Opinión

¿El juego del hombre?

Aunque se juega con los pies y se piensa con la cabeza, el lado emocional debería ser atendido desde la condición de una nueva masculinidad. | Jorge Meneses

  • 17/03/2019
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En 2017 se profesionalizó el balompié de mujeres con el surgimiento de la Primera División Femenil. Cuando las mujeres saltan al terreno de juego en diversos estadios (excepto en finales) las gradas parecen una fotografía de los noventa en un partido entre el Necaxa contra el Atlante: espacios desiertos y con tan poco ruido que incluso se podrían terminar las conclusiones de una tesis. Y esto es paradójico porque resulta que el Necaxa de los noventa era un equipo espectacular y eficiente que merecía tribunas colamadas, pero al ser el hermano incómodo de los azulcremas, el karma los despojaba del derecho a la algarabía o por lo menos a un cuento cuyo narrador fuera Nicolás Navarro y el protagonista llevara en la espalda el 10 y se apellidara Villoro.

Además, regresando al tema femenil porque las mujeres que hoy disputan hasta el último segundo el balón, recuerdan la época en donde para ser futbolista (varón) no hacía falta ser especialista ni en clavados ni en melodramas. Lo que las mujeres están mostrando es que aún con la ventaja en el marcador no quieren matar el tiempo, ellas persiguen el balón como si quisieran devorarlo. Son 90 minutos con un ritmo tan acelerado que el marcador puede cambiar con la misma velocidad que un Millennial cambia su estado en Facebook, contesta un WhatsApp y sube una selfie a Instagram. Sin embargo, el empeño que le ponen es inversamente proporcional a los salarios que reciben. Según la lógica de los empresarios del futbol, la mujer que no enseña no vende, aunque ellas nos estén enseñando -por unos pesos- el amor a la camiseta en tiempos de la mercantilización de las piernas.

Si en los ochenta Cristóbal Ortega patentó la fidelidad en el América, lo que hoy sucede con el Draft de jugadores de la liga mexicana, parece un apego devoto al orden colonial. Los hoteles donde se realiza la compra-venta son establecimientos para el intercambio de “mercancías”, donde según “los encomenderos de cuello blanco”, los futbolistas “no están preparados” para ser dueños de su cuerpo ni de sus destinos; algo parecido a las posturas conservadoras en México que se oponen a la legalización del aborto como una política pública a niel nacional pero se niegan a que las parejas homosexuales puedan adoptar niñas/os. Como contrapeso al miedo a la organización de los futbolistas, imaginemos que cada que se juegue un partido en el estadio de los Gallos Blancos de Querétaro, se les aparezca en los vestidores -de los dos equipos- el fantasma de doña Josefa Ortíz, La Corregidora, para recordarles que sin libertad “la vida no vale nada”.

Futbol


En 2004 el Club Atlético Celaya fichó a Maribel Domínguez, Marigol. Sin embargo, la Federación Internacional de Fubol Asociación, negó el fichaje alegando que se debía mantener claramente la separación de los géneros en el deporte de las patadas. Su veredicto no resultó sorpresivo pues es un organismo que más que encarnar los derechos universales de la Revolución Francesa, parece que se rige bajo el creasionismo del Génesis, al hacer también “que la Virgen les habla” ante la compra de cartas de menores de edad.

El hasta hoy llamado juego del hombre ha tenido que ir aceptando la inclusión de las mujeres bajo la premisa de que millones de mujeres son consumidoras de este deporte y “al cliente lo que pida”. En estos tiempos cuando el mercado está pendiente de los flujos y las tendencias en las redes sociodigitales, es comprensible que el futbol casero vaya abriendo espacios a las mujeres. Si antes los hombres necios se acusaban unos a otros -sin razón- de “llorar como niñas” o “de jugar como mariquitas” en las canchas, ahora cualquier declaración puede afectar sus contratos. Y es que las redes sociodigitales no sólo han visibilizado las riñas entre “ofensores y defensores”, sino también la falta de manejo institucional de los equipos en cuanto a lo que se declara antes, durante y después de los partidos. Pero esto no es exclusivo de los jugadores, sino que parecería que distintos directivos no han entendido que ante la falta de claridad tienen derecho a guardar silencio.

Esto es explicable en la medida que la supuesta profesionalización nunca ha incluido una perspectiva formativa integral. Cada día no es sorpresivo leer declaraciones de los de pantalón largo y corto, en donde sus tuits parecen más los del presidente del Club de Cuervos o los de El Chanfle, que los de empresarios con suficiente manejo de crisis que pongan el ejemplo a los deportistas de alto rendimiento. Las exigencias del deporte espectáculo contemporáneo obligan a repensar las formas de hacer grupo en los equipos deportivos en México y el mundo. Las hormonas y las neurónas no pueden sujetarse a perpectivas centradas en el racionalismo ortodoxo sin hacer hincapié en el lado afectivo y emotivo de los integrantes de cada equipo.

Es tiempo de desmontar mitos y re-conocer la importancia de lo que se ha negado en la historia del futbol: que los varones no tienen que ser estereotipados como el sexo fuerte. En oposición a esto es fundamental reconocer que aunque se juega con los pies y se piensa  con la cabeza, el lado emocional debería ser atendido desde la condición de una nueva masculinidad en donde el hígado no sea el órgano con el que se construyan retóricas de superioridad y exclusión. Con la proyección que están teniendo las mujeres en los estadios del futbol mexicano, está quedando en fuera de lugar el nombrar al futbol como el juego del hombre.

Jorge Alberto Meneses Cárdenas es profesor-investigador en La Universidad del Mar, en Huatulco. Estudió la licenciatura en antropología social (ENAH), la maestría en sociología política  (Instituto Mora) y el doctorado en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Entre sus últimas publicaciones están la coordinación de los libros Retiembla en su centros la tierra y Los nuevos rostros de la migración. Investiga en torno a las juventudes, los métodos y las culturas digitales, la antropología del deporte, la migración y la cultura popular.

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