel que podría concluir que tanto él, como Kate Del Castillo, traicionaron al jefe.  “¿Crees que el gobierno mexicano quería que se te echara la culpa de la captura y ponerte en peligro?”, pregunta Rose. “Sí”, responde Penn. ¿Quería (el gobierno mexicano) ponerte en el punto de mira del cártel?, insiste Rose. “Sí”. Penn también explica (ya lo sabíamos) que el texto fue enviado a Guzmán Loera para su aprobación y que sólo se publicó después de esta aprobación.

 

No sé si el gobierno mexicano quería poner en peligro las vidas de Kate del Castillo y Seann Penn, pero es probable que esta sospecha haya contribuido en mucho a la manera en la que Penn presenta a Guzmán Loera en su texto publicado al día siguiente de la captura. Y a la descripción que hace del momento en el que -durante la travesía- le pregunta al hijo de Guzmán Loera qué lo hace sentirse tan seguro de que no los están rastreando.

 

¿Qué sabía ya para entonces Sean Penn? ¿Qué temía? Con respecto a los riesgos que corrió Guzmán Loera al ofrecer el encuentro: “Estaba atónito de que quisiera vernos”, dice Penn. “Porque pensaste que se ponía en peligro” señala Rose. “Asumí que lo sabían (los servicios de inteligencia) y así lo escribí en mi artículo, estaba atónito de que él asumiera el riesgo. Atónito”. “Mi artículo falló, la gente está hablando de todo, menos de lo que yo estaba hablando”.

 

“Existe este mito sobre la visita que hicimos mis colegas y yo a El Chapo acerca de que fue, como citan al fiscal general de México, ‘esencial’ para su captura”, señala Penn. Y agrega: “Nosotros nos habíamos reunido con él muchas semanas antes, el 2 de octubre, en un lugar que no estaba para nada cerca de donde fue capturado”.

 

¿Por qué Joaquín Loera tomó un riesgo de ese tamaño? ¿La película? ¿Su fascinación por Kate del Castillo y Teresa Mendoza, el personaje de La Reina del Sur? ¿Podríamos imaginar un estado hipnótico de esas dimensiones? ¿Habrá pensado Guzmán Loera que sus días en libertad, o simplemente sus días, estaban –de todas maneras- ya contados y era entonces urgente trabajar su película-mausoleo?

                         

ENTRE LA REINA DEL CAFÉ Y LA REINA DEL SUR

 

¿Qué podría significar una mujer como Kate Del Castillo en la vida de un hombre que como Guzmán Loera, ha funcionado como una especie de Pigmalión en sus relaciones amorosas? A su actual esposa la conoció adolescente y la convirtió en La reina del café antes de casarse con ella. La reina del café fue coronada en un pueblecito en la sierra- con un festejo organizado por Guzmán- que incluyó aviones que transportaron a los músicos y a los guarda espaldas armados y con pasa montañas. Fue hasta el día siguiente, cuando ya no había nada, que el ejercito llegó a las montañas.

 

Para cuando Guzmán supo de Kate, ya ella era “La reina del sur”, coronada en la serie por sus poder en el mundo del narcotráfico, y coronada en la realidad por el éxito de la serie.  Bella, independiente, exitosa, segura de sí misma, rica, y al mismo tiempo dispuesta a fundirse en una declaración que es un llamado al Pigmalión que Guzmán Loera lleva dentro: nunca se ha sentido tan protegida como por él. Ya le contará su vida y entonces él entenderá por qué.  Esta mujer fuerte… pero frágil, que en la serie mantenía relaciones con los más altos jefes de algún narco, en la realidad mantiene relaciones con “altos jefes” de la actuación, el guionismo  y la dirección de películas.

 

En balde, Guzmán había buscado quien escribiera la historia de su vida que él pensaba dictar hasta en sus últimos detalles, como narra el escritor Diego Fonseca en su texto “Maldito seas, Sean Penn”, publicado en El País. De golpe el milagro estaba allí en dimensiones inesperadas: La bella famosa y ya coronada, la fascinación, el cortejo, su madre (la de Guzmán) complacida y admirada. ¡La película! Cabe mencionar que en La reina del Sur, Teresa Mendoza es una muchacha buena arrojada a la delincuencia por durísimas circunstancias. Ella, como afirma Guzmán con respecto a él mismo, nunca es violenta, sólo se defiende. ¿Acaso esa mujer no es su par? ¿Por fin una mujer a su “altura”?.

 

Y sin embargo y pese a todos sus atributos, la Kate de la realidad, como la Teresa Mendoza de la serie, es una mujer solitaria que necesita ser protegida. Así sucede en la serie y está tan bien hecha que una termina en una notoria confusión de valores, lamentando el asesinato de un sicario porque él sí que quería a Teresa, y ahora Teresa se queda sin protección. Lo que habrá fantaseado Guzmán Loera. Lo que habrá fantaseado Kate Del Castillo.

 

Los DVD’s de la serie en la celda de Guzmán Loera. ¿Qué podía significar para  él –en términos de ascenso amoroso vertiginoso- cuando le cuenta a su madre que mantiene un diálogo con una estrella a la que ella admira tanto?  

