Opinión

¿El fin del sexenio?

Por José Luis de la Cruz Gallegos.

  • 07/09/2016
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Para el presidente Enrique Peña Nieto la renuncia de Luis Videgaray representa más que un cambio en la titularidad de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Durante los primeros cuatro años de la actual administración, Videgaray se ocupó de implementar una estrategia delineada desde que se confirmó el triunfo electoral de Peña Nieto en el 2012. Las reformas estructurales fueron parte de la columna vertebral de la misma y la conformación del denominado como Pacto por México el mecanismo de operación que aglutinó a las fuerzas políticas que eran necesarias para sacar adelante la agenda del poder ejecutivo. En todo ello Videgaray jugó un rol central.

 

El poder que ejerció sobrepasó el ámbito delimitado a las funciones de las finanzas públicas, en la práctica asumió tareas que en principio estaban vinculadas con otras áreas de la administración pública. Con su salida, esas redes de poder deberán volver a donde corresponden; sin embargo, habrá que observar quién y cómo llena esos espacios. Y si lo puede, o pueden, hacer con la eficacia que México requiere en uno de los momentos más delicados de los últimos 20 años.

 

Para el titular del poder ejecutivo la salida de Videgaray representa uno de los mayores desafíos de su gestión, era su hombre de confianza, en quien depositó un poder político que pocos secretarios de estado han detentado en la historia moderna de México. También representa un contratiempo operativo, y habrá que observar cuantas estrategias de política pública sobreviven a este cambio.

 

Normalmente, y lamentablemente, los cambios de gobierno en México representan la sepultura de muchos programas de gobierno implementados por la administración previa. Dicha conducta ha impedido construir un marco institucional que blinde a la política económica y a las políticas públicas del cambio sexenal.

 

Hoy se abre la posibilidad de que las Zonas Económicas Especiales, el Comité Nacional de Productividad, la implementación de la Ley para el Incremento Sostenido de la Productividad y Competitividad de la Economía Nacional y el Consejo Consultivo Empresarial para el Crecimiento Económico de México, por citar algunos ejemplos, no puedan terminar ni siquiera el ciclo sexenal. Puede ocurrir que se trunquen o no operen con la lógica económica y política con las que fueron concebidos. La razón es que su funcionamiento se supeditó a la coordinación del titular de la SHCP y que ello implicó que los titulares de otras dependencias se alinearán a las directrices emanadas de la primera. Para lograrlo contó con el apoyo político abierto del presidente. El cambio anunciado podría representar el fin de esto.

 

Si bien es posible argumentar que los resultados económicos no avalan una gestión exitosa por parte de Luis Videgaray, sobre en todo en términos de crecimiento económico, y control de la deuda pública, también es necesario mencionar que los mismos no tampoco difieren mucho de lo contabilizado durante otros sexenios. El crecimiento de 2% registrado en los cuatro primeros años de gobierno es inferior al de los contabilizados durante el mismo periodo de tiempo de las gestiones de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, pero superior al logrado por Vicente Fox y Felipe Calderón. El endeudamiento representa uno de los problemas crónicos más graves que México ha enfrentado desde los años setenta del siglo pasado y que comenzó a resurgir durante la crisis del 2009. Un error de la actual administración fue no dedicar sus esfuerzos a mejorar la eficacia de la administración pública y limitar las necesidades de endeudamiento de todo el gobierno. Hoy se paga la factura de ello.

 

La consecuencia de un ejercicio extraordinario de poder es la renuncia anticipada del anterior titular de la SHCP, abordar temas de política exterior como el acercamiento a China y la invitación a Donald Trump tuvieron ecos en Estados Unidos, una nación que considera a México en su zona de influencia geopolítica.

 

Convencer a las agencias calificadoras de que nuestro país conservará los fundamentos de la denominada como estabilidad macroeconómica y que limitará su emisión de deuda serán parte de la tarea de José Antonio Meade, nuevo titular de la SHCP. Por su experiencia en a función pública y en la propia oficina de la hacienda pública, cuenta con un voto de confianza de empresarios y políticos de oposición, es alguien reconocido por su capacidad técnica y negociadora, sin embargo habrá que observar si tiene la misma convicción que su antecesor por algunos programas que tienen una perspectiva de política económica diferente a la ortodoxia prevaleciente en los últimos 30 años.

 

De inicio llega con un proyecto de presupuesto ya elaborado, que además es netamente restrictivo, algo que frenará a la economía. En el mejor de los casos sus esfuerzos pueden mantener un crecimiento con estabilidad macroeconómica de entre 2 y 2.5%. Pero el riesgo de que sea menor es grande, particularmente porque la industria pierde fuerza y Estados Unidos no crece. Tendrá poco tiempo para aplicar políticas alternativas salvo que considere que la arquitectura diseñada por su antecesor es pertinente para México.

 

Por otro lado se tiene a la falla en las apuestas de comercio exterior. El gran esfuerzo por negociar el TPP podría no ver la luz. En Estados Unidos ambos candidatos se oponen al mismo y la probabilidad de que se apruebe en los últimos meses del 2016 es remota. El argumento de que México tenía que entrar al TPP porque Estados Unidos lo hacía se diluyen. Tener un acuerdo con Vietnam, Malasia o Brunéi, por tener una referencia, no es vital para el país. Sería preferible esperar a que se tenga mayor claridad.

 

 El presidente Peña Nieto apostó mucho en un solo hombre, con su renuncia se terminó un ciclo sin los resultados esperados. Un mal punto de inicio para los dos últimos años del sexenio.

 

 

@OpinionLSR

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