Opinión

El papel de los ejércitos en el siglo XXI

En los últimos diez años el presupuesto militar en EU creció, al igual que en países con influencia regional y global. | Jorge Lumbreras*

  • 27/07/2019
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El siglo XXI inició en el año de 1989 con la caída del Muro de Berlín, la Independencia de las Repúblicas Bálticas y los procesos de cambio en la antigua Unión Soviética que culminarían con su desintegración en el año de 1991 para dar paso a la Comunidad de Estados Independientes (CEI). El mundo dejaba atrás la llamada Guerra Fría, que tuvo como ejes las tensiones geopolíticas y geoestratégicas entre dos grandes modos de organización de la vida social, económica, política y cultural. La carrera armamentista parecía llegar a su fin tras décadas de altas inversiones públicas que se sacrificaron para sostener los aparatos bélicos más grandes de la historia de la humanidad. En la década de los años ochenta del siglo XX el armamento nuclear disponible permitía destruir todo rastro de vida humana cuarenta veces.

En ese contexto de cambios de envergadura a nivel global avanzó el liberalismo democrático que enarboló las banderas de desarrollo, bienestar, riqueza, libertad, derechos humanos y libre elección de los gobernantes. La década de los noventa del siglo XX fue el escenario para múltiples procesos de democratización, al punto que se llegó a hablar desde diferentes posturas de análisis político y social del discurso único, del fin de la historia, del fin de las ideologías y del triunfo del liberalismo en clave democrática. Los acuerdos de no proliferación de armas nucleares y de un nuevo orden mundial comenzaron a verse como una realidad posible e incluso cambió el paradigma de la seguridad nacional, por lo menos en el discurso.

Básicamente distintos actores políticos y económicos de influencia global expusieron en los más diversos foros que la posibilidad de una conflagración bélica era remota, y que por ello la seguridad nacional en clave de guerra y conflicto interior se descartaba, también en el discurso, de los escenarios internacionales. Las graves condiciones económicas en Rusia se mostraron al mundo en diferentes aristas. Occidente subrayó las dificultades que enfrentaba el eje de la Comunidad de Estados Independientes para mantener en operación su gigantesco aparato militar edificado en la era socialista y con este referente construyó una narrativa global que apuntaba a la no necesidad de invertir en Ejércitos que difícilmente habrían de tener alguna misión efectiva.

Apareció entonces una distinción entre amenazas tradicionales a la seguridad nacional, es decir la Guerra y el Conflicto Interior, y las llamadas nuevas amenazas o amenazas difusas como son los casos de: ciber-terrorismo, pandemias y epidemias, delincuencia trasnacional, conflictos armados locales y regionales, terrorismo, cambio climático, golpes de Estado blandos y nacionalismos periféricos. Sin menoscabo de lo anterior, la evidencia ha mostrado que las potencias occidentales y que países como China y Rusia, lejos de reducir su gasto militar, lo incrementaron.

En los últimos diez años el presupuesto militar en EU creció, al igual que en países con influencia regional y global. El complejo industrial militar es una realidad que absorbe billones de dólares cada año. En el caso de naciones con menores recursos los gastos militares se han conducido al desarrollo y adquisición de tecnologías y equipo bélico que permitan prevenir, contener y en su caso neutralizar amenazas asimétricas. La aparición de una nueva agenda de seguridad nacional con riesgos y amenazas evidentes tras el fin de la Guerra Fría ha sido el medio para buscar el desmantelamiento de los Ejércitos en los países menos desarrollados y para extender un cambio en la concepción de la seguridad nacional, sin embargo, el análisis pareciera obviar que en el mundo se han registrado decenas de conflictos armados locales y regionales por disputas que van desde los recursos naturales hasta la influencia geoestratégica de países como China, EU, Rusia, Francia e Inglaterra.

*Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

Académico de la FCPyS – UNAM

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