Opinión

El “efecto Francisco”. Un vistazo tras bambalinas

Es claro que el mundo necesita liderazgo, sin embargo, ¿es el papado lo que este mundo o nuestra región necesitan? | Jorge Iván Garduño

  • 27/01/2018
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Fue una de las semanas más agitadas en la historia de Chile y el Perú, ya que en pocas ocasiones un visitante extranjero ha logrado atraer tales multitudes. Millones de personas realizaron esfuerzos casi heroicos por lograr una fugaz mirada al hombre que está cautivando por igual los corazones de católicos y no católicos.

En las imágenes, la mera presencia física del Papa Francisco parecía capaz de hipnotizar a inmensas multitudes. En ocasiones bastó el más leve gesto de sus manos, o una palabra dirigida a una persona de su público, o bien, bajar de su vehículo y ayudar a alguna persona aparentemente enferma o lesionada por la jornada papal, para arrancar tempestuosos aplausos de la concurrencia.

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Sus actividades, de lo que fue su sexta visita a América Latina, estuvieron repletas de actos y acontecimientos que los medios de comunicación cubrieron puntualmente. La atención que la prensa de Chile y Perú dedicó a la visita del papa fue extrema.

Vacío de liderazgo


El punto central en las visitas papales a lo largo de la historia ha sido el vacío de liderazgo que padecen las naciones, y América Latina no es la excepción, ya que la corrupción en los gobiernos es un tema importante de la política regional, que alcanza directamente a presidentes, primeros ministros y a instituciones de primer orden. El respeto que en el pasado inspiraban los gobernantes ha menguado debido a los escándalos de corrupción y mal gobierno, por lo que ese vacío está siendo ocupado en forma sutil por el líder de la Iglesia Católica.

El papa Francisco, tras cuatro años de pontificado, sabe que el catolicismo ha ido a la baja, en gran parte por los escándalos de agresión sexual (pederastia) que sus feligreses han denunciado en contra de sacerdotes, entre otras causas. Está consciente que su iglesia requiere a un líder carismático, por lo que está tratando de convertir deliberadamente al papado en un oficio personal, como lo hiciera perfectamente Juan Pablo II, en aras de una estrategia bien adaptada a un anhelo mundial de liderazgo.

Y es que, para muestra, basta observar cómo millones de personas lo recibieron profundamente tanto en Chile como en Perú, conmovidas por el magnetismo personal de Francisco; este papa argentino está surgiendo como un líder moral de un Occidente que tiene hambre de héroes, de liderazgo, lo que coloca al Vaticano en una posición de adalid del mundo, “una cautivadora y modesta superestrella del catolicismo”.

Fuerza espiritual y política


Con cada viaje papal, va quedando constancia que la figura de Francisco surge no solo como una fuerza espiritual, sino también política en el mundo, así dejaron constancia los cientos de periodistas locales y extranjeros al mostrar a la opinión pública a un líder católico que se erige por encima de todas las razas y naciones con la capacidad de hablar con “una gran autoridad moral”, ya que “todos los otros dioses” políticos y económicos han fracasado, y el papa mantiene un discurso dentro de ese generalizado sentimiento de pena en el mundo occidental, con relación al legado espiritual que se ha perdido.

Muestra de ello fue el mensaje final que dio previo a su regreso a Europa, mostrándose muy pesimista sobre la política latinoamericana, por lo que pidió a sus obispos que “hagan lo que puedan” para recuperar el valor de la honestidad, ya que la política de América Latina está muy enferma, “más enferma que sana”, externó.

Sin embargo, esta visita ha sido la más accidentada de Jorge Mario Bergoglio, al comprobar que durante la semana que ha pasado en Chile y Perú, el 'efecto Francisco' no funciona con todos los católicos, ni con todos los latinoamericanos, ya que su sexta estancia en la región ha destapado los enconos de la Iglesia Católica local: necesitada de esperanza, volcada con los pueblos amazónicos e indígenas, enfadada por la plaga de los abusos sexuales a menores cometidos por religiosos y escandalizada por los numerosos casos de corrupción cometidos por los políticos y altos funcionarios.

Asimismo, durante la Audiencia General que Francisco celebró el pasado 24 de enero en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, y recordando su reciente viaje a Chile y Perú, ante miles de católicos expresó que alentó “el camino de la democracia chilena con el método de la escucha”, especialmente hacia los pobres, los jóvenes, los ancianos, los inmigrantes y la protección de la tierra.

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Es claro que el mundo necesita liderazgo, y la figura del papado siempre ha estado dispuesta a guiar a la humanidad. Sin embargo, ¿es el papado lo que este mundo o nuestra región necesitan?

Tiempo al tiempo.

