Opinión

El mundo al revés

"Quiere que negociemos con usted o que lo hagamos con su viuda".

  • 22/06/2014
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Este es un diálogo entre un representante de una empresa petrolera y un campesino contenido en la película La Rosa Blanca (México, 1961). El filme, dirigido por Roberto Gavaldón y basado en un relato de Bruno Traven muestra los abusos de las compañías petroleras que pretendían comprar tierras a los campesinos a precios miserables en épocas previas a la expropiación. La dureza de la cinta es tal que permaneció 11 años "enlatada" por Gobernación para evitar ofender susceptibilidades de nuestros vecinos del norte.

Por desgracia, este pasado que creíamos superado está a punto de regresar a nuestros días, ya que en las leyes secundarias en materia energética se contempla que en caso de que una compañía pretenda la propiedad de un lote de tierras este puede ser expropiado por el gobierno si el dueño no accede a venderlo.

Con medidas como éstas queda claro que lo que pretende Enrique Peña Nieto y sus socios legislativos es poner todo el aparato del Estado al servicio de las compañías extranjeras. Con ello, las instituciones públicas dejarían su papel de árbitro entre los distintos sectores de la sociedad para ponerse a las órdenes del mejor postor, del más fuerte, de quien esté más cerca de las billeteras de los funcionarios públicos.

Desde el Congreso de la Unión tratan de dar un marco institucional y legal a las perversiones del neoliberalismo, de convertir a la corrupción en parte de un proceso administrativo al grado de poner en entredicho la certeza y estabilidad de las propiedades de los mexicanos en beneficio de las empresas petroleras o generadoras de energía eléctrica.

La expropiación es un recurso que se inventó para poner por encima de los intereses particulares el interés público. Se han expropiado predios para construir vialidades, escuelas u hospitales públicos pero ahora Peña Nieto pretende expropiar para construir instalaciones de empresas privadas. Con ello se pretende dar preponderancia a lo privado sobre lo público, como si el poder dimanara de las grandes corporaciones y no del pueblo, como marca la Constitución.

Aquí vale preguntarse ¿Hasta dónde va a llegar la indignidad, la impudicia e inmundicia de gobierno y legisladores? ¿Es que no reparan en las consecuencias de sus actos? Este es el mundo al revés.

 

@martibatres

 

 

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