Opinión

El mensaje de AMLO

Deja muy claro que quien manda a partir de ahora es él y que no va a ceder ante las presiones de los inconformes. | Agustín Castilla

  • 01/11/2018
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En las últimas semanas, el tema que concentró la mayor parte del debate público fue la ubicación del nuevo aeropuerto internacional restándole atención a asuntos tan delicados como la discusión en la Suprema Corte de la Ley de Seguridad Interior e incluso a los titubeos gubernamentales respecto a la caravana migrante procedente de Honduras.

Quienes apoyaban el proyecto de Texcoco esgrimían principalmente -me parece que de manera equivocada- las consecuencias negativas que traería su cancelación, trataban de convencer con argumentos técnicos y sobre todo descalificando la opción de la base militar de Santa Lucía así como la legalidad de la consulta. No se dieron cuenta que la decisión estaba tomada mucho tiempo antes y que no respondía necesariamente a la búsqueda de la mejor solución para resolver el problema de la saturación del actual aeropuerto y tampoco a consideraciones de carácter económico. Todo el tiempo se trató de un asunto estrictamente político.

Es por ello que los cuestionamientos y la falta de estudios que sustentaran la viabilidad de Santa Lucía, así como las inconsistencias en las declaraciones de quien será el próximo titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes poco importaron al equipo de transición y mucho menos a los seguidores de López Obrador, que simplemente acataron la “sutil sugerencia” que les hizo.

No debe sorprendernos la decisión que se anunció al día siguiente de que se dieron a conocer los resultados de la consulta pues desde hace varios años, el hoy presidente electo había manifestado su oposición al proyecto por representar todo aquello que combatía, y en el proceso electoral lo convirtió en un símbolo de la corrupción así como de los intereses “inmorales” de la “mafia en el poder”. Por supuesto no es difícil pensar que, como lo afirma López Obrador, existieron irregularidades y favoritismo en el proyecto de Texcoco que ha sido un sello distintivo de la administración que está por concluir, pero si ese fuera el fondo del asunto, bien se pudo optar por hacer una revisión integral y plantear las adecuaciones necesarias.

Con la cancelación del NAIM en Texcoco no sólo cumple con uno de sus compromisos de campaña y hace sentir que se tomó en cuenta la opinión de la gente compartiendo con ella la responsabilidad de la decisión a través del supuesto ejercicio de democracia participativa -que careció de todo rigor jurídico, metodológico y organizativo además de que se ignoraron los datos arrojados por las diversas encuestas que favorecían al fenecido proyecto- sino que manda un poderoso mensaje. Detrás de las declaraciones en el sentido de que se va a acabar con la corrupción así como con el contratismo voraz y que por fin se va a separar el poder político del poder económico, deja muy claro que quien manda a partir de ahora es él y que no va a ceder ante las presiones de los inconformes.

Sin duda esta decisión, y sobre todo la forma en que se operó, nos anticipa cual será el estilo de gobernar del próximo presidente y en las próximas semanas conoceremos su capacidad para atemperar los efectos que ha provocado tanto en términos financieros -con la devaluación del peso, la caída bursátil, la disminución de la calificación crediticia del país y la confianza para invertir-, como de polarización social. Y a todo esto, seguimos sin saber a ciencia cierta como se resolverá el problema de saturación del aeropuerto.

Niñez en riesgo

@agus_castilla  | @OpinionLSR | @lasillarota


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