Opinión

El mundial, los conflictos

Para Paco, con el cariño de siempre y las complicidades de la infancia.

  • 05/07/2014
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La población mexicana está deprimida. Una muestra es que no se habla mucho del papel de la selección nacional de futbol. Eso es sintomático. Suponer que el equipo era la alternativa cuando las probabilidades de que pudiera estar en la final eran de 0.1% representaba un sueño. No alcanzó el mundial para ocultar los temas a discusión en el país y lamentablemente muestra una cierta apatía sobre lo que sucede. Los casos a discusión en las Cámaras o la detención del Dr. Mireles son vistos con recelo y distancia. Los medios de información, electrónicos o impresos, no alcanzan a impactar con sus discursos, sus afinidades o desprecios. La sociedad parece estar pasmada, lo que con mucho es un problema grave: la explosión social puede estar a la vuelta de la esquina, acechante y nadie sabe qué sucederá. La actitud de soberbia de las autoridades, las federales  y las del Distrito Federal, parecen estar abonando a una salida complicada. La izquierda de la ciudad, esa que nombra a Mancera como su representante, tiene los días contados. Lo más curioso es que seguramente antes que reconocer el fracaso y la antipopularidad de sus medidas, buscarán culpables en otras organizaciones, acusándolos de divisionistas, de provocadores, o como sucede, darán pie a que se aprovechen los partidos de oposición locales.

La modernidad

Hace ya cincuenta años llegué a vivir a esta ciudad. Como familia habíamos recorrido algunas otras ciudades del país: Tijuana siempre estará en mi recuerdo. El día que arribé acababan de celebrarse las elecciones para presidente de la república y el candidato “triunfador” fue el sepulturero y represor mayor del país: el asesino Díaz Ordaz; ese día, el de la elección,  el de mi arribo, tembló, y fue el primero de los muchos otros temblores que me han tocado.

En todo este tiempo la ciudad ha cambiado, se ha modernizado; estaba recién llegado cuando se inauguró el Museo de Antropología, lo mismo que la Unidad Santiago Tlatelolco; se modernizaba la flota de camiones urbanos con la introducción de las llamadas “vitrinas” y el aumento del precio de ese transporte: de treinta y cinco (tranvías y trolebuses) a cincuenta centavos. El letrero a la salida del aeropuerto decía “Bienvenidos a la ciudad de México. Población 4,500,000 habitantes”.

Era una ciudad dinámica, pero absolutamente antidemocrática, gobernada por un regente (el símil sería el comisionado de Michoacán) y unos delegados, todos nombrados por el presidente en turno. Era la ciudad que tenía la mejor calidad de los servicios, la mayor cantidad de canales de televisión (tres) o estaciones de radio, las más organizadas avenidas y un auge en la construcción por el arribo de muchas familias que buscaban mejores escuelas para sus hijos, ante un país que no tenía muchas otras opciones en su extensión territorial y donde el desarrollo estabilizador había provocado la constitución de una clase media urbana aspiracional.  En fin, hay mucho de qué hablar sobre la época y sus cambios.

La ciudadanía

Uno de los más importantes cambios en el tiempo fue la toma de conciencia de los habitantes y los reclamos de esa clase media para dar salida a sus posibilidades de desarrollo, que entre otras cosas buscó expresarse y fue reprimida con gran crudeza en 1968; las luchas de los años setenta y la gran participación ciudadana del año 85, dieron paso a que en 1997 la ciudad pudiera ser dirigida por un candidato apoyado por las diversas organizaciones de la izquierda.

En estos años, la lucha ciudadana ha tenido un papel importante y hoy vemos cómo en lugar de que se profundice su participación, los dirigentes tanto del ejecutivo como del legislativo locales deciden y hacen actos de autoridad alejados del sentir y decisión social. Confrontar, discutir las ideas, las propuestas, buscar los consensos debería de ser la vocación de las autoridades, de todas pero en particular de las que se llaman de izquierda, democráticas. ¿Hoy la pregunta es en qué se diferencian unos gobiernos de otros?

De pilón…

Cruzar las más variadas poblaciones, por las avenidas principales que tenían destruido sus pavimentos por el paso de los autotransportes, era asunto cotidiano hace cincuenta años. Lo que llama la atención ahora es que en la ciudad que dicta las medidas de “Hoy no circula”, los autotransportes circulen por las avenidas principales a cualquier hora, en cualquier carril, con cualquier cantidad de contaminantes sin ninguna regulación ¿hay restricciones para ellos? Acusar al PRI de aprovecharse de un conflicto, es dejar de lado que los generadores del mismo son las autoridades que dan elementos a los partidos para llevar agua a su molino, en una estrategia que nos obliga a preguntar ¿es casual el conflicto? ¿Se trata de provocar el hartazgo para que los ciudadanos no voten por el actual partido en el poder local y el PRI con sus atrasos, marrullerías, cochupos y corruptelas regrese? Nosotros decidimos, siempre, no se olvide.

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier régimen, no importa el partido, por supuesto.)

 

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