Opinión

El mes de mayo

Un mes, el de este año, lleno de combates.

  • 30/05/2015
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Se nos acaba el mes de mayo y con él las fiestas simbólicas del país. Primero, cinco, diez y quince son días de celebración de nacional. Empezamos con el día del trabajo (cada vez hay menos); una batalla que nos recuerda la defensa de la soberanía, cuando las armas nacionales se cubrieron de gloria (con los zacapoaxtlas como combatientes, para explicación de Lorenzo Córdova); la madre, una institución que recordamos en las buenas y en las malas (lo mismo la festejamos que la mentamos), y los maestros, una profesión hoy  vituperada, denostada pero que siempre será necesario apoyar, promover, formar, capacitar, impulsar.

 

Un mes, el de este año, lleno de combates. Desde el primero de mayo y hasta hace unos días, los nuevos desparecidos, los enfrentamientos de las fuerzas del orden y la gran cantidad de bajas de los presuntos delincuentes (43 en el más reciente enfrentamiento: 42 presuntos delincuentes más una víctima de la Policía Federal). ¿Nos perseguirá por siempre el número? ¿Cómo sabremos quiénes eran los muertos de Tanhuato? ¿Qué información pueden darnos los tres detenidos?

 

¿Esos detenidos son prueba suficiente para afirmar, como lo han hecho,  de que sí hubo combate y no ajusticiamiento? (En Tlatlaya, curioso cómo se repiten cifras, hubo tres detenidas que fueron acusadas de ser cómplices y liberadas cuando se comprobó su inocencia.) Muertos por atentados, muertos por enfrentamientos, muertos por venganza, muertos sociales, individuales, muertos, muertos, a eso sabe el mes de mayo. Lástima, sólo espero que el resultado no sea una sociedad muerta.

 

¿Expresarán algo las elecciones del próximo 7 de junio?

 

El esfuerzo de los partidos por denostar a quienes promovemos el voto nulo,  o cuando menos el voto razonado, es impresionante. En 2012, según una de tantas estadísticas, 1.7% del padrón anuló su voto  y el abstencionismo ascendió a  34%, por lo que la preocupación de los partidos está mal dirigida: tienen que convencer a una gran franja de la población de que vote, y si vota que lo haga por alguna opción. El voto por algún partido, para evitar el voto nulo, es aceptar la lógica del sistema: candados para no perder el poder.

 

Si han tenido que acatar disposiciones judiciales para aceptar candidaturas independientes queda claro que el sistema, por mucho tiempo, encontrará mecanismos para mantenerse. El voto nulo es una opción, tan válida como votar por determinado candidato, y tiene consecuencias, de las que cada uno se hará responsable. Sin embargo ante la posición de que ese voto le hace el juego al poder, la pregunta es entonces ¿votar por algún partido no?

 

El voto nulo no busca la victoria ni la satisfacción histórica ni  los 15 minutos de gloria: es una protesta simple, individual y de conciencia. Este tipo de voto es una opción ante unas leyes hechas a modo; unas leyes que definen la consulta ciudadana y que, por las mismas leyes, impiden que ésta se lleve a cabo. El voto nulo es una protesta, independientemente de su valor jurídico: La culpa del triunfo o derrota de un partido u otro no es responsabilidad de los “anulistas” sino de las propias reglas del sistema y de la incapacidad de los propios partidos. A la larga, los votos nulos son parte de la conciencia transformadora de una sociedad.  

 

La modernidad

 

Cuando uno se adentra en el modo de vida de los norteamericanos puede entender lo que sucede en el mundo: han cedido su libertad por la comodidad; han permitido que el miedo se apodere de ellos y parece no preocuparles mientras puedan tener una forma de vida sin sobresaltos, sobre la idea de nacer, crecer, reproducirse, morir, y así sin más nada, anónimos y poco sociables. Por eso las corporaciones son exitosas, porque pocos se preguntan qué sucede. Corporaciones como Google o como Facebook o Apple, para citar algunos ejemplos,  que en aras de la "libertad" ("Internet is free", se decía) han ido controlando la vida de las personas hasta despojarlas de su intimidad. ¿Por la propia voluntad o por inconsciencia?

 

De pilón…

 

En la Ciudad de México, como en otras partes del mundo donde han sido rechazados, el modelo de negocios llamado Uber, se propone como una alternativa de calidad frente a los taxis “legales”, llenos de peligros. La sociedad, suponen, está  tan fastidiada de la violencia e inseguridad del transporte oficial, que ceden su control y no les importa caer en manos de una organización "vanguardista", que como  todas las corporaciones mencionadas, poco a poco va controlando la vida personal y social. Curioso que nadie reclame por la aplicación de la ley para acabar con la corrupción que como en toda la sociedad también se manifiesta  en el transporte. Al rato estaremos de acuerdo con un dictador que nos garantizará la tranquilidad y tersura de la vida. ¿Y el libre albedrío, eso que nos hace diferentes a la comunidad de las hormigas o de las abejas? ¿Y la capacidad para disentir, o investigar, dónde quedará?

 

Twitter: @anayacar

www.lasillarota.mx

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)