Opinión

El Estado laico y la justicia poética

“Ojos que da pánico soñar”: José Joaquín Blanco.

  • 30/06/2015
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El derecho al matrimonio para las personas del mismo sexo, ese es el tema de este texto, pero no puedo evitar un rodeo para detenerme en un dato telúrico: dos genios de la pintura, homosexuales ambos -¿acaso el azar existe?-  Leonardo Da Vinci y Michelangelo Buonarroti habitan –en una visita histórica- las salas del Palacio de Bellas Artes. Las salas de exhibición de uno de los más emblemáticos museos del país, ese mismo país –y en las mismas fechas- en el cual la Suprema Corte de Justicia de la Nación recién emitió la también histórica Tesis de Jurisprudencia que declara discriminatoria e inconstitucional la definición de matrimonio como: “La unión entre un hombre y una mujer con fines reproductivos”.  

               

La marcha del orgullo homosexual tomó las calles y la explanada de Bellas Artes, su interior ya estaba tomado por una fiesta de belleza infinita. L’orgoglio omosessuale, que le llaman. La comunidad LGBT en México celebra con Leonardo y Michelangelo, así se las gastan. Celebran lo que los dos genios renacentistas no pudieron vivir a puerta abierta: Da Vinci -como Wilde siglos después- fue arrastrado hacia un juicio siniestro por su orientación sexual, denunciado por un ciudadano anónimo.  (1475) “Sodomía”, exclamaban los jueces, una no sabe si horrorizados o anhelantes. ¿La persecución y los excesos no terminan siendo – tantas veces- una confesión de parte?

               

¿Quizá el Ministro  (SCJN) José Ramón Cossío conspiró para que la exposición, la Tesis de Jurisprudencia de la Suprema Corte, y la marcha coincidieran? ¿Y que coincidiera –además- con la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos, unos días después? Es tan brillante y combativo el Ministro, que no lo descarto. Pero si la anterior hipótesis no correspondiera a la realidad-real, nos queda aprehender esta “coincidencia” desde realidades alternativas. Lo que Carl Jung llamó “sincronicidad” y definió como: “Las coincidencias significantes”. Hechos que suceden sin aparente relación causal, pero que se hallan relacionadas de manera íntima en sus significados.  En resumen: ¡Viva la justicia poética!

 

 

Michelangelo. Capilla Sixtina. Vaticano. 

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió cinco fallos como respuesta a los amparos solicitados por personas del mismo sexo a quienes se les negó su derecho al matrimonio. Las respuestas similares que emitió la Suprema Corte ante los cinco amparos, llevaron a la elaboración de la histórica Tesis de Jurisprudencia.     

 

                                                SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN.

                                               MÉXICO. TESIS DE JURISPRUDENCIA 43/2015.

 

“Matrimonio. La ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad de aquél es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”. La tesis fue aprobada por la Primera Sala de la SCJN, el 3 de junio de 2015, y publicada en el Semanario Judicial del 19 de junio de este año. “Dicha jurisprudencia se deriva de la sentencia de cinco juicios de amparo resueltos en el mismo sentido sobre el matrimonio homosexual”.

 

Y lean las reflexiones de los Ministros (acá abajito), se lo ruego, porque  honran –con todo- la laicidad del Estado, en medio de una campaña de acoso detonada por la jerarquía católica. ¿Está en su derecho de oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo? Por supuesto. Y también de expresarlo, sólo que “expresarse” merece un mínimo de apego a la realidad. Los mensajes tramposos y distorsionados que han circulado en las redes sociales dan la impresión, no de que el matrimonio homosexual es ya legal en México, sino que la Suprema Corte está a punto de prohibir que los heterosexuales se casen entre ellos.

 

LA VOZ DE LA  SUPREMA CORTE

 

“Considerar que la finalidad del matrimonio es la procreación constituye una medida no idónea para cumplir con la única finalidad constitucional a la que puede obedecer la medida: la protección de la familia como realidad social. Pretender vincular los requisitos del matrimonio a las preferencias sexuales de quienes pueden acceder a la institución matrimonial con la procreación es discriminatorio, pues excluye injustificadamente del acceso al matrimonio a las parejas homosexuales que están situadas en condiciones similares a las parejas heterosexuales…”.