 

Nos llegaron –a través del periódico Milenio- las filtraciones de la comunicación entre “Papá” (Guzmán) “Guapa” o “Ermoza”, (Kate), y dos personas que trabajan para Guzmán.  Él pide que le digan que quiere bailar con ella, por ejemplo, quizá demasiado tímido –en un momento- como para decirlo él mismo. Antes, nos enteramos por las filtraciones que se deslizan para revelarnos lo “indispensable”, que Guzmán Loera pasó por una intervención Quirúrgica. Quién le lava sus dineros es lo de menos, ¡consume viagra! ¿Qué empresas en qué bancos? ¿Por qué no le congelan sus cuentas, no saben nada de ellas? Nada de eso importa junto a la pregunta esencial: ¿acaso el viagra no funciona? La pregunta nos tortura desde Baja California hasta Yucatán. Porque si el viagra funciona, ¿por qué Guzmán Loera tuvo que someterse a una operación? ¿Ni la doble dosis de cien gramos?

 

Imposible rastrear a los empresarios que son sus cómplices, a pesar de lo dicharachero que parece ser Guzmán a sus horas. Cierto que no es lo mismo conversar con una “Ermoza” que con un “pelado”. Pero, ¿no es inimaginable que él en persona se tome el tiempo de elegir hasta el rosita del teléfono “para dama”?  Se toma el tiempo de preguntar cuánto cuesta el teléfono. ¿Guzmán Loera no delega cuando se trata de amores, o no delega nunca? Porque si no delega nunca/casi nunca  es un dato de personalidad importante: está difícil creer que no vivía muy expuesto. Se enteró de que el teléfono costaba 16, 000 pesos y dice que ya serán depositados.  ¿Su “propio” no  cuenta con una caja chica de dónde sacar los –en el contexto de un billonario- cinco pesos para el celular?

 

¿Kate mantiene una relación por interés económico? No lo creo. A menos que mañana nos enteremos que Guzmán ya le regaló a Kate la mitad de los castillos de Cayetana de Alba, hasta donde hemos escuchado en las filtraciones, él no parece demasiado regalador. Quería un teléfono rosita para ella, le informan que no hay. Pues ni modo. En ningún momento dice cosas como: “¿Ah, no? Pues que se lo cubran de diamantes rosados”. “Llevo el vino”, le dice ella, y en lugar de responder, “pero no, mi reina de todos los mares, ¿de cuál le gusta? Mañana mando mi avioncito a Francia para que se lo traiga”, sólo le dice que va a beber con ella.

 

Seguro que Kate Del Castillo ha visto bastante más que eso. La fascinó Guzmán Loera, creo.  Se le confundieron la realidad y la ficción. La novela y la vida. La hipnosis de una trasgresión que no la convierte –no a priori- en su cómplice contra la ley, ni en su socia. ¿Quizá ese trasgredir, como una mujer que se oculta para vivir un cortejo a escondidas de un marido? Acá “el marido” sería algunas instituciones del gobierno mexicano.  El enamorado un asesino.

 

Kate conoce los lujos de este mundo. Las cámaras, la fotografía, el caminar por las calles y dar autógrafos. Es una figura pública.  ¿Todo eso es poquito junto a los aviones de Guzmán Loera? Sí. Pero podríamos considerar que es más que suficiente para no desmayarse de entrada por los aviones de Guzmán Loera. Es probable entonces que el meollo del asunto esté en otra parte. “Traficar con el amor”. Una tremenda ingenuidad, sí.  “Una locura”, sí. Pero hasta que no se pruebe lo contrario, Kate Del Catillo no puede ser linchada como si fuera ella misma –y no Teresa Mendoza- una narcotraficante.

 

Ante las filtraciones surgen cantidad de preguntas: ¿por qué filtran esas llamadas y no otras? Cierto que son muy interesantes, por ejemplo, en el análisis de la confusión entre realidad y ficción en las personalidades narcisistas, o el juego femenino/masculino tradicionales, tan presentes en el cortejo… A cada quien lo que le llame analizar en lo que está sujeto a cantidad de posibilidades muy diversas de análisis.

 

Pero, ¿qué importancia tienen en términos de seguridad nacional? ¿Nos prueban la eficacia de los servicios de inteligencia? Lograron capturar de nuevo al narcotraficante que se les escapó, ¿hay grabaciones que lleven hacia sus cómplices? ¿Quiénes son los intocables? ¿Seguirán siendo intocables? ¿Quiénes son las empresas y los funcionarios que han estado en venta durante todos los años en los que creció y creció el poder y el control que ha ejercido Guzmán? ¿De veras es a Kate Del Castillo a quien tiene que  perseguir la justicia mexicana? ¿O una vez más romperán el hilo por lo más delgado?

 

¿Acaso no son estas complicidades, estas hipocresías, estos manejos oscuros, lo que Sean Penn intentó denunciar de tan desafortunada manera? Continuará… Es un hecho. Como una serie dirigida desde las instituciones del Estado.

 

@Marteresapriego