Opinión

El enemigo en casa

Podría incidir, sociedad y gobierno, en disminuir un fenómeno que alcanza ya grandes magnitudes. | Octavio Díaz García de León

  • 05/03/2020
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La idea: Casos recientes de feminicidios han sacudido a la sociedad mexicana. Si bien una parte de la responsabilidad para evitar los feminicidios la tienen las autoridades, podemos observar que, en la mayoría de ellos, el enemigo de las mujeres está en casa. Es importante que como sociedad estemos alertas ante casos de violencia familiar y que haya los conductos para alertar a las autoridades.

Hubo al menos tres feminicidios que tuvieron gran cobertura en medios de comunicación, que rebasan nuestra capacidad de asombro: un esposo que desuella a su mujer; una mujer que secuestra a una niña para que su pareja la torture, abuse sexualmente de ella y la mate; un padre que abusa sexualmente de su hija menor de un año y la asesina.

Estos sucesos nos hacen ver que los criminales son personas absolutamente enfermas que merecían estar confinados a un manicomio o a la cárcel con anterioridad a sus crímenes.

La sociedad ha respondido con una enorme indignación. Se ha convocado a una manifestación el 8 de marzo y un paro general de mujeres al día siguiente porque estos casos emblemáticos se han convertido en gotas que derraman un vaso de hartazgo generalizado.

El Estado tiene la obligación de investigar y castigar a los culpables de estos crímenes con todo el rigor de la Ley. Desafortunadamente, lo que impera es la impunidad casi absoluta en la mayoría de los feminicidios.

Tampoco es que sea algo nuevo. Desde las “muertas de Juárez” que causaron horror en todo el mundo y las cuales iniciaron en 1993, hasta los 10 feminicidios que ocurren en promedio cada día en nuestro país actualmente.

Existe un enorme pendiente por parte de las autoridades, no sólo para castigar a los feminicidas, sino para castigar todo tipo de violencia infligida hacia las mujeres.

Urge que se tomen medidas de carácter preventivo mediante mayor vigilancia en las calles, despliegue de cámaras y bocinas de alarma y otras medidas para protegerlas en la vía pública.

Pero no todo está en manos de las autoridades. Es muy importante que la sociedad tome conciencia del problema y adopte medidas para proteger a las mujeres. Especialmente contra aquella violencia más invisible: la que ocurre al interior de los hogares.

La violencia más insidiosa es la que se da en ambientes en que se supone deberían ser seguros y las mujeres estar protegidas. Esa violencia que se da adentro de los hogares por parte de padres, hermanos, parejas, parientes y amigos. Violencia en donde incluso, algunas mujeres se prestan a ser cómplices, ayudando o tolerando a los acosadores.

Así que la primera línea de defensa tiene que darse  en los hogares. Con ayuda de autoridades y organizaciones de la sociedad civil, se podrían realizar algunas acciones de carácter preventivo tales como:

1. Aplicar exámenes psicológicos obligatorios de manera selectiva a aquellos hombres que se sospeche tengan comportamientos psicópatas o sociópatas. Al identificarlos, hacer obligatoria la separación de estos de las personas a quienes agreden, sin quitarle sus obligaciones hacia sus parejas, madres, esposas e hijos.

2. Propiciar que haya vecinos alertas y vigilantes capaces de identificar y denunciar abusos contra mujeres al percatarse de ellos.

3. Capacitar a los maestros en las escuelas para identificar casos de posible violencia intrafamiliar, en especial contra niñas, para apoyarlas y denunciar ante las autoridades.

4. Capacitar y concientizar a las mujeres para que no toleren las agresiones, que tengan los medios para denunciarla y proporcionarles lugares a donde puedan acudir para ser protegidas.

5. Crear grupos de terapia de autoayuda, del tipo de Alcohólicos Anónimos, tanto para los agresores quienes a veces no pueden dominar sus impulsos y no saben qué los lleva a actuar así, como para las mujeres que no saben cómo manejar estas situaciones de victimización.

6. Establecer en los lugares de trabajo comités de defensa de las mujeres tanto contra el acoso sexual como el acoso laboral.

7. Modificar las leyes para evitar la impunidad que a veces generan las leyes garantistas, las cuales suelen favorecer al acusado, e identificar y tipificar con claridad aquellos actos de violencia contra mujeres en las mismas.

Si por un lado las autoridades brindan protección en las calles, investigan y castigan eficazmente los delitos contra las mujeres y por otra parte se refuerzan las redes familiares, vecinales y de barrio para estar alertas y denunciar la violencia intrafamiliar, se podría incidir, sociedad y gobierno, en disminuir un fenómeno que alcanza ya grandes magnitudes y  llena de indignación por casos que van contra la dignidad humana y están más allá de toda comprensión.

Ojalá que la muerte de todas estas mujeres y niñas no sea en vano y que la protesta del próximo 8 de marzo y el paro del día siguiente, sea el inicio de la transformación de la sociedad hacia un ambiente que erradique la violencia contra las mujeres, empezando por la que se da en casa.