Opinión

El país de los sueños (y no es novela…)

De novela es lo que pasa también en el mundo del libro.

  • 25/04/2015
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A estas alturas del sexenio uno ya no sabe si reír o llorar. Resulta que el director general del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, Manuel Ángel Núñez Soto (¿qué no fue gobernador de Hidalgo?), señaló que “los mexicanos podrán invertir en la construcción de este aeropuerto” con la adquisición de bonos que estarán garantizados por la misma obra.

 

¡Qué bueno, nos invitan a invertir en los proyectos que se hacen en nuestro país! No fuera ser cosa que nos pidieran pasaporte sólo de intentar entrar en el mismo, ya ven que los policías norteamericanos ya tienen autorización para actuar en esta nación. Ahora sí, todos los inversionistas defraudados por Ficrea y a quienes en un acto de bonhomía los legisladores decidieron “resarcirles” su capital (¿también al Tribunal de la Ciudad de México?) podrán invertir en esos bonos que confiaríamos no generarán otro fraude.

 

Es decir, pareciera que no hay el dinero suficiente para financiar la obra, el proyecto: ¿cómo garantizó la inversión el grupo ganador? ¿Con bonos del extranjero? ¿Bonos soberanos? ¿Bonos del petróleo? ¿Y si se hunde el piso, los bonos ganarán intereses? ¿Cuál es el vencimiento? En fin, un negocio más con muchas opacidades, la más importante de ellas sobre la propia viabilidad del proyecto en esa zona.

 

¿Bienvenidos?

 

Y sí, parece que no sólo los agentes norteamericanos deciden intervenir en nuestra soberanía: la Interpol lleva un caso a un juzgado en Guanajuato que rápidamente autoriza que se lleven al extranjero a una joven, porque, les dijeron, era hija de una madre que desde allá la reclamaba. La opacidad, la injerencia, la prepotencia de los agentes, de la policía, además de la incapacidad, por decir lo menos, de la jueza provocó un acto por demás irracional.

 

Jueces van, jueces vienen

 

 

Mientras un juez ordenó la realización de un encuentro entre MVS y Carmen Aristegui, con José Woldenberg como conciliador, al emitir la suspensión provisional mientras se entraba al fondo para otorgar la suspensión definitiva por vía del amparo, otro tribunal decidió revocar esa suspensión y señala que el juez Silva se “excedió en sus alcances”. ¿Estamos realmente sobre la vía judicial o esta vía no es más que el pretexto de la política para sancionar a quien hace evidente las fallas del sistema, sobre todo en el ámbito de la corrupción? (No hay ley anticorrupción que alcance a resolver esto.)

 

¿A dónde irán a parar las denuncias por desaparición forzada, si se niegan a reconocerla? ¿Qué juez será capaz de enfrentarse al poder?  Lo decía la semana pasada: el régimen de la restauración se fortalece y se hará cada día más autoritario. ¿Quién dice la verdad con las casas? ¿Con los muertos de Apatzingán? ¿No sería conveniente que el nuevo dirigente del deporte se retirara del servicio público mientras se deja en claro su papel en el enfrentamiento (donde no hubo culpables) de la Ruana o en la aprehensión del Dr. Mireles? Se acumulan las cosas, los casos, las afrentas. Los partidos, por su parte, caminan a un lado de la realidad, como si viviéramos en el país de los sueños…

 


 

De pilón…

De novela es lo que pasa también en el mundo del libro. El jueves pasado se celebró el “Día del libro y del derecho de autor” y en una infinidad de actos, tanto en el país como en diversas partes del mundo, se habló de que el libro “goza de cabal salud”, aunque muchos digan que ya es obsoleto en su formato papel y le apuesten todo a las nuevas tecnologías (¿será nuevo algo que tiene más de 25 años?). Mucho ruido y pocas nueces: no hay elementos reales para que el libro ocupe el papel central en la vida cultural del país. Para empezar, y es un esbozo del tema, nadie sabe cuánto se produce realmente y, mucho menos cuánto se lee: el día de la celebración aparecieron dos notas contrastantes.

 

El Cerlalc, organismo de la Unesco para América Latina y el Caribe, dice que en México, 75% de los habitantes no lee, mientras el Módulo de Lectura (Molec) de febrero de 2015, señala que según los datos del INEGI, 97% de la población del país sabe leer y de ese universo, 84% de los habitantes de 18 años y más lee libros, revistas, periódicos, páginas de internet, foros y blogs. Si de entrada no somos capaces de conciliar las cifras, obtener información consistente, analizar peras ¿qué celebramos?

 

¿Qué el Estado es el gran productor de libros? (196 millones en 2013, contra 146 de la iniciativa privada, y de éstos últimos, todavía 46 millones los hace este sector para el propio Estado) ¿Que la industria está en manos de seis empresas transnacionales? ¿Que el sector editorial está compuesto por cientos de editoriales  micro y pequeñas que deben sobrevivir de los servicios editoriales para las grandes empresas? No hay y no interesa la difusión de la cultura escrita: No hay librerías. ¡Una novela de terror!

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)

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