Opinión

El martillo

Este martillo sólo puede usarse eficientemente tres años, si acaso seis; después se le entregará a alguien más. | Pamela Cerdeira

  • 10/12/2018
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La pregunta era muy sencilla, ¿puede nombrar una cualidad de cada uno de sus contrincantes? Obtuve toda clase de respuestas, desde las más burdas como: que es mujer. ¿Bajo qué razonamiento ser mujer califica como una cualidad y no como una característica? Era la pregunta que hacía titubear a cada uno de los candidatos a gobernador. Incluso, uno de ellos solicitó por adelantado que esa pregunta no se le hiciera. Todas y todos eran incapaces de, en un ejercicio honesto, reconocer un rasgo positivo en sus rivales.

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Reconocer que algo funciona no implica necesariamente que sea la mejor o la única opción, tampoco que sea perfecto o no sujeto a la mejora, o que por su mero reconocimiento avales todo lo que le rodea. Saber encontrar lo que sí funciona y separarlo de lo que no, es el resultado de un ejercicio no binario, maduro y sesudo.

Así pues hoy, mediante el voto popular, el nuevo gobierno no obtuvo un bastón de mando, obtuvo un inmenso martillo. Con un martillo se pueden construir magníficas obras o destruir lo hecho. También se puede con el martillo derribar lo roto y construir a partir ahí.

El detalle es que este martillo sólo puede usarse eficientemente tres años, si acaso seis. Después se le entregará a alguien más.

¿Qué haríamos si tuviéramos el martillo?

¿Derribaríamos todo? ¿Recuperaríamos las piezas útiles? ¿Construiríamos una inmensa fortaleza para evitar que nos lo quiten en seis años? ¿O haríamos edificaciones lo suficientemente fuertes para que resistan más allá de quien tenga el martillo?

La pregunta es para todas y todos. Finalmente el martillo es nuestro, sólo se los estamos prestando.

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