La historia de mi pueblo nunca me absolvería, si yo, por cualquier motivo que fuese, omitiese algo indispensable para el porvenir de este pueblo Proyecto de paz del gobierno alemán 31 de marzo 1936 Adolf Hitler

 

Desde el lado mexicano se alcanzan a ver 8 bloques separados entre sí de distintos colores y materiales, su despliegue parece el de una muestra de arte moderno, de ese arte en el que si no conoces al artista y su contexto, no puedes entenderlo, lo contemplas, piensas sobre su significado, te lo llevas a casa y te persigue por la eternidad. Son ocho prototipos del muro fronterizo. A través de la cerca en México solo se observa la parte superior, podrían simular también una muestra de diseño minimalista para construir una cárcel, solo que cuando la cerca de la cárcel está en medio de la nada y busca extenderse a lo largo de una línea que atraviese un país de costa a costa, es difícil saber quién es el que está encerrado.

 El muro es atractivo, funcionó como promesa de campaña para aquellos quienes simpatizan con el nacionalismo, mientras ignoran no solo los orígenes de su propio país, sino hasta la historia que tenemos como especie. Todos los intentos por llevarlo a cabo, incluso la incapacidad para fondearlo, sigue siendo noticia pero para un presidente que logró llegar al poder gracias a un mayor número de menciones negativas en los medios de comunicación, queda claro que no existe tal cosa como la mala publicidad.

El muro no molesta por ser un muro en sí o porque defienda el derecho de un país a delimitar su frontera, tampoco porque el subtexto sea "no los queremos aquí", tampoco molesta por tratarse de una barrera física, sabemos que no es, ha sido, ni será razón para evitar la migración ilegal. El muro molesta por su carga ideológica. Molesta también porque nos recuerda las lecciones de historia que pareciéramos no haber aprendido. Molesta porque se mueve en un discurso de "el otro", "el diferente" y nos convierte en los del otro lado. El muro representa también un acto inmortalizador de Donald Trump, no hay nada que pueda importarle más a un hombre de mente chiquita y ego inmenso que la posibilidad de pasar a la historia y dejar una huella física de ello. Un hombre que se preocupa por el juicio que de él haga la historia, no está pensando en el futuro de una nación.

El circo promovido desde la información y el acto propagandístico que resulta de la simple mención del muro nos deja a los ciudadanos de ambas naciones una sola opción. Debemos observar con detenimiento, no si se trata de un buen trabajo de construcción o materiales duraderos, debemos observar a quienes están del otro lado. Poner los ojos en los fuegos artificiales provocados por el enorme espectáculo, nos impedirá dedicarle nuestra atención a lo que realmente importa: aquellos vecinos que no deben observarse como si se tratara de lo otro, lo ajeno.

@PamCerdeira | @OpinionLSR | @lasillarota




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