Opinión

El golpe

Todo al final cae por su propio peso. | Ulises Castellanos

  • 16/09/2021
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El 11 de septiembre, pero de 1973, se consumó el Golpe de Estado en Chile. El Presidente Salvador Allende fue traicionado por Augusto Pinochet, su Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas chilenas. Pronto se cumplirán 50 años de aquél trágico evento latinoamericano.

Les cuento, en 2003, cuando se cumplieron los 30 años de aquella traición, viajamos a dar testimonio de esa fecha, Don Julio Scherer y quien esto escribe.

Pasamos una semana en Santiago de Chile y además del honor que fue para mí ser designado para esa cobertura, lo que platicamos y aprendí de él en aquellos días, fue invaluable. Ver trabajar a Scherer fue una maestría única en periodismo, agudeza y relaciones profesionales.

Si ustedes creen que México está polarizado, los invito a darse una vuelta al cono sur y recorrer algunas ciudades chilenas, allá no hay matices, o eres progresista o eres conservador y no hay medias tintas.

Santiago de Chile | Ulises Castellanos

 

El Golpe fue instrumentado por el Vicealmirante de la Armada, José Toribio Merino, y el comandante de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, lo planearon para el 11 de septiembre, debido a que ese día el Ejército se encontraba concentrado en Santiago por la celebración de las Glorias del Ejército. Pinochet daba todas las instrucciones por radio. Allende se acuartelaba en el Palacio de la Moneda. Pero en 2003 fue la reivindicación total de su legado. Fue el Presidente Lagos junto con su ministra de defensa, la increíble Bachelet sobreviviente de torturas cuando joven, los que planificaron todo, incluso invitaron a la viuda de Allende a Palacio, mientras Pinochet aún vivía y se preparaba para dar un discurso desde su casa en esos días.

La misma noche que llegamos a Santiago, ya tarde, ingenuamente pensé que cenaríamos y nos iríamos a dormir, pero no fue así, al terminar la cena, Don Julio, me preguntó inmediatamente que cuáles eran mis planes o intereses en Chile y que qué quería hacer; esa respuesta y la conversación nos llevó un par de horas hasta la madrugada en el restaurante del hotel. Él llevaba agenda completa en su pequeña libreta.

Don Julio me contó sobre su primera entrevista con Allende y cómo se hicieron amigos cuando él dirigía Excélsior, se caían bien y se desvelaban juntos en largas conversaciones con whisky en mano. Le dolió mucho su fatal desenlace de aquel septiembre de 1973. Volvió a Chile para entrevistar al dictador de Pinochet, pero el comandante pidió por adelantado el cuestionario de la entrevista y Scherer se negó, ahí terminó el intento, horas después estaba de regreso en México. Él no había vuelto desde entonces, estaba muy emocionado y prepara su libro: Pinochet “vivir matando”. Scherer no paraba de escribir e indagar.

Al día siguiente nos fuimos al cementerio a ver la tumba de Allende y sus colaboradores, por cierto, varios de ellos asesinados en distintos países por la dictadura y poco a poco repatriados en ese cementerio. Aunque nunca habrá una cifra confiable se calcula en cerca de 3 mil 227 entre muertos y desparecidos en Chile, a raíz del Golpe de Estado.

Scherer escribió en su libro: “A media mañana del once de septiembre de 1973, el presidente Salvador Allende habló por última vez a sus hijas, a sus colaboradores más cercanos, a sus íntimos: Les agradezco a todos la lealtad y cooperación que siempre me han prestado, pero quiero decirles que no debe haber víctimas inútiles. La mayoría de ustedes son jóvenes, tienen mujer e hijos pequeños. Tienen un deber con ellos y con el pueblo de Chile. No es éste el último combate. Habrá muchas jornadas futuras en que serán necesarios. A las compañeras no les pido, sino les ordeno que abandonen La Moneda. A los compañeros que no tienen tareas que cumplir, o no tienen, o no saben usar armas, les pido que salgan ahora, que tienen todavía posibilidades de hacerlo. Algunos deberán contar lo que ha ocurrido”.

En esos días antes de la celebración, el propio Presidente Chileno nos ofreció un recorrido por el Palacio para ver los nuevos bustos de Salvador Allende ya removidos los de Pinochet, incluso nos asomamos a la recién remodelada sala donde se quitó la vida Salvador Allende y vimos un cuadro hermoso basado en la última imagen del Presidente en el balcón de La Moneda. Fue un recorrido emocionante. Don Julio tomaba nota de todo y yo hice fotos del recorrido.

Más tarde visitamos la tumba de los desconocidos donde ubicamos justo la lápida del cantante Víctor Jara, asesinado en el estadio de Santiago. Jara fue detenido “el día siguiente del golpe por las Fuerzas Armadas de la dictadura militar recién establecida, debido a su militancia en el Partido Comunista de Chile”. Por supuesto fue torturado, le cortaron los dedos y la lengua para que no pudiese volver a tocar su guitarra o cantar nunca más. Después fue asesinado con más de cuarenta disparos en el antiguo Estadio Chile, que ahora lleva su nombre «Estadio Víctor Jara».

Como se imaginarán fue un viaje muy fuerte, el mismo 11 de septiembre mientras la ciudad se preparaba para la conmemoración de aquellos hechos, Silvio Rodríguez cantaría en la explanada de La Moneda, yo me fui muy temprano con un colega de Reuters a la casa de Pinochet y ahí en la sala de su casa lo fotografiamos ese mismo día, rodeado de su familia, sentado en un sillón, dando la apariencia de que no pasaba nada, fue el retrato más difícil de mi vida, lo fotografié sin dirigirle la palabra, estaba consciente de que sobre sus hombros escurría la sangre de miles de chilenos, y era inevitable pensar en eso mientras lo escuchábamos y yo le hacía fotos ahí, casi sólo, poca gente lo fue a ver, algunos militares y tan tan. Regresamos a Santiago inmediatamente para cubrir el resto de la jornada.

Fue un viaje increíble por mil razones, escribí un texto en aquel entonces para Proceso y Don Julio cerró su libro sobre Pinochet. Se despidió cariñosamente de la viuda de Allende que después de años de vivir en México exiliada, regresó en esos día para ser homenajeada también. Todo al final cae por su propio peso. Aquí les dejo algunas de mis fotos de aquel entonces.





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