Opinión

El encantador Christopher Landau

Por ahora Landau tiene a muchos maravillados con su descubrimiento de México. | Jorge Ramos Pérez

  • 14/10/2019
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El embajador Christopher Landau ha logrado encantar en redes sociales a Tirios y troyanos. Sus fotos “chopeando” chocolate y pan de muerto, sus recorridos en museos o en trajinera en Xochimilco han despertado simpatías en muchos en redes sociales.

No cabe duda que el señor embajador de Estados Unidos en México tiene un extraordinario community manager. Sus fotos son para salivar cuando muestra platillos típicos de Tabasco, después de una cena opípara con el gobernador de Morena Adán Augusto López.

La noche del Grito de Independencia fue posible saber qué cenaron en Palacio Nacional los exclusivos invitados del Presidente Andrés Manuel López Obrador gracias al teléfono móvil del encantador embajador Landau.

Hasta aquí todo bien. Su antecesora, Roberta Jacobson, se ganó a muchos marchando junto con miles de personas en el tradicional desfile de la diversidad sexual. Quedó tan prendada de México que compró casa en San Miguel de Allende, Guanajuato.

Qué encanto de embajadores.

Landau es el embajador número 60 en la historia de relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos.

Carlos Pascual, el número 57, no fue el más entrometido en la historia de las relaciones entre ambas naciones. Quizá lo que encrespó al presidente Felipe Calderón fue la balconeada a través de Wikileaks de los comentarios de Pascual en torno a las reyertas entre su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, y militares (Marina y Sedena) en el combate al narco, así como una serie de consideraciones sobre México, que pasaban por su percepción de lo “gris” de los precandidatos presidenciales del PAN, el partido de Calderón. Al final de cuentas tuvo razón y Calderón reabrió las puertas de Los Pinos al PRI, a quienes había sacado el otro ¿panista? Vicente Fox.

“Los embajadores quieren levantar sus propias agendas ante sus jefes; le han hecho mucho daño a la relación”, declaró Calderón a Roberto Rock en una entrevista con El Universal el 22 de febrero de 2011. Y estalló el escándalo que el presidente no ocultaba en privado. Pascual se fue.

En alguna ocasión el historiador Lorenzo Meyer, autor de libros como México frente a Estados Unidos, al lado de Josefina Zoraida Vázquez, dijo que su hipótesis es que los embajadores “se vuelven problemáticos porque México está desestabilizado. Cuando México está estable y la política segura de sí misma, sea por la vía de una dictadura como la de Porfirio Díaz o en la Revolución, no hay esos problemas”.

En julio de 1998, a propósito de la llegada de Jeffrey Davidow como embajador a México, Meyer explicó que algunas veces no ha habido representante de Estados Unidos, como ocurrió cuando llegó Porfirio Díaz al poder, lo cual “fue realmente muy agresivo y Porfirio tuvo que hacer maravillas para tenerlos contentos, reconstruir las relaciones y que enviaran un embajador”.

"Si alguna vez se me ocurriera involucrarme en la política mexicana -lo que no tenía intención de hacer nunca-, mi primer acto no consistiría en apoyar a un candidato del PRD en un pequeño poblado zacatecano", escribió Jeffrey Davidow (1998-2002) en El oso y el puercoespín, sus memorias como embajador de Estados Unidos en México.

Pero Davidow estuvo entre mariachis en un acto de campaña del Rey del Tomate, un curioso político mexicano y migrante, en un pequeño poblado zacatecano.

"No comprendí o no presté suficiente atención a los miembros de mi equipo cuando me dijeron que este señor, además de migrante exitoso, era también candidato a presidente municipal", justificó en sus memorias.

El propio Davidow cuenta cómo el gobierno de Ernesto Zedillo intentó tender una trampa a Estados Unidos para implicar en el narcotráfico a Ricardo Monreal, quien renunció al PRI al no ser postulado como candidato a gobernador y se refugió en el PRD. Hoy Monreal es coordinador de los senadores de Morena.

“Sospechaba que la información y la oferta (del gobierno de Zedillo) de colaborar contra Monreal tenían motivos políticos. Ella (Janet Reno, procuradora de Estados Unidos) estuvo de acuerdo. No hicimos nada. Monreal ganó. El gobierno no volvió a tocar el tema”, relata Davidow en su libro.

El encantador embajador Landau por ahora tiene a muchos maravillados con su descubrimiento de México, a donde en su juventud vino de vacaciones.

Pero más allá de sus redes sociales, en donde muchas veces es otro yo el que se expresa, aún falta por ver qué papel jugará el abogado que puede hablar al oído del Presidente Donald Trump y que, ha quedado demostrado, no es precisamente un dulce con México, los mexicanos y los migrantes.

Punto y aparte. ¿Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, dejará la gubernatura de Nuevo León? Ese es el deseo de muchos. Habrá que estar pendientes.

Punto final. Manuel Espino Barrientos gritaba colérico y le manoteaba a Felipe Calderón en los baños de un hotel. Minutos antes la plaza de Ciudad Juárez lucía pobre de gente y el entonces candidato presidencial panista reventó contra quién era el presidente del PAN. Nunca se tragaron. El episodio lo atestiguó una periodista y en su relato anticipó el cisma en el equipo de campaña calderonista. Hoy Espino huele a leña del hogar morenista. Hace unos días el consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, recibió a las diputadas federales por Durango Martha Olivia García Vidaña, María de Lourdes Montes Hernández, Maribel Aguilera Chairez y Hilda Patricia Ortega Nájera, así como la senadora Margarita Valdez Martínez. No lo quieren en Morena. Quizá en Palacio Nacional tengan otros datos y les sea más útil alguien que conoce bien a Calderón. Pero sobre todo que lo odia.

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