Opinión

¿El laberinto sin salida?

La realidad es que las autoridades están arrinconadas por las movilizaciones de la CNTE y las presiones de los sectores empresariales.

  • 05/08/2016
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Desde hace algunas semanas, la situación política de México se convirtió en un laberinto sin salida. En específico, en los trágicos eventos de Nochixtlán el domingo 19 de junio, los muertos se convirtieron en el elemento que elevó la crisis a un nivel de complejidad del que pocas salidas se vislumbran en el corto y quizá mediano plazo.

 

Vamos por partes para recordar cómo se descompuso la situación.

 

Primero, a partir de las elecciones de junio de 2016 y los resultados ampliamente documentados, entramos de lleno al ambiente enrarecido y competitivo rumbo al 2018. Escuchando todos los días el “mal humor social” y dando un vistazo a las más recientes encuestas presidenciales, debemos recordar lo ampliamente dividida que está nuestra sociedad, trayendo a la mente el resultado que se dio en la elección de 2006 de 0.56% de diferencia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Es común escuchar hoy en día argumentos muy contrastantes en cuanto a la posibilidad de éxito de una candidatura de Margarita Zavala o Ricardo Anaya por el PAN o de las posibilidades reales de AMLO.

 

Segundo, el mensaje del gobierno federal en cuanto a la reforma educativa y las demandas de la CNTE sólo sirvieron como un detonante para que el movimiento magisterial, siguiendo una estrategia elemental, le diera fuerza renovada a sus protestas que en el centro colocan su oposición a la reforma educativa, particularmente en lo relativo a la evaluación de los maestros. La negativa al diálogo y el discurso de “la ley es la ley y no se negocia” fue un grave error que sólo sirvió para darle visibilidad a la contraposición de posturas y a avivar un escenario de confrontación que hoy ha tomado fuerza y ha puesto en jaque a las autoridades. 

 

Tercero, las muertes de Nochixtlán se convirtieron en automático en una bandera de victimización para el movimiento magisterial de la CNTE y organizaciones sociales afines. Una victimización que encuentra eco y empatía de sectores importantes no sólo de maestros, sino de organizaciones sociales en los estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, que durante años han sufrido los más grandes niveles de marginación, los más bajos niveles de acceso a la justicia en nuestro país y que históricamente han convertido sus demandas en profundos movimientos sociales con ideologías igualmente arraigadas.

 

Haciendo un uso efectivo de la crisis de credibilidad del gobierno federal y los gobiernos estatales, la cual se ha acentuado en meses recientes, las manifestaciones que han literalmente estrangulado a la industria, comercios y actividad social en las cuatro entidades mencionadas, han puesto en el centro del debate y la crítica la incapacidad del gobierno para aplicar la ley. Lo anterior se suma a las constantes noticias de crímenes e impunidad, y al deterioro de la situación económica que la mayoría de la gente percibe en los gasolinazos o en el aumento de las tarifas de luz de esta semana, que obviamente abonan al malestar. 

 

“Habrá declaraciones en cero”, advierte la Concanaco, si no se pone fin a los bloqueos. “Respetamos cualquier manifestación pero se tiene que aplicar la ley”, reclaman válidamente los empresarios e industriales en público. Sin embargo, en privado, en conversaciones informales sociales, es común escuchar las más divergentes opiniones acerca de la situación, al tiempo que las críticas e insultos suben de tono. Por un lado, profunda indignación en contra de la incapacidad del gobierno para frenar los bloqueos y las manifestaciones, que generalmente escala a fuertes descalificaciones en contra de la CNTE y los maestros marchistas. Por el otro, argumentos principalmente de jóvenes que han volcado gran parte de su energía a criticar los abusos de la clase política y de los sectores más privilegiados.

 

La realidad es que las autoridades están arrinconadas por las movilizaciones de la CNTE y las presiones de los sectores empresariales, cuyos argumentos encuentran respaldo en distintos núcleos sociales que sólo alimentan las descalificaciones y el encono social.

 

Esta compleja ecuación representa un elemento clave para políticos y partidos aspirantes a la Presidencia, que se está colocando en el centro de sus estrategias. Son varios en la oposición que pueden crecer con esto, no sólo en el PAN, Morena o entre los independientes, sino al interior del propio PRI y ya ni se diga entre los miembros del gabinete. No es un problema cuya solución sea redituable para muchos de los que hoy están hambrientos de ganarse un espacio y crecer en la contienda por el poder en 2018.

 

Vaya complejidad. Para el gobierno, responderle con eficacia a la élite empresarial e industrial representa un incentivo relevante en términos de cambiar percepciones y mirar políticamente hacia el futuro. Sin embargo, la capacidad de hacerlo está en duda en términos de la falta de protocolos claros de actuación para las fuerzas de seguridad y el altísimo riesgo de que más eventos como Nochixtlán sirvan para fortalecer la indignación y las críticas. Para otros, simplemente no hay incentivo alguno para que la situación se resuelva. En fin, nos encontramos hoy en un laberinto sin salida.

 

@vladi_sl

@OpinionLSR

 

 *Por Vladimir Saldaña Lemus: Profesor en la maestría de comunicación de la Universidad Iberoamericana de Mercadotecnia Política y Comunicación Global. Socio. Co-fundador Guerra Castellanos & Asociados. Maestría: MA en Comportamiento Político.

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