Opinión

El feminicidio no es un "problema" de los feminismos

Es una emergencia nacional

  • 19/09/2017
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"El espejo está roto, pero ¿qué reflejan los trozos?"

Ingmar Bergman, "De la vida de las marionetas"

Ese miedo de salir a la calle. Ese miedo. Esa desconfianza que es indispensable que nos habite. Mirar hacia todos lados en la calle. Protegerse de la agresión. Abrir los periódicos y leer un nombre junto a esas palabras terribles: “Desaparecida”“Se busca”. Esas frases cada día: “La última vez que se le vio caminaba por la calle Lerdo”“Vestía pantalón de mezclilla y blusa blanca”“Tiene diez años”“Tomó un pesero”“Tomó un taxi”“Salía de su casa”“Salía de la escuela”“No se supo más de ella”“El cuerpo de una mujer fue hallado en un tinaco con huellas de violación y tortura”“Devuélvanme a mi hija”“El feminicidio 83 en lo que va del año en Puebla”“El cuerpo fue hallado destazado en el interior de una carnicería”“Ella tuvo la culpa”“Pobre muchacho tan genial que arruinó su vida asesinando a una joven que no lo comprendía”“Eso le pasa por puta”“¿Cómo se le ocurrió al padre de la niña subirla a un pesero?” “300 estudiantes de secundaria despiden a su compañera asesinada“Si se hubiera quedado en su casa estaría viva”“Dos menores violadas y asesinadas en su hogar en Tabasco”.

¿Qué parte es la que no entendemos? Sigamos negando. Sigamos perdiendo el tiempo. Como si los asesinatos de niñas, adolescentes y mujeres sucedieran en otro planeta, en un territorio ajeno con el que no tenemos nada que ver. “Sucede en las familias de las/os otras/os”. Los fallados, los raros, los que se levantaron esa mañana con el pie izquierdo y no saben cómo llevar sus vidas. “No tiene nada que ver conmigo. Ni con ninguna de las mujeres a las que amo y me importan en la vida”. “Exageran”. Se llama negación y es una forma de reprimir la realidad de lo insoportable. Solo que jamás la realidad se ha transformado negándola. Qué desesperación. Qué tristeza. Pareciera que esa realidad devastadora que está ahí cada día y que para constatarla, basta con abrir un periódico, fuera un invento de los feminismos catastrofistas y sus delirios constantes. “Odian a los hombres”.

Vamos a negar. Vamos a encubrir la realidad a como dé lugar porque sería terrible aceptar lo que estamos viviendo. Vamos a concentrarnos en cómo iba vestida la víctima. Lancemos juicios. Compitamos en sabidurías de lo que es “correcto” o no hacer, para evitar ser asesinada. Vamos a pelearnos con las mensajeras: “esas feministas” y así no escuchamos los contenidos de sus demandas, sus luchas, sus reivindicaciones. “Ni una más”. “Nos queremos vivas”¿Acaso no son las nuestras? ¿Las de todas/os? Así no escuchamos una realidad que se nos estalla en la cara. ¿Quiénes son “las feministas?” Porque pareciera que entre el feminicidio y la sociedad que lo niega y lo padece hasta extremos alarmantes, están atravesadas esas “locas” excesivas, que además, nunca hacen bien “su chamba”.

No hablemos de feminicidio (parecieran decirse. Y sí, es demasiado aterrador), hablemos de “las feministas”. “¿Por qué marcharon ante este feminicidio y no ante el anterior? ¿A ver? ¿Por qué? ¡Clasistas!” Como si las marchas no representaran una vastedad de reflexiones, corrientes y orígenes que de hecho, significa un esfuerzo nada menor reunir cuando se trata de nuestras causas fundamentales. ¡No convocamos a las marchas adecuadas!  ¿Alguna vez quienes hablan han asistido a una marcha? ¿La han mirado desde una banqueta? Y lo que una no se explica: ¿por qué quienes escriben no convocaron a esa marcha que les parecía indispensable y a la que nos sumaríamos las/los demás? Feministas o no. ¿Por qué se colocan en el lugar del “público” que observa lo que hacen los feminismos como si el feminicidio fuera el “problema” de quienes lo nombran y no de todas/os? ¿Por qué lo que está en cuestión son las reglas de las marchas contra el feminicidioy no los asesinatos de siete niñas, adolescentes y mujeres cada día? Neguemos. Perdamos el tiempo. Mientras lo perdemos, el número de niñas, adolescentes y mujeres asesinadas va en aumento.

