Opinión

¿El imperio de la violencia?

La violencia que vemos a través de los medios de comunicación es uno de los deto-nantes de la violencia urbana. | José Antonio Sosa Plata

  • 15/08/2019
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No se trata de una simple percepción. Las escenas de violencia son más frecuentes en los medios de comunicación y ahora, también, en las redes sociales. El fenómeno es inusitado y se ha convertido en uno de los factores más importantes que están acabando con la tranquilidad que se vivía en la mayoría de las ciudades de nuestro país.

La violencia urbana ya se apoderó del espacio público. Y ha ido más allá. Sus manifestaciones y expresiones más preocupantes son reproducidas a diario y en cualquier momento en los espacios informativos y de entretenimiento de prácticamente todos los medios de comunicación. El espectáculo debe seguir.

Lo que antes se limitaba a los medios y secciones dedicados a la “nota roja”, hoy no sólo se difunde, sino que parece promover modelos en los que se banalizan las conductas violentas. Hasta ahora no se ha encontrado (o no se ha querido encontrar) una fórmula en la que la exhibición de la violencia no se convierta en ejemplo a seguir o en una experiencia que contribuya al posicionamiento y reforzamiento de una cultura de paz.

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Es cierto que los hechos noticiosos de cualquier índole deben informarse. Es parte de la misión que cumplen los medios de comunicación, al mismo tiempo que es una obligación compartida por las autoridades responsables de la procuración de justicia. Sin embargo, la representación de la violencia basada en hechos reales —y la ficción que permite resaltarla con elementos simbólicos y retóricos tan perversos como “atractivos”— están construyendo un auténtico imperio de la violencia.

Las imágenes configuran la agresión y los conflictos como parte de una normalidad que provoca miedo, preocupación y odio. Por desgracia la violencia vende, aumenta ratings en los medios audiovisuales, atrae a un mayor número de audiencias e incrementa las conversaciones, interacciones y trending topics en los medios digitales. Pero lo más grave es el interés que despierta en los niños y jóvenes, quienes por su condición de vulnerabilidad justifican e interiorizan la violencia para afrontar algunos problemas de su vida cotidiana

En consecuencia, el poder formativo de los nuevos medios es un arma de doble filo. Por un lado, porque han demostrado su fuerza en favor de los derechos humanos, la solidaridad y la defensa de importantes causas sociales. Por el otro, porque contribuyen al reforzamiento, promoción y afianzamiento de estereotipos, actitudes y conductas que conducen a la violencia. El cambio que se requiere debe abarcar a las redes sociales, porque éstas se utilizan para reproducir sus nuevas formas de expresión.

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La proliferación de cámaras de video en calles y edificios se suman de manera exponencial a los millones de smartphones y dispositivos que se utilizan día a día para registrar audio y video de cualquier situación de conflicto. Así, sin freno ni limitaciones de ningún tipo, vemos en las pantallas hechos de violencia intrafamiliar, contra las mujeres y los grupos vulnerables, asaltos en la calle y dentro del transporte público, homicidios en centros comerciales, enfrentamientos entre ciudadanos y policías, o entre ciudadanos y ciudadanos, y riñas de tránsito con imágenes explícitas y escalofriantes.

La violencia se aprende. Pero la “didáctica” que la soporta rebasó la influencia que se transmitía dentro de las familias, en los contextos de los grupos o lugares e incluso de la idiosincracia. Los promotores más activos de la violencia son los medios de comunicación. Por eso los debemos analizar con mayor detalle y profundidad.

Para acabar con la cultura de la violencia se necesita algo más que códigos de ética. Se requiere una transformación radical de nuestras narrativas en el ámbito cultural, educativo, informativo, mediático y de entretenimiento.

Te recomendamos: Flordinda Riquer Fernández y Roberto Castro (coordinadores). Estudio nacional sobre las fuentes, orígenes y factores que producen y reproducen la violencia contra las mujeres. Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM), Secretaría de Gobernación, México, 2012

La razón es obvia. Por un lado, porque la situación es cada vez más delicada. Así lo confirmó el Instituto para la Economía y La Paz en su más reciente informe, en el que señaló que por tercer año consecutivo, México registró “un incremento de violencia y una tasa de homicidios nacional que llegó hasta los 27.2 casos por cada 100 mil habitantes, o más de 34 mil víctimas”. Por si fuera poco, “la tasa de impunidad en 2018 fue del 97%”.

Aún más. De acuerdo con el reporte, “el impacto económico de la violencia en México ascendió a 5.16 billones de pesos en 2018. Esta cifra equivale al 24% del PIB del país y representa un aumento de 10% en relación con 2017. Si se compara con otros indicadores, el resultado es muy delicado, ya que el impacto de la violencia “fue 10 veces mayor que la inversión pública en salud y ocho veces mayor que la inversión en educación en 2018”.

Lee más: Institute for Economics and Peace. Índice de Paz de México 2019, Sidney, abril de 2019.

En sexenios anteriores se hicieron algunos esfuerzos para intentar poner freno a esta situación. Con base en lo que está sucediendo, se puede afirmar que ninguno dio resultados significativos. En la ruta de una cuarta transformación, las campañas publicitarias aisladas o los apoyos que se están dando a través de los programas sociales son necesarios e indispensables, pero no suficientes.

Si nos acostumbramos a la violencia como parte de nuestra cotidianidad, poco estaremos logrando en la consolidación de una democracia basada en la justicia, la equidad, la igualdad y el respeto a los derechos humanos. La promoción de un cambio de cultura en favor de la paz no es ni debe ser responsabilidad exclusiva del gobierno. Pero tampoco éste puede permanecer ajeno a su obligación de coordinar y dirigir un proyecto integral y transversal de la magnitud que hoy se requiere.

Recomendación editorial: Francisco Botello Romo (coordinador). Estudio multidisciplinario de la violencia en los medios de comunicación, México, Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM y Flores Editor, 2017.