Opinión

¿El fin de los informes presidenciales?

Por: José Antonio Sosa Plata.

  • 01/09/2016
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El presidente Enrique Peña Nieto (@EPN) dará su #CuartoInforme esta noche. El hecho no tendría nada de extraordinario de no ser porque cambió el formato, la estructura del mensaje y las características de la transmisión.

 

Se trata de un importante punto de inflexión.

 

Por un lado, porque le han quitado al evento varios elementos simbólicos de mayor peso que —de una u otra manera— se habían asociado con la imagen presidencial. Por el otro, porque se abrirán espacios sin precedente en las #RedesSociales.

 

Todo indica que es el fin del "Día del Presidente".

 

La ceremonia protocolaria, en la que el jefe del Ejecutivo era tratado como Rey y a la que nos acostumbraron por décadas, perdió su eficacia. También el ritual conocido como "besamanos", en el que personajes de primer nivel y "el pueblo" en general saludaban y agradecían a la máxima autoridad del país sus hazañas y logros en beneficio del país.

 

El desgaste inició hace más de dos décadas.

 

La pluralidad en el Congreso y la alternancia provocaron diversos conflictos entre los poderes de la Unión. Con el arribo de los principios de transparencia y rendición de cuentas —aún en proceso de construcción— perdieron sentido el culto simbólico y el control casi absoluto de las noticias que transmitían los medios tradicionales.

 

El avance tecnológico también influyó en el cambio.

 

Las #RedesSociales y el modelo de horizontalidad comunicacional en que están sustentados ampliaron como nunca los parámetros de la libertad de expresión y el ejercicio del derecho a la información. El monólogo ya no se justifica. Mucho menos la verticalidad o el autoritarismo.

 

El nuevo formato del informe es una buena señal.

 

Sin embargo, aunque habrá diálogo con las y los jóvenes, no dejará de ser un evento controlado. Se espera que al Presidente le hagan preguntas sobre los temas más delicados o difíciles en torno a lo que ha sucedido en el año, pero lo más probable es que no haya #debate, ni crítica constructiva, ni análisis compartido que permita hacer una valoración más objetiva del estado en el que se encuentra la nación.

 

Por lo tanto, poco aportará para fortalecer la confianza.

 

Si se tomó la decisión de hacer un ajuste de fondo, debió haberse considerado la posibilidad de ir un poco más lejos. Oportunidades de frenar y revertir la tendencia negativa de los índices de popularidad y aprobación del Presidente son pocas.

 

Sin duda, ésta era una de ellas y se desaprovechó.

 

Al Informe lo respalda una fuerte campaña de publicidad. La #Estrategia de #ComunicaciónPolítca que lo respalda es legítima, necesaria y plenamente justificada. El giro que dieron los spotsle otorgan un papel central a ciudadanas y ciudadanos que han sido parte activa de los logros más destacados de las reformas y programas gubernamentales.

 

El eslogan y las historias que la identifican son interesantes.

 

"Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho", dice el Presidente… Si bien es cierto que por razones de mercado, y de los intereses particulares de algunos medios las buenas noticias no son noticia, también lo es que los líderes políticos pueden ganar más si aprenden a conducirse en escenarios de conflicto, de debate abierto o de adversidad.

 

La confianza se gana cuando tratan de ser objetivos.

 

En la comunicación moderna, los extremos retóricos ya no convienen. La gente no cree que todo sea malo, pero tampoco acepta que todo sea bueno. La realidad cotidiana pesa demasiado. En el marco del #CuartoInforme han sucedido varias cosas que provocan desconfianza o irritación.

 

Destaca el nuevo aumento a los precios de luz y gasolina.

 

También la fragilidad del peso frente al dólar, la persistencia de la inseguridad, los escasos resultados que obtuvimos en las Olimpiadas e incluso la sorpresiva visita de Donald Trump a México en respuesta a la invitación que le hizo el Presidente.

 

Hoy veremos un nuevo estilo de informar.

 

Pero es previsible que el resultado no contribuya a recuperar la confianza. Al menos en los términos que requiere la Presidencia de la República ante los bajos niveles de aprobación que registran el primer mandatario y el gobierno que encabeza.

 

Lo recomendable es explorar nuevas fórmulas.

 

Como sucede en otros países democráticos, se tendría que evaluar la posibilidad de un diálogo abierto y directo del Presidente con el Congreso, con reglas que permitan el libre intercambio de ideas y la posibilidad de mostrar a la sociedad una visión equilibrada de lo que sucede en el país.

 

La decisión es viable y factible, ¿o no?                                                                      

 

Preguntas y comentarios a sosaplata@live.com

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