Opinión

El hundimiento de José Ramón Amieva

Tras la licencia solicitada por Mancera, asiste a su oficina sabiendo que se halla al frente de un vehículo que se va despedazando por el camino. | Roberto Rock

  • 06/08/2018
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Cada día que transcurre rumbo a la entrega del gobierno de la ciudad de México a Claudia Sheinbaum, candidata ganadora, suma una nueva evidencia de que una tormenta política se desplomará sobre el equipo que gobernó la capital del país desde 2012.

José Ramón Amieva, gobernante interino tras la licencia solicitada por Miguel Ángel Mancera, asiste a su oficina, en el segundo piso del añoso palacio frente al Zócalo capitalino, sabiendo que se halla al frente de un vehículo que se va despedazando por el camino, que avanza por inercia pues la marcha no funciona, y que la dirección está atorada hacia el mismo rumbo. El volante que fue puesto en sus manos es en realidad simulado, pues hay otro conductor, el real, que maneja todo a control remoto.

Han comenzado las reuniones de acercamiento entre los equipos de trabajo de entrega-recepción entre el gobierno saliente y el equipo de la señora Sheinbaum. Este último ha propuesto una agenda emergente, que incluye preocupaciones centrales, como el estado de los trabajos de reconstrucción y la asistencia a víctimas de los terremotos de septiembre pasado, hace casi un año.

Amieva recibe cotidianamente reportes de sus colaboradores en el sentido de que en el tema de la reconstrucción, entre otras, los futuros funcionarios parecen tener más información que el mismo gobierno actual. Y en particular, realizan consultas sobre los flancos más débiles de las tareas oficiales.

Hay una certeza absoluta de que desde el interior de la estructura oficial hay importantes filtraciones sobre los problemas más sensibles. En realidad, se trata de un maná de datos alimentando por empleados simpatizantes de Morena o que carecen de filiación partidista y simplemente se oponen a irregularidades que han presenciado y que pueden documentar.

El resto de la agenda de transición que sea ido conformando está tachonada con el mismo sello: datos duros sobre irregularidades, signos de corrupción, operaciones inexplicables, empresas privilegiadas, gastos indefendibles. Una montaña de evidencias sobre un gobierno incompetente, frívolo, irresponsable y venal.

En el asunto concreto de la reconstrucción, la representación de la futura jefa del Gobierno capitalino la ostenta César Cravioto, uno de los políticos de Morena más conocedores de la ciudad, tras haber coordinado la bancada de ese partido en la Asamblea de la ciudad.

Cravioto ha requerido de sus interlocutores enviados por el señor Amieva el censo pormenorizado de damnificados por los sismos, una herramienta elemental para garantizar la atención gubernamental. Sin embargo, es sabido que se carece de un censo en el que figuren las víctimas y el apoyo que han recibido.

En realidad existen cada vez más indicios de que la crisis por los terremotos no mereció de la administración de Miguel Ángel Mancera antes ni ahora con Amieva, más que paliativos superficiales, mientras que los fondos que se anunciaban para este fin han tenido un futuro incierto, lo que incluye gasto electoral y los simples bolsillos de muchos funcionarios, la mayor parte de ellos operadores políticos cercanos a la Jefatura de Gobierno.

En este campo espacio es reiteradamente mencionado el nombre del principal operador de Mancera, Héctor Serrano; ex secretario de Gobierno y de Movilidad, dirigente de la facción Vanguardia Progresista en el PRD y cabeza del grupo político que agrupó a los principales cacicazgos de ese partido en la ciudad, entre ellos los de Leonel Luna, Mauricio Toledo, Víctor Hugo Lobo y Julio César Moreno.

Las consultas de Cravioto y su equipo han dejado traslucir que están en conocimiento también de que decenas, quizá cientos de empleados de múltiples áreas del gobierno Amieva han sido distraídos de sus funciones para acudir a los bloqueos y plantones que protagonizan afectados por los sismos, sea para contener los ánimos de vecinos indignados, sea para identificar a líderes que puedan ser cooptados. A juzgar por la fortaleza de estas movilizaciones, tales afanes han sido inútiles.

Un patrón similar está siendo observado en otros espacios de esta dinámica: un equipo que se va, exhibiendo mínimos niveles de aprobación pública, y otro llega en la cresta de una ola de apoyo ciudadano que otorgó a Morena la jefatura del Gobierno, el control del próximo Congreso local, la mayoría de las alcaldías de la ciudad y el dominio pleno de diputaciones federales y senadurías.

Todo indica que el grupo de representantes de la señora Sheinbaum ha recibido instrucciones de armar con fluidez las estrategias necesarias para armar un gobierno que muestre soltura y eficacia.

Pero en otro nivel del proceso se están recabando los datos necesarios para establecer un corte de caja con el pasado inmediato. No parece existir prisa. Acaso quienes están a cargo han sido llamados a recordar aquel principio de un clásico teórico de izquierda, según el cual la historia es como una rueda de molino: avanza muy despacio, pero reduce a añicos a lo que le pasa por encima.

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rockroberto@gmail.com

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