Opinión

El lento y tortuoso camino de la mujer por sus derechos

No podemos decir hoy que existe una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres. | Fernando Díaz Naranjo

  • 15/03/2021
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Apenas en 1953, a través de una reforma constitucional, fue reconocido el derecho de las mujeres a votar y a ser votadas para algún cargo de elección popular. Así parecería que la mujer lograba, al fin, su lucha por alcanzar una igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Sin embargo, no fue hasta 1993 cuando la legislación electoral, de manera muy tangencial, empezó a reconocer la participación política de la mujer y entre 1996 y principios del año 2000 se estableció una participación, totalmente desproporcionada en el registro de candidaturas en donde además, la mujer era colocada en espacios que difícilmente una mujer podía ganar porque los partidos políticos tramposamente, las clocaban en distritos electorales, por ejemplo, en que de acuerdo a sus antecedentes no conseguirían el triunfo electoral.

Entre 2003 y 2012 fueron promulgadas diversas legislaciones que buscaron promover y eliminar la discriminación, impulsar la igualdad entre hombres y mujeres y dotar a las mujeres de una vida libre de violencia.

Es hasta 2014, es decir, tuvieron que pasar 61 años para que el Poder Legislativo garantizara la paridad de género, primero en las candidaturas las diputaciones federales y locales, posteriormente la inercia de esta legislación ha ido abriendo brecha a otros tipos de cargos de elección popular a nivel municipal.

En 2019 se da una reforma constitucional muy interesante, cuya aplicabilidad seguramente será también lenta y contra corriente. Esta reforma generó una paridad ya no sólo para el registro de candidaturas, sino que ahora su enfoque está referido en los espacios públicos.  Con ello, quienes tengan la oportunidad de encabezar un gobierno, en cualquier nivel (federal, estatal o municipal) deberán cumplir con una proporcionalidad paritaria. Lo mismo deberá suceder para órganos autónomos y también para los sistemas normativos indígenas.

En 2020 se da una reforma en materia de violencia política de género que parecería completar el círculo que garantizará a las mujeres no sólo su igualdad de derecho sino su desarrollo en un ambiente libre de violencia.

Sin embargo, la autoridad electoral nacional (INE) buscando materializar la paridad determinada en 2014, aprobó un acuerdo a finales del año pasado estableciendo que los partidos políticos debían integrar, para las 15 gubernaturas que estarán en disputa en el presente proceso electoral, al menos 8 candidatas del género femenino. Esta disposición fue impugnada por algunos actores políticos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación quien estableció, a través de su sentencia, revocar el acuerdo del INE, pero sí obligó a los partidos políticos a registrar a mujeres en cuando menos 7 de las 15 candidaturas que estarán en juego para la renovación del ejecutivo local.

Este es el largo trecho que ha tenido que avanzar la mujer desde 1953, y aún así, no podemos decir hoy que existe una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.

Por ello, ente sus diversas demandas que cada año un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, exigen ante distintas autoridades, todos debemos ser sensibles para lograr, de una vez por todas que sus derechos no solamente sean reconocidos, sino también materializados con disposiciones normativas suficientes que garanticen la plena participación de la mujer.

Estos derechos deberían ir en conjunción con su participación activa que ha demostrado la mujer en elecciones en donde, al menos en la elección de 2018, votaron en un 66.2% respecto a un 58.1% que el género masculino.

Está en todas y todos impulsar las leyes creadas y nos toca desde nuestra trinchera materializarlas.  Solo así, seremos una mejor sociedad y nuestra democracia se fortalecerá.

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