Los feminismos separatistas son corrientes históricas de los feminismos en todo el mundo. Es el inalienable derecho de las compañeras marchar a como ellas elijen hacerlo. Las reglas de estas marchas son y han sido muy claras: se trata de hacer escuchar las voces de las mujeres, de darles cuerpo y existencia a las demandas sociales que nos parecen urgentes. Y también de garantizar medidas de seguridad. Las contingentas en la descubierta y las que vienen inmediatamente detrás son sólo de mujeres. Después marchamos los feminismos que elegimos los contingentes mixtos. No tiene nada de extraordinario que los compañeros se sumen, ni que las/os periodistas cubran la marcha. Sería el colmo que no lo hicieran. Es el colmo que no seamos millones de personas (hombres y mujeres) en cada marcha. Es el colmo que exista esa realidad que nos lleva a marchar.

No se puede hablar de los hombres que marchan a nuestro lado como si se internaran en zona minada corriendo terribles peligros. No es la primera marcha en la que se le solicita a quien no conocía las reglas, no que “se salga de la marcha”, sino que se mantenga al margen de las contingentas separatistas. Me detengo en este punto, dada la avalancha de comentarios al respecto. Otra manera de perder el tiempo. Leo un comentario: “Yo no fui porque no podía marchar junto a mi esposo”, (dice una mujer que seguro nunca ha visto pasar una marcha, siempre llena de compañeros). Y suponiendo que no fuera así: ¿Por qué no convoca a una marcha en la que sí participaría? ¿El feminicidio no le atañe? ¿Por qué no hay más denuncias? ¿Por qué no hay pancartas de “Ni una menos” en todas las esquinas? ¿De veras el “pleito” es con “las feministas” y no contra la impunidad? Sin feminismos no existirían las Alertas de Género. Por ejemplo. ¿Qué tal si en lugar de andar tan concentradas/os en una escena en la marcha invertimos nuestras energías en solicitar que se acepte en Puebla y en cada Estado de la República la Alerta de Género?

Aceptemos lo que nos sucede

¿Qué tal si aceptamos lo que nos está sucediendo? ¿Qué tal si nos hacemos cada una/o responsable de esta sociedad que hemos construido (o destruido) y nos ocupamos en propuestas urgentes y no en juicios sumarios? ¿Qué tal si participamos cada una/o en la toma de conciencia de lo que sí nos está sucediendo? ¿Qué tal si les exigimos a las autoridades que cada feminicidio sea investigado y castigado? El asesino de Mara (en el video tomado por la cámara del hotel), mira hacia la cámara y hace un gesto con la mano. Se sabe tomado por esa cámara. ¿No es esa imagen infinitamente más terrible que una compañera separatista marcando su territorio? Aprecio mucho a Jenaro Villamil y va a seguir marchando con nosotras/os, porque no marcha “por nosotras”, sino por él mismo. Nos lo volveremos a encontrar en las marchas por la defensa de los derechos de las niñas, adolescentes y mujeres, como nos lo hemos encontrado en tantas marchas en defensa de los derechos humanos. En el contexto que vivimos diría: Punto. ¿En qué sentido? No permitamos que ese video y el nombre de Jenaro Villamil sean utilizados para encubrir lo urgente. Como sucedió en la marcha anterior y en la anterior con videos muy semejantes.

El asesino, (no todos los hombres de este mundo, sino el asesino), hace un gesto de burla hacia la cámara. Salía del hotel. Ya había asesinado a Mara. Ya el cuerpo de Mara estaba en algún lugar del carro envuelto en una sábana. Vivimos en una sociedad en la que la naturalización de la violencia (su negación), la impunidad cotidiana, han desatado las pulsiones de muerte hasta niveles inimaginables. ¿Por qué la asesinó? Podríamos entrar en análisis (que sin duda son también indispensables, para aprehender y prevenir) de toneladas de páginas acerca de los mecanismos inconscientes, o no tanto, de un feminicida. Tenemos también que hacerlo y lo hacemos. Pero hoy, con mucho dolor, con una desesperación y una tristeza enormes solo puedo responderme: la asesinó porque pudo.

La asesinó porque la misoginia crece y nos negamos a mirarla a los ojos. La asesinó porque los crímenes de odio existen y la ley no se cumple. La asesinó porque las autoridades no actúan a tiempo. Porque la vida vale cada vez menos. Porque en una sociedad de personas cosificadas, las más cosificadas siempre serán las niñas, las adolescentes, las mujeres. El feminicidio no es un “problema” de los feminismos. Es una emergencia nacional que nos violenta a todas/os. Hagámonos responsables cada una/o. Qué bueno será ese día en el que las feministas seamos sólo una parte de las inmensas marchas en toda la República, reivindicando el derecho de las niñas, adolescentes y mujeres a la seguridad, a la vida. Que bueno será que exijamos justicia desde todas las posturas y desde todos los frentes. Apenas puede creerse que tenga que ser de otra manera. Más luminoso será ese día en que ya nadie tenga que marchar nombrando mujeres asesinadas. Por favor, dejemos de “pelearnos” por el tema de al lado. Ya no podemos perder el tiempo. ¿Qué reflejan los trozos? El feminicida de Mara la destruyó, porque pudo.

@Marteresapriego | @OpinionLSR | @lasillarota