Opinión

El gasolinazo y las energías renovables

Por: Edmundo del Pozo.

  • 13/01/2017
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El malestar social por el incremento en los precios de las gasolinas, así como los anuncios recientes de las automotrices Ford y Fiat Chrysler de suspender inversiones y proyectos multimillonarios en México. Esto por las amenazas de Donald Trump de imponer elevados impuestos a las exportaciones, augura un panorama económico crítico que podría traducirse en un mayor aumento del desempleo, la pobreza y la desigualdad.

 

En este contexto la administración de Peña Nieto acaba de suscribir el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar con representantes de sectores sindicales y empresariales cercanos al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que busca contrarrestar los efectos de la crisis que se avecina y calmar las protestas y brotes de violencia desatados por el gasolinazo. En su discurso el titular del Ejecutivo reconoció a la clase empresarial sus esfuerzos de seguir invirtiendo en el país y preservar la estabilidad de los precios y el empleo.

 

Ante el duro impacto que implicará para la clase trabajadora y los sectores medios el desmonte de las maquiladoras, la reducción de las exportaciones a Estados Unidos y el alza de los combustibles, parecería natural el llamado a fortalecer la inversión nacional y extranjera en áreas estratégicas que puedan abatir el desempleo y los riesgos de caer en una recesión económica.

 

En esta dirección, la apuesta gubernamental por desarrollar intensivamente las energías renovables podría ser una de las claves para sortear los embates del actual contexto económico, dado su pujante crecimiento, el interés de los inversionistas y por ser una alternativa sostenible frente a la extrema dependencia de las energías fósiles y sus efectos nocivos para el medio ambiente. Desde 2004 la inversión -tan sólo en proyectos de energía eólica- ha sido de 5100 millones de dólares; cifra similar se contempla para proyectos solares en los próximos cinco años.[1] Ello está en sintonía, además, con los compromisos adoptados por el gobierno mexicano en el Acuerdo de París para combatir el cambio climático, de reducir las emisiones en un 25% para el año 2030 y la actual Ley para la Transición Energética.

 

Sin embargo, detrás de las jugosas cifras y las grandes expectativas que acompañan al nuevo modelo de transición energética aparecen serios escollos para el gobierno y los desarrolladores de los proyectos, que de no corregirse en el corto plazo podrían dar al traste con los beneficios económicos, sociales y ambientales de las ER. Quizás el más importante sea el del respeto y protección a los derechos humanos de la población y las comunidades afectadas proyectos de esta naturales.

 

La experiencia reciente en regiones como Oaxaca, la Sierra Norte de Puebla y la península de Yucatán, confirman que la aprobación e implementación de parques eólicos, minihidroeléctricas y paneles solares, no dista mucho de las malas prácticas de la minería y de las grandes represas. La falta de información, participación y consulta de las comunidades afectadas; la invasión a sus territorios, el poco respeto a su cultura, formas de vida y de desarrollo; la corrupción de los políticos locales; la ruptura del tejido comunitario; así como la descalificación y la criminalización contra defensores indígenas y ambientales, son algunas de las violaciones frecuentes en que incurren los gobiernos y empresas del sector.

 

Un ejemplo representativo es el del Itsmo de Tehuantepec, donde se construyeron más de 20 parques eólicos ignorando a los pueblos zapotecos y huaves que han habitado en esa región por siglos. Ello desató la resistencia de numerosas comunidades y pobladores de la región contra la imposición de las eólicas, quienes por medio de la organización, la protesta social y las vías legales expulsaron de San Dionisio del Mar, a los promotores del proyecto Mareña Renovables, el corredor eólico más grande de América Latina en su momento.

 

A pesar de ello, el proyecto logró sobrevivir y mutó a Eólica del Sur para instalarse esta vez con “mejores” prácticas en el municipio de Juchitán de Zaragoza. La Secretaría de Energía (SENER) en esta oportunidad, hizo uso por primera vez de la facultad de consultar a los pueblos indígenas, amparada en el nuevo marco de la Reforma Energética. Sin embargo, el proyecto fue autorizado antes de concluir la consulta por la propia SENER, la empresa ya había comprado los terrenos para las torres eólicas con mucha antelación y se habían concretado acuerdos con las autoridades municipales y grupos políticos locales de gran influencia. 

 

En pocas palabras se trató de una burla para diversos sectores de esa comunidad zapoteca, quienes impugnaron la consulta y el proyecto a través de un amparo promovido por más de mil representantes del pueblo binniza. El juez que conoció inicialmente el proyecto, determinó suspenderlo, lo que trajo consigo enormes pérdidas para los inversionistas y el retiro de alguno de los más importantes, como el fondo de pensiones holandés PPGM.

 

En uno de los momentos de la consulta, James Anaya Ex Relator de Pueblos Indígenas y observador del proceso refiriéndose a Eólica del Sur señaló: “el personal ve a la población indígena con inferioridad, a sus tradiciones y prácticas culturales como retrógradas y al entendimiento de un derecho de propiedad comunal sobre la tierra y el viento sin cabida en el mundo moderno que ellos prometen… no me sorprende que algunos sectores del pueblo Zapoteco vean a la industria eólica y sus molinos de viento como “Nuevos Conquistadores”.

 

Con el testimonio de Anaya, podemos afirmar que si el gobierno mexicano y el sector empresarial no se comprometen seriamente con los derechos humanos y la situación de los pueblos indígenas, será muy difícil que los proyectos de energía renovable puedan convertirse en una alternativa real para el escenario económico adverso que enfrenta el país; mucho menos podrán cumplirse los compromisos adquiridos en materia de cambio climático. Urge rectificar para el bien de México y de sus pueblos.

 

Por: Edmundo del Pozo, investigador en @FundarMexico

 

[1] Según datos de asociaciones mexicanas de energía eólica y solar http://www.amdee.org/viento-en-numeros / http://www.asolmex.org/pdf/Comunicado-Iniciativa-solar-vf.pdf