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Esta semana en DIORAMA, aquí mis recomendaciones literarias:

Terciopelo violento (Tusquets Editores) de Juvenal Acosta. Una historia que transporta sutil y perturbadoramente a un universo sensual donde el sexo se convierte en la manera de acceder a lugares desconocidos de nosotros mismos. Con poesía y brutalidad, Juvenal Acosta cuenta la historia de un seductor: Julián Cáceres. Tras encontrar su auto abandonado en el puente Golden Gate de San Francisco, se sospecha que el donjuán ha muerto. Sus amantes intentarán investigar qué le sucedió y qué papel juega en su desaparición la enigmática Condesa, una mujer entre vampiresa y femme fatale.

La tigresa y el acróbata” (Seix Barral) de Susanna Tamaro. Este libro narra la vida de una tigresa siberiana desde su nacimiento, pasando por la temprana pérdida de su madre en la taiga hasta una amistad fortuita con un chamán que la enseña a regirse por la sabiduría del corazón.

Una historia alegórica sobre un alma libre y el largo viaje que a veces debemos emprender para encontrar de nuevo el camino de regreso a casa.


El escándalo de Volkswagen” (Paidós Empresa) de Jack Ewing. A mediados de 2015, Volkswagen alcanzó su gran objetivo: superar a Toyota como el mayor fabricante de automóviles del mundo. Unos meses después, la Agencia de Protección Ambiental estadounidense desveló que la compañía alemana había instalado, en once millones de coches, un software que burlaba los mecanismos de pruebas de emisiones. A principios de 2017, Volkswagen acordó con las entidades reguladoras de Estados Unidos y con los propietarios de los vehículos una indemnización millonaria.

Pero la historia se remonta a 2009, cuando los ingenieros de la empresa alemana se dieron cuenta de que el motor diésel que habían desarrollado con un alto coste para competir con los japoneses, no respetaba la promesa de cumplir con los estándares de emisiones. Por tanto, tenían dos opciones: confesar el fracaso o cometer un delito. Y así es como se fraguó el engaño entre los directivos de la compañía que vieron evaporarse los objetivos de ventas que se habían fijado y con ellos también sus primas.

La historia del fraude de Volkswagen tiene muchas lecturas, pero es, en última instancia, una lección de cómo la presión empresarial del siglo XXI para alcanzar los objetivos corporativos a cualquier precio puede conducirnos por una senda tenebrosa de consecuencias catastróficas.


Las virtudes del fracaso” (Ariel) de Charles Pépin. El fracaso está mal visto. Lo percibimos como una debilidad, un error. Pero este luminoso libro nos demuestra que el éxito rara vez llega sin ir acompañado de decepciones y frustraciones. Steve Jobs, J. K. Rowling o Thomas Edison vivieron incontables fracasos antes de conseguir su objetivo.

Revisando estos y otros ejemplos, y a la luz de las enseñanzas de Marco Aurelio, San Pablo, Nietzsche, Freud o Sartre; Charles Pépin nos invita a entender que no hay que evitar el fracaso, porque cada adversidad nos hace más lúcidos y combativos. Y que, además, a veces hay felices y curiosos accidentes detrás de muchos “errores”: la tarta Tatin, el Viagra, las máquinas Nespresso o el Velcro son buenos ejemplos de ello.

Un pequeño tratado de sabiduría que nos muestra el camino hacia el auténtico éxito. Porque el error es la manera humana de aprender, y hay que reivindicarlo.


Los migrantes del sur” (Lince Ediciones) de Alejandro Solalinde/Ana Luz Minera. Cada año, decenas de miles de hombres y mujeres centroamericanos (guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, principalmente), abandonan sus países y entran en México, casi siempre con la esperanza de cruzar hasta los Estados Unidos para encontrar un empleo. En su camino por tierras mexicanas enfrentan innumerables vejaciones, y solo unas cuantas organizaciones no gubernamentales los protegen y defienden sus derechos. Entre esas organizaciones, ninguna es más reconocida y loable que la liderada por el sacerdote católico Alejandro Solalinde, coautor de este libro y uno de los defensores de los derechos de los migrantes de mayor prestigio nacional e internacional. Además de los albergues de Solalinde en el sur de México, destaca la iniciativa de ayuda de “las patronas”, que expone la problemática de la diáspora centroamericana en toda su crudeza, pero también muestra cómo siempre hay espacio para la solidaridad y la esperanza.

Más allá de su importancia como retrato y análisis de la lacerante realidad de los migrantes centroamericanos, Los migrantes del sur tiene el inmenso valor de ofrecer el testimonio del padre Solalinde. Asistido por la antropóloga Ana Luz Minera Castillo, Solalinde, que además de sacerdote es licenciado en historia y maestro en psicología, cuenta los inicios, los objetivos y el alcance de su labor humanitaria, tan relevante y reconocida que recientemente distintas organizaciones lo han nominado para el Premio Nobel de la Paz.