Opinión

El juicio de la historia

EPN se somete al juicio de la historia y al juicio de los mexicanos ‘que habrán de valorar lo hecho’ durante su gestión. | Joel Hernández Santiago

  • 05/09/2018
  • Escuchar

Pues eso: ‘ya se va la embarcación, ya se va por vía ligera…’ O por lo menos este es el sentir generalizado en el país a raíz de que el primero de septiembre, el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, entregó a la LXIV Legislatura del Congreso mexicano el paquete que contiene el , y último Informe del presidente Enrique Peña Nieto, según establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Dicho y hecho. Ese día como sin pena ni gloria se presentó el documento para que, en los días siguientes, se haga la glosa y las Comisiones de trabajo de la Cámara, llamen a comparecer a los titulares de distintas secretarías de Estado para que expliquen sus hechos desde septiembre de 2017 a agosto de 2018.

La particularidad esta vez es que la mayoría Legislativa es del partido Morena y será esa mayoría la que haga preguntas y exija explicaciones –aclaraciones-precisiones– plantee dudas y llegue a conclusiones: ¿Las informará a los mexicanos?

Quizá nunca como en esta ocasión el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se había visto en tal grado de postración: sin presidencia de la República, sin gobernadores en mayoría ni congresos estatales; con un Congreso de la Unión en minoría y con la pena de ‘haber sido y ya no es’.

¿Quién lo iba a decir todavía hace seis años cuando recuperó el gobierno del conservador Partido Acción Nacional (PAN-2000-2012) y, luego de que recuperó el mandato,… pues nada… que el gobierno de Enrique Peña Nieto hizo todo lo posible por perder en las elecciones del 1 de julio pasado: Y lo consiguió. Lo consiguieron.  

En todo caso, digamos que todo esto del primero de septiembre fue un ritual Republicano, pero en el fondo los mexicanos ya han escuchado a lo largo de agosto –en una serie costosísima de  entrevistas y de spots transmitidos por todos los medios, tanto impresos, como electrónicos y digitales–,  la presunción de logros de esta administración. Y tan conocen los mexicanos mucho de lo que ocurrió aquí, que el primero de julio 30 millones de votos decidieron lo que quiere ser el país de 129 millones de habitantes.

Luego, el 3 de septiembre el presidente hizo el elogio de su gobierno desde el Palacio Nacional. En su discurso dijo que lo que hizo, lo hizo por el bien de la patria; que lo que hizo fue pensando en el futuro de los mexicanos y que todo está ahí, dispuesto, para que el nuevo gobierno se duerma en laureles ajenos… o por lo menos eso se supone luego de escuchar el canto victorioso del cisne.

Pensando en los intereses de México

Hay mucha tela de dónde cortar una vez que se desglosen al detalle las palabras del Presidente Peña Nieto. En todo caso, al momento parece un discurso que no se corresponde con la realidad del país.

Dijo que hace seis años emprendió un proyecto de cambio, llevando una amplia agenda de reformas estructurales, de nuevas políticas públicas y grandes obras de infraestructura. “El fin último, afirmó, es hacer de México una nación más justa e incluyente, mejor preparada y próspera y comprometida con la solución de grandes retos globales.” (…)  “Este gobierno no quería sólo administrar, nos dedicamos a transformar a México”. Eso dijo.

Por supuesto, no había de otra: reconoció que en materia de seguridad ‘no alcanzó el objetivo de lograr la paz en todas las zonas del país’… Lo del TLC ‘lo hizo pensando siempre en los intereses de México…’ que hizo un México incluyente, que en materia de educación ‘sustituyó el clientelismo magisterial por el mérito…’ en materia económica ‘deja a un país sano y con un gran potencial a futuro…’

Pero lo que se ve no se juzga. Enrique Peña Nieto dejará el 30 de noviembre  a una Nación enferma, dañada, indignada, ensangrentada, empobrecida, con muchos reproches a flor de piel  y con una grande aspiración: que pronto las cosas cambien, que pronto el país recupere la fortaleza que perdió a lo largo de estos años…

EPN se somete al juicio de la historia y al juicio de los mexicanos ‘que habrán de valorar lo hecho’ durante su gestión. ‘El pueblo tiene la última palabra’. Esto, sin duda, ya lo ha hecho… 

Ya se ha visto que una de las razones –una de las más importantes- del triunfo electoral de Morena fue precisamente ese estado de animadversión a un gobierno que no terminó ‘con los grandes problemas nacionales’ que se arrastraban hasta 2012. Las Reformas estructurales no solucionaron nada, no fueron una gesta y mucho menos tuvieron cabida en la reconstrucción nacional. Sí hicieron mucho daño en distintas partes del cuerpo social mexicano.

La historia no es esa tía buena que todo lo ve y todo lo perdona. Quizá mucho de lo ocurrido aquí se sepa pronto. Lo evidente ya se conoce. Pero será bueno que para enderezar el barco el gobierno que inicia haga su propio informe del estado que guarda la administración pública y el gobierno al recibirlo este primero de diciembre…

Dice el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, que revisará el informe que entregó Peña Nieto: “Pero estamos en buenos términos”: cosas distintas a la gran responsabilidad de decirnos qué encuentra y qué habrá de hacer, para hacer justicia y para rescatar lo que le corresponde a los mexicanos… Ya no el tiempo perdido… ese ya no se recupera  aunque, por otra parte, Clío sabrá qué hacer en unos años.

¿Un Acuerdo Bilateral en secreto?

@joelhsantiago | @OpinionLSR | @lasillarota

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.