 

“Las preferencias sexuales no constituyen un aspecto relevante para hacer la distinción en relación con el fin constitucionalmente imperioso. Como la finalidad del matrimonio no es la procreación, no tiene razón justificada que la unión matrimonial sea heterosexual, ni que se enuncie como ‘entre un solo hombre y una sola mujer’. Dicha enunciación resulta discriminatoria en su mera expresión. Al respecto cabe recordar que está prohibida cualquier norma discriminatoria basada en la orientación sexual de la persona”.

 

La Suprema Corte legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el territorio de los Estados Unidos. En México, la celebración (por ellas/os, por todas/os), recorrió las redes sociales: Arco iris de colores, imágenes de Obama caminando por la Casa Blanca con la bandera del Movimiento LGBT, los monumentos más célebres pintados de colores. Por alguna misteriosa razón, en cambio, la redefinición de “matrimonio” de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México, en respuesta a la misma demanda de igualdad y a los amparos que provocaron la “Tesis de Jurisprudencia”, pasó casi en silencio. Quizá ha faltado difusión.  Prudencia ante el acoso de la jerarquía católica. Prudencia ante la homofobia y sus crímenes de odio.

 

Leonardo Da Vinci, acusado de “sodomía”.   

 

Podríamos decir que la magnitud del logro no es la misma: En todos los Estados Unidos bastará hacer los trámites que toda pareja está obligada a llevar a cabo para acceder al derecho al matrimonio, de inmediato. En México, salvo en el Distrito Federal, Coahuila y Quintana Roo, las parejas del mismo sexo que deseen contraer matrimonio corren el riesgo de enfrentar las arbitrariedades de los jueces y verse obligados a recurrir a  amparos similares a los que llamaron los fallos –anteriores- de la Suprema Corte.

               

¿Ofensivo, costoso en términos económicos y emocionales, y fastidioso? Sin duda alguna, pero tarde o temprano los jueces estarán obligados a casarlos.  Seguramente, muy pronto, la Suprema Corte se verá invadida por demandas de amparo de parejas homosexuales a quienes se les negó su derecho al matrimonio. Romper el cerco que intentarán construir los jueces conservadores incapaces de diferenciar entre los argumentos religiosos y los derechos de las personas en un Estado laico, se convierte en una forma necesaria de activismo.  Complicado, pero sin marcha atrás. A como ha sucedido hasta ahora con cada reconocimiento, con cada logro, con cada avance de la comunidad LGBT.

                 

Cantidad de personas de la comunidad LGBT (como cantidad de heterosexuales) están en contra del matrimonio en general, lo consideran una institución “conservadora y burguesa”, a la que más bien habría que abolir. O, una repetición de patrones que les son ajenos en la búsqueda de una identidad más libertaria y muy distinta. Sin embargo, en un país en donde la jerarquía católica ha realizado toda una guerra sucia contra los derechos de la comunidad LGBT, la redefinición del matrimonio no es sólo un derecho al que –por fin– acceden quienes así lo deseen: es un acto simbólico que estalla esa definición única del amor sexual posible: la heterosexualidad.  Esa definición única de la familia posible: “Un hombre una mujer y sus hijas/os”.

                 

“El matrimonio homosexual en México se convierte en legal y obliga a todos los juzgadores a seguir este criterio en todos los amparos que se interpongan en cualquier entidad federativa del país, aun cuando en su Código Civil no esté legalizado este tipo de matrimonios”.

 

               

Michelangelo. Capilla Sixtina. Vaticano.

 

Tantísimo por cambiar para poder decir que en este país “la justicia sí existe”, pero en este momento, ante este logro –inmenso- de la comunidad LGBT, festejemos. Y para quienes puedan y quieran: Festejemos en Bellas Artes la belleza y “las coincidencias significantes”.

 

La justicia poética.

 

@Marteresapriego