Opinión

El fin del año…

Habrá campañas, habrá un actividad electoral y los partidos políticos, las diversas franquicias, intentarán llevar agua a su molino y acumular votantes.

  • 27/12/2014
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En estas fechas, todos los medios se dan a la tarea de hacer el recuento de las actividades del año, tanto para ver si atendieron a los puntos importantes como para recordar las acciones pendientes que pueden dar una visión de lo que nos espera para el próximo. El resumen personal es un asunto un poco más complicado pues intervienen sentimientos no siempre confesados. Muchas veces tienen que ver con proyectos que con mucha voluntad se intentan emprender a lo largo del año y al final sólo quedaron en simples intenciones… y se vuelve a tomar el punto para señalar que “ahora sí, este año es el mío”.

 

La magia del año nuevo

 

Es cosa de ver a los miles y miles que se proponen hacer ejercicio, comer menos, ponerse a dieta, dejar de tomar, ir al doctor, terminar la carrera, la tesis, conseguirse un nuevo trabajo o emprender por fin el anhelado proyecto de negocio “que estoy seguro todos esperan con ansiedad”. Son fechas en que pareciera que todo lo demás no tiene importancia y sólo ansiamos en que llegue el nuevo año para ser otros, los que no pudimos ser hasta ahora. Las explicaciones de que estemos en esa dinámica seguro que podrán darla los psicólogos sociales; sin embargo, lo importante en este comentario es tratar de averiguar por qué el gobierno de la República supone lo mismo que cualquier individuo y apuesta al olvido, a que a partir del primero de enero el país será otro porque ya para entonces se olvidaron los agravios hechos evidentes en éste. El cambio del calendario supone para ellos un acto de magia donde lo que fue de este año es pasado y el pasado no puede remediarse.

 

La casa blanca, la casa de Videgaray, los cansancios de Murillo Karam, las arengas (hechos de manipulación aspirada) como de épocas estudiantiles de Osorio Chong, la insensibilidad de Peña Nieto, la irresponsabilidad del Congreso, de los senadores y diputados, la falta de prudencia de nuestros políticos y empresarios que declaran cualquier cosa, son ejemplos de cosas que (quisieran) deberían quedar atrás; sin embargo, la persistencia, el empeño de los padres de los desaparecidos, de los jóvenes, de los yaquis, de las comunidades que no miden el tiempo por el año sino por cuánto tiempo hace que protestan y no les resuelven (otra medida del tiempo, con una fecha de inicio real, no mítica) nos muestran que un simple cambio del calendario no resolverá lo que no seamos capaces de lograr nosotros, no importa el tiempo que lleve.

 

La realidad

 

El año que inicia, sin embargo, tampoco puede obviarse. Habrá campañas, habrá un actividad electoral y los partidos políticos, las diversas franquicias, intentarán llevar agua a su molino y acumular votantes para tener una presencia más amplia que les permita negociar de mejor manera cómo ejercer el poder y, no hay indicios de otra cosa, repartirse los beneficios. El año que está por empezar, entonces, es importante pues entre las preguntas que deberían de estar en el centro de la discusión, además de la exigencia de que “vivos los llevaron, vivos los queremos” (que no es algo ajeno a la política sino el centro de la misma, hoy), es si vale la pena participar en los comicios.

 

¿Debemos convalidar con nuestro voto a la permanencia de un régimen que está claro no puede, no quiere cambiar? ¿Hay de manera seria una propuesta de transformación de las bases estructurales del país? ¿El actual régimen, presidido por el PRI tiene oportunidad de transformar? ¿El PAN, el PRD o MORENA? ¿Qué sucedería si el voto real no llega a más de veinte por ciento del electorado? ¿Alguien podrá legislar con ese porcentaje? ¿Alguno de los partidos ha hecho algo distinto para cambiar las cosas? Los que están hoy no. ¿Vale la pena votar? ¿Votar por alguien que prefiere cerrar los ojos? Son muchas las preguntas y arriesgo una respuesta: ¡que se vayan todos!

 

De pilón…

 

“No hagas cosas buenas que parezcan malas”, dice el refrán. Hace unos meses fue demolida la agencia del ministerio público número 8, en la esquina de las avenidas Cuauhtémoc y Obrero Mundial. La cuadra fue amurallada y empezaron los trabajos de excavación y construcción de grandes y profundas columnas, sin que los vecinos de la zona supieran de qué se trataba. Hubo protestas y el gobierno intervino; en primera instancia clausuró y después avaló la desincorporación y la construcción de una oficina del ministerio público, en una esquina, como parte del acuerdo con la empresa privada para construir un estacionamiento y algunos otros locales, como extensión del centro comercial aledaño.

 

Hasta ahí una operación “normal”; lo interesante es que los primeros locales construidos ya fueron ocupados por una empresa de cafetería que ha sido señalada como propiedad de la familia del jefe de gobierno. ¿Beneficios personales, también en la ciudad? ¿Qué diferencia existe? En fin, les deseo un año lleno de salud, de vida y por supuesto con la voluntad de que las cosas sean distintas. De todos y de cada uno depende.

 

Facbook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)

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