Albergados por El Barzón y el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres que facilitaron su sala de conferencias, este fin de semana se presentó en la Ciudad de Chihuahua un libro singular y estupendo, La generación desconocida que recoge diversos testimonios de actores centrales en el impulso y organización del Movimiento Social Demócrata Cristiano que se desarrolló en nuestro país de 1962 a 1970.

 

Digo singular en primer término porque se trata de un libro que se cocinó durante varios años; es el fruto de un proyecto que inició en el año 2007, tomó forma en 2008, se terminó de redactar en octubre del 2012 y vio la luz editorial a finales del año pasado. Hasta ahora se presenta en sociedad. Lo hace con el buen sabor y sin perder el esencial aroma de los ingredientes mezclados, tal como resulta en los guisos que se cuecen a fuego lento.

 

Es estupendo por motivos encontrados: Evocador de una época vivida con arrojo, idealismo y compromiso; pero también es esperanzador, porque anhelos tan libertarios, sueños tan profundos, mantienen una vigencia no sólo en sus postulados, sino en las personas que los encarnaron entonces y los han puesto en práctica hasta hoy, al servicio de distintas causas políticas, instituciones públicas o luchas sociales.

 

Es el caso de la mismísima María Teresa Guerrero Olivares, más conocida como Pety Guerrero, biografía de mujer excepcional siempre delineada en favor de los que menos tienen, auténtica "revelación terrenal" desde toda su vida, a cuyo empeño mayor se debe la compilación de los testimonios de quince de aquellos jóvenes que abrazaron un proceso de cambio social bajo ideales de inspiración cristiana, centralmente comprometidos con el principio de la solidaridad, "como la motivación del ímpetu de los jóvenes para imaginar, procesar ideas y actuar para alcanzar la justicia y la democracia para todos en nuestro país".

 

Como bien lo dijo Ramiro Trevizo Gutiérrez en la mesa de análisis que presentó el libro -y uno de los que contribuye con su testimonio sobre el origen del movimiento-, primar lo social sobre lo político basado en la solidaridad significa que aquellos que más tienen, que más pueden y que más saben, se comprometan con los que menos tienen, pueden y saben.

 

A partir pues de testimonios personales que relatan los motivos y circunstancias que los llevaron a pertenecer a esa gran corriente de pensamiento y acción social que pretendió concretarse en una organización política, se rescata un momento de México.

 

Experiencias de vida que reconstruyen una historia colectiva que influyó decisivamente en la formación de múltiples proyectos sociales que abarcaron esencialmente el ámbito educativo y el mundo del trabajo, pero que se extendieron a la política y el campo de los derechos humanos. Recupera el actuar de una generación, sobre la que, efectivamente, existe mucho desconocimiento en la sociedad de hoy, lo cual ha dado pie para que maledicentes y mal intencionados -que casi siempre son los mismos-, traten de deformar, o modificar completamente la historia que incomoda o lastima hasta el presente.

 

Tres textos están a cargo de la compiladora: La introducción, uno de los más amplios testimonios y por cierto de una belleza conceptual en el verdadero sentido de la vida, y el colofón. Los capítulos son los siguientes: I. Un silencio poblado de historias Alfredo Gutiérrez Gómez; II. Origen del movimiento social demócrata cristiano Ramiro Trevizo Gutiérrez; III. Testimonio Jesús Trevizo Gutiérrez; IIII. Testimonio sobre el Movimiento Social Demócrata Cristiano de México (MSDC) Francisco José Paoli Bolio; V. Mi ángulo de entrada a la nebulosa de Alfredo Gutiérrez Gómez; VI. Testimonio Francisco José Camou Gándara; VII. Atando los cabos sueltos, María Teresa Guerrero Olivares; VIII. Cristiana: la inefable DC M. Bazdresch Parada; IX. Asunto: Amenaza con participar Fernando Michel; X. Estancia en Chihuahua: verano de 1963 a verano de 1967 Guadalupe de la Peña; XI. Parece Currículum Vitae, Jesús Verver; XII.

 

Texto en ocasión del Homenaje a Carlos Núñez Hurtado y testimonio de las andanzas del grupo Jalisco de la DC, Vicente Romero; XIII. Cuando ser joven era un delito, José Antonio Irizar Rojas; XIIII. El grupo base de Acción Comunitaria Estudiantil (BACE), José Ascención Viccon Pale; XV. Unión Femenina de Estudiantes Católicas, Aurora Mora Saavedra; XVI. Mi paso por la Democracia Cristiana, Alberto Rascón Chávez.

 

En el acto de presentación del libro participaron, además de Ramiro Trevizo y Maria Teresa Guerrero, Víctor Quintana Silveyra y Emilia González Tercero. Fue un momento de homenaje también a aquéllos que son citados a lo largo de la obra y que fallecieron, tanto a quienes no alcanzaron a participar brindando su testimonio porque fueron llamados antes de que surgiera este proyecto, como aquellos que contribuyeron con su relato y pudieron plasmarlo en el libro pero que ya no vieron su publicación porque murieron en el inter, como son los casos de Alfredo Gutiérrez Gómez, Fernando Michel, Francisco José Camou Gándara, Carlos Nuñez y Jesús Trevizo Gutiérrez, hermano de Ramiro.

 

Es importante destacar aquí que, aunque el MSDC tuvo presencia en muchas partes del país, particularmente desarrolló sus cuadros en los estados de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato y el Distrito Federal. Los chihuahuenses tuvieron una participación señalada y señera; en Ciudad Juárez -y desde la Chaveña para todo el mundo- Alfredo Gutierrez Gómez, y no se diga los hermanos Trevizo Gutiérrez en la capital del Estado, Jesús, Héctor, Ramiro y Chema, conocidos como los "macabeos". Luces brillantes todos ellos, en la constelación intelectual que significó esa pléyade nacional.

 

No están los testimonios personales de toda la pléyade, pero sí su recuerdo, su obra, su pensamiento, que se entrecruza con el de quienes cuentan y explican la forma en que captaron el espíritu de una época y lo tradujeron en importantes iniciativas sociales como el  Secretariado Social Mexicano, SSM, el Frente Auténtico del Trabajo, FAT, el Centro de Formación Social Cristiano, CEFOSOC, el Instituto Técnico de Estudios Sindicales, ITES, Promoción del Desarrollo Popular, PDP, el Instituto Mexicano de Desarrollo de la Comunidad, IMDEC, Base de Acción Comunitaria Estudiantil, BACE, y el Centro de Información y Promoción Estudiantil Comunitaria, CIPEC, entre otras muchas.

 

Así se van descubriendo los nombres y los apellidos, empezando por los "fundadores de este sueño": Miguel Ángel Granados Chapa, Hugo Gutiérrez Vega, Horacio Guajardo, Francisco Paoli, Francisco José Camou, entre otros, y luego los que se sumaron a la convocatoria Alfonso Corona, Juan José Barreiro, Manuel Rodríguez Lapuente, Rosita Quevedo, Enrique Tiessen, Pedro Lara, Alejandro Avilés, Fernando Michel, Carlos Núñez, Miguel Schultz, Miguel Bazdrech, Vicente Romero, Luis Vizcaíno, Guadalupe de la Peña; Jesús Verver, José Trueba; Alberto Rascón, Ramiro, Héctor, Jesús y José María Trevizo, Alfredo Domínguez, Alfredo Gutiérrez, María Teresa Guerrero, Agustín Flores, Lourdes Márquez (la Yuya), Enrique Ochoa, Manuel Portillo y los miembros de BACE en el DF, José Viccon, José Antonio Irizar, Fernando Hernández Palacios, María Luisa Rodríguez y Aurora Mora.

 

Dice María Teresa Guerrero que "la matriz democrática que dio origen al movimiento social cristiano se cruzó en su inicio con ideas de inspiración de origen cristiano, porque de ahí partió su visión ética: El amor al prójimo expuesto en las bienaventuranzas. Sí, la inspiración cristiana se secularizó, permeada por las ideas de pensadores de la época, comprometidos con la evolución humana de acuerdo con los principios del humanismo, el análisis social y el pensamiento crítico de la acción".

 

"Para quienes participamos en el movimiento social cristiano fue evidente que el monopolio del poder político en un partido era el parapeto de los intereses de los capitalistas, de la clase política y de los Estados Unidos, nación que siempre vio con codicia nuestro país como el ‘cuerno de abundancia’ y, debido a su posición de potencia hegemónica, ha sacado ventajas económicas y políticas inimaginables, en todos los aspectos del intercambio bilateral".

 

"Pero para los socialcristianos nuestra oportunidad política residía en la fortaleza individual de la mística, junto con la organización democrática de todos los órdenes de la vida en sociedad: la familia, la educación, la salud, el trabajo, la producción agrícola e industrial, la tecnología, la ciencia, el deporte, la cultura, el arte y la religión. Se partía del ejercicio democrático en las instituciones a nivel micro-social: familia, escuela, sindicato, ejido, club deportivo, como base para construir instancias de integración social mayor (consejos, federaciones etcétera), aglutinadoras de los sectores sociales en la procuración de las condiciones de vida dignas para todos, bajo los principios de justicia, equidad, fraternidad y respeto, en un país libre, educado y soberano".

 

Cómo no iba a ser de esta manera, cuando al impulso juvenil lo ilustraban y orientaban almas generosas y luces brillantes, personajes realmente comprometidos desde el seno mismo de la Iglesia, como fue el papel clave que en varias de esas formaciones chihuahuenses tuvieron los sacerdotes Jesuitas Carlos Palomar y Porfirio Miranda.  Este último decía a sus alumnos: "Jesucristo dejó establecido como único principio moral, Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, era forastero y me acogiste, estaba desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, encarcelado y viniste a verme. Si esto, se preguntaba el sacerdote, es preocuparse más por lo material que por lo espiritual, la pretendida espiritualidad de la iglesia jerárquica es contra Jesucristo".

 

Ni más, ni menos.

 

@Javier_Corral

